‘La moda de Cádiz’ regresa al Falla con una crítica áspera al carnaval y a la ciudad
La comparsa La moda de Cádiz en el COAC 2026 firmó un regreso valiente pero irregular, con letras duras sobre hipocresía carnavalera y expulsión del vecino del centro, en un pase largo y deshilachado que dejó división de sensaciones
La comparsa gaditana ‘La moda de Cádiz’, con letra, música y dirección de José Antonio Barrios, cerró la noche de preliminares con un regreso inesperado tras su última aparición en 2018 con ‘Vientos’. Lo hizo con un tipo de costureros que “visten” la ciudad y sostienen una tesis central tan atractiva como pesimista: Cádiz está de moda, pero las modas son pasajeras y acaban dañando a la ciudad que explotan.
La presentación dejó claro el enfoque del repertorio. Sobre un escenario con bolsas de basura apiladas en un rincón de La Viña y tonos grises, la comparsa abrió fuego contra el propio carnaval, contra la calle y contra el gaditano contemporáneo. La palabra fue dura y explícita. Barrios planteó la crítica desde la entraña, sin amortiguadores retóricos: ni la fiesta, ni los modismos, ni los carnavaleros salieron indemnes. Burgal lo describió como “despropósito desde el inicio”, una presentación bronca y desaforada. Aguilera la leyó como una mirada valiente hacia la hipocresía gaditana. En ambos casos, quedó claro que el discurso no buscaba caer simpático.
En lo musical, el grupo tuvo problemas visibles. La afinación fue irregular y la conjunción vocal no apareció. El pasodoble presentó una melodía de recorrido difícil, con estructura poco clara y una caída que en varias partes se hizo casi imposible de seguir. También faltó empaque: el color oscuro del tipo, la hora tardía y la escasa presencia escénica no ayudaron a sostener el pase.
El primer pasodoble profundizó en la idea matriz: Cádiz critica a todo el mundo, pero exonera al amigo y al conocido; perdona al carnavalero “malo” por la etiqueta y normaliza comportamientos impropios porque “Cádiz perdona, pero solo si no viene”. La letra cargó contra farsantes, cobardes, abusos en la cantera y hipocresía de redes. La crítica fue frontal, casi amarga, sin metáfora ni cuidado literario para suavizar el golpe. El remate —“¿qué denuncia hay en el carnaval?”— volvió la mirada hacia adentro: la fiesta como producto estético que evita enfrentarse a sí misma.
El segundo pasodoble fue la mejor pieza del repertorio. Barrios narró un desahucio desde la puerta de casa: tres policías, papeles “al revés” y la expulsión del vecino para que un fondo convierta la vivienda en alojamiento turístico “con piscina infinita”. El cierre —“para que un guiri se duerma en mi cama”— sintetizó el conflicto entre presión turística, vivienda y abandono del centro histórico. La letra conectó con un problema real del casco urbano y aportó mirada política sin estridencia. Aquí la crítica encontró justificación, foco y un dolor reconocible.
La tanda de cuplés no acompañó. El primero, sobre indigencia y picaresca, se quedó en chiste antiguo y mal resuelto. El segundo, sobre hamburguesas y Paco Pellejo en la ‘Champions Burger’, buscó guiño localista con redes pero no funcionó en remate. Ambos quedaron cortos, fuera de tono y sin risa. El estribillo, con la alfombra roja para el turista y la salida del gaditano, estuvo mejor escrito que cantado, pero terminó siendo repetido sin aportación.
El popurrí cerró la propuesta con el mismo tono crítico y amargo: desfile de modelos por la ciudad vacía, Cádiz como producto para cruceristas y turistas, y un final que mezcla amor y reproche: “Cádiz, cuánto lo siento por hacerte moda”. El discurso fue coherente, pero muy largo y sin clímax. La estructura escénica tampoco ayudó a sostener la atención. Aguilera lo calificó como repertorio “calmado y casi narcótico”, y Burgal lamentó la falta de vuelo musical y de interpretación.
La comparsa La moda de Cádiz en el COAC 2026 dejó la sensación de regreso áspero, valiente en contenido pero fallido en forma. El mensaje quiso morder más de lo que la música fue capaz de sostener. El carnaval admite la crítica y la autocrítica, pero en concurso el repertorio necesita equilibrio, literatura y oficio. Sin eso, el discurso se vuelve deshilachado y el público desconecta. La propuesta no pasó desapercibida, pero tampoco logró convencer. El Falla despidió a Barrios sin estruendo: ni hostilidad ni entusiasmo, solo división y cansancio. En preliminares, a veces, eso dice mucho.

















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