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La Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado en Cádiz centra su edición de 2026 en los menores

Redacción 27 septiembre, 2026 4 minutos de lectura

La Catedral acogió la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado en Cádiz, presidida por Ramón Valdivia y seguida de una convivencia intercultural en el Centro Tartessos

La Catedral de Cádiz acogió este domingo 27 de septiembre la celebración diocesana de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado en Cádiz, dedicada en su edición de 2026 a la protección de los niños y adolescentes que abandonan sus países de origen. La eucaristía estuvo presidida por el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Ramón Valdivia, y reunió a migrantes residentes en la diócesis, agentes pastorales y voluntarios.

La jornada se desarrolló bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», tomado del Evangelio de Mateo, y planteó la necesidad de prestar una atención específica a los menores migrantes y refugiados. El mensaje de esta edición incidió en su vulnerabilidad por la edad y por las circunstancias en las que se producen muchos desplazamientos, así como en la necesidad de garantizar su cuidado y protección.

Durante la homilía, Valdivia calificó a estos menores como personas «pequeñas» y «frágiles» que pueden sufrir manipulación y desprotección. El administrador apostólico recurrió a la dependencia que tienen los niños durante sus primeros años de vida para argumentar que los cuidados constituyen una necesidad básica.

«Todos necesitamos unos cuidados que son absolutamente primordiales y básicos», afirmó. Sus palabras situaron la atención a la infancia migrante como uno de los asuntos centrales de una celebración que también llamó a abordar la migración desde la situación individual de cada persona y no únicamente mediante cifras o debates políticos.

Valdivia recordó que la Iglesia celebra esta jornada desde hace más de un siglo y señaló que la de 2026 corresponde a su edición número 112. En su intervención vinculó la experiencia migratoria con la idea cristiana de peregrinación y utilizó la figura de Jesucristo como referencia religiosa de salida, encuentro y acogida.

El administrador apostólico defendió una comunidad que supere las fronteras nacionales y apeló a la fe compartida entre personas de procedencias diferentes. «No somos portadores de un pasaporte, sino de un corazón grande; no de una frontera que trata de limitar ideas políticas, sino de una misma fe que nos hace reconocernos unos y otros pertenecientes a la misma familia», manifestó durante la homilía.

La celebración contó con la participación de integrantes y voluntarios de la Pastoral Diocesana de Migraciones, además de personas migrantes que viven en el territorio de la diócesis. Parte de los asistentes portó durante el acto las banderas de sus respectivos países de origen.

Los cantos y bailes tradicionales africanos interpretados por las Hermanas del Rebaño de María formaron parte de la eucaristía. Estas actuaciones reflejaron la variedad de nacionalidades presente entre los fieles, religiosos, religiosas y sacerdotes de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, una diversidad a la que también hizo referencia Valdivia en su intervención.

«La gran fuerza de esta Iglesia es que todos somos peregrinos, que todos somos migrantes, que todos tenemos que caminar», señaló. El responsable diocesano animó a los participantes a reconocer las aportaciones de las personas que se incorporan a la comunidad desde otros países y culturas.

Después de la ceremonia en la Catedral, las actividades se trasladaron al Centro Tartessos de Cádiz, donde se celebró una convivencia intercultural. Los participantes compartieron un almuerzo elaborado con platos típicos de distintas procedencias, al que siguieron actuaciones musicales, bailes tradicionales y actividades lúdicas y deportivas.

En la organización y el desarrollo de este segundo encuentro participaron voluntarios del Secretariado Diocesano de Migraciones, la Fundación Centro Tierra de Todos y la Asociación Cardijn. También colaboraron personas migrantes vinculadas a las actividades de la diócesis.

La convivencia permitió reunir a participantes de diferentes países fuera del ámbito litúrgico y completar el programa dedicado a la realidad migratoria. Tanto la ceremonia de la Catedral como las actividades del Centro Tartessos mantuvieron como eje la atención a los menores migrantes y refugiados y su necesidad de protección y acompañamiento.