La Consejería de Educación sumerge a los escolares de 53 centros de Cádiz en su legado cultural gracias a “Vivir y sentir el patrimonio”

El delegado territorial destaca que el número de institutos y colegios que participan en este proyecto transversal crece este curso casi un 12%

Miguel Andréu
Miguel Andréu

El delegado territorial Educación y Deporte en Cádiz, Miguel Andréu, ha valorado positivamente el aumento de centros escolares que forman parte del programa de la Consejería “Vivir y sentir el patrimonio”. El delegado ha destacado “la importancia de transmitir el amor por la historia y el arte desde la infancia”. En este sentido, ha incidido en que el estudio del legado patrimonial debe ser un contenido transversal en los centros educativos. Al hilo, ha comunicado que los colegios, institutos y otros centros educativos gaditanos participantes en el programa de la Consejería de Educación y Deporte «Vivir y Sentir el Patrimonio» han aumentado este curso de 47 a 53.

“El nombre de Vivir y Sentir el Patrimonio une el inseparable binomio entre el legado histórico y las personas que lo conocen, lo viven y lo sienten como suyo”, ha indicado Andréu. Así, ha explicado que se trata de un programa que está dirigido a alumnado de todas las etapas educativas, desde Educación Infantil hasta Escuela de Arte, y que nace con la finalidad esencial de favorecer “el disfrute, conocimiento y comprensión de los valores históricos, artísticos, etnográficos, científicos y técnicos de los bienes culturales”. Por este motivo, la iniciativa busca “que el alumnado sienta suyo el Patrimonio, que desde ya escuela se le ofrezca la posibilidad de asumir su identidad, en los diferentes niveles en que se configura, para que puedan explicarse qué somos, cómo somos, por qué hemos llegado a ser así y cómo nos relacionamos con los demás”, ha detallado el delegado. 

Metodología activa

El Programa proporciona los instrumentos para realizar programaciones e implementaciones conjuntamente, que al mismo tiempo tengan en cuenta la realidad de los medios de comunicación y la propia familia como contextos donde el Patrimonio se crea, se protege, se transmite o se pone en valor. 

Por otro, ofrece recursos y herramientas claras, sencillas y útiles para que el profesorado se sienta capaz de poder aplicarlas. El fin de la educación patrimonial es conectar el Patrimonio depositaria. Esa conexión sólo es posible si se consigue con la sociedad, que es su generadora, propietaria y despertar la inquietud por conocer el Patrimonio en la comunidad educativa. “Para ello se ha de poner en marcha una metodología activa y participativa”, ha concluido el delegado.

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