‘La marea’ denuncia la turistificación desde las azoteas con un pase solvente y voz propia
La comparsa gaditana reivindicó el derecho a vivir en Cádiz frente a la presión turística y presentó letras sobre identidad, vivienda y desarraigo con notable solidez interpretativa
La comparsa gaditana ‘La marea’, dirigida por Yolanda Álvarez Utrera y con autoría de Eder Rey Prada y Juan Enrique Lozano Benítez en letra y de José Antonio Rodríguez Cruzado y Alejandro Villegas Jiménez en música, debutó en preliminares del COAC 2026 con un pase centrado en la turistificación, la vivienda y la identidad local. La agrupación llega como continuidad parcial del proyecto ‘La chulita’ de 2025, manteniendo nueve componentes y reformulando su propuesta desde una nueva dirección.
La presentación situó el concepto de forma directa: el grupo se ubicó en una azotea desde la cual observa la llegada de la “marea” turística que desborda la ciudad. La idea combinó símbolos como maletas, carteles de alquiler y paisajes urbanos desde las alturas, dotando al tipo de una lectura clara y sin necesidad de sobreexplicación. La voz femenina, con afinación estable y buena proyección, imprimió carácter a un arranque que optó más por la estética y el tono narrativo que por el golpe brusco.
El primer pasodoble abordó el debate sobre la identidad y el género dentro de la modalidad. La letra relató dudas, inseguridades y comentarios externos sobre la participación femenina en comparsa, rematando con la afirmación de que no existen categorías diferenciadas y que todas las agrupaciones compiten en una sola modalidad. La música, con un deje cercano al ritmo chirigotero pero sin perder el aire dramático propio de la comparsa, resultó amable, bien construida y con un trío de agradable escucha. El teatro entendió la letra como reivindicación interna del Concurso y respondió con respeto.
El segundo pasodoble elevó la carga política y social. Desde la misma azotea simbólica, la comparsa denunció la dificultad para acceder a una vivienda en Cádiz, señalando la presión especulativa vinculada al alquiler turístico y al encarecimiento del casco histórico. El texto señaló la pérdida del derecho a vivir en la ciudad frente a quienes pueden permitirse ocuparla solo durante fines de semana o vacaciones. La letra recurrió a escenas reconocibles para jóvenes gaditanos, como la búsqueda de piso o la ausencia de ofertas asequibles, y destacó la paradoja entre la belleza urbana y la expulsión de quienes la habitan. El pasodoble fue recibido con asentimiento y un aplauso sostenido.
La tanda de cuplés cambió de registro hacia el humor. El primero giró en torno al uso del Satisfyer y los efectos colaterales de su funcionamiento en altura, con referencias al tipo y al entorno. El segundo recurrió al Papa Francisco y al Vaticano, enlazando con la reciente sucesión papal y rematando con un comentario sobre los monaguillos. Ambos compartieron un estribillo en el que la comparsa declaraba su negativa a abandonar Cádiz pese a las dificultades: “Te llevo tan dentro Cádiz que me niego a vivir sin ti”. Sin alcanzar grandes cuotas humorísticas, los cuplés cumplieron y no descompensaron el repertorio.
El popurrí retomó el hilo conceptual y fue el tramo más extenso del pase. La comparsa desarrolló un recorrido emocional por la ciudad desde la azotea, combinando escenas de pasado y presente: el tránsito de la caleta como abrigo a la caleta como postal, el tránsito de las azoteas tradicionales a las azoteas ocupadas por toallas de apartamentos turísticos, las maletas rodando por las calles y la desaparición progresiva de vecinos. El paisaje urbano se acompañó de elementos simbólicos como macetas, balcones, puentes y vientos marineros, mientras el grupo articulaba una defensa del Cádiz vivido frente al Cádiz consumido. El cierre incorporó una cuarteta dedicada a la luna en clave poética y una despedida que reclamó memoria y resistencia.
En el plano interpretativo, ‘La marea’ ofreció un pase sólido. El empaste vocal fue estable, la dirección escénica funcionó y la afinación se mantuvo sin sobresaltos. La puesta en escena resultó coherente con el concepto, con cuidado cromático y elementos reconocibles del imaginario gaditano sin caer en el costumbrismo. El público acogió la propuesta con calidez y sin rupturas, apreciando la solvencia del grupo y su identidad gaditana.
La comparsa abandonó el escenario con un aplauso largo y una sensación de continuidad respecto a la trayectoria previa del proyecto, asentándose en un discurso urbano que conecta con preocupaciones reales de la ciudad.


















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