La tronera

Carlos FabianoRegreso a escribir para el público en general. Me resistía que ya no tiene uno edad para disgustos e incomprensiones y me apetece más dedicar mis últimos años en este mundo a contemplar la decadencia inevitable de la izquierda y la descomposición moral de la derecha. O viceversa que tanto vale una cosa para la una como la otra para la otra, decadentes y descompuestas al fin y al cabo. Pero en esto que recibí la visita de dos caballeros de izquierdas, lo sé, que pueden parecer términos antitéticos pero aun queda gente así, de izquierdas y trajeada como en su día los mismos Marx y Engels o incluso ese socialista fabiano de grato recuerdo que fue George Bernard Shaw. Bien, a lo que iba, estos dos caballeros me trajeron recuerdos del antiguo propietario y editor del medio, al que aprovecho para saludar y desmentir en medio público y por escrito  el mito de que él soy yo o que yo soy él. Nada de eso, le agradezco el lugar que daba a mis humildes artículos aunque pagaba poco o nada, pero cada uno en su sitio.

El más joven de los caballeros de izquierdas, que se identificaron como socialistas, me recordó algún retrato  del nunca suficientemente reivindicado Eduard Berstein en sus años juveniles. El otro, de edad más avanzada, se me asemejó a un Paul Lafargue pero calvo. En fin, personas agradables y educadas que me hicieron una tentadora oferta, la de volver a escribir para cadiznoticias.es y animar por elevación el debate político gaditano. Y cuando digo por elevación es mediante ideas de cierto lustre, un léxico algo más rico de lo habitual y una sintaxis ordenada. Nada que ver con la farfulla en que está derivando el discurso político local. Sobre todo el de la izquierda gaditana, que es la que me duele, ya que de la derecha no espero nada, ni siquiera ya un mínimo de educación que hasta en eso han perdido los modos. Los caballeros de izquierdas me ofrecieron este espacio de nuevo y en entera libertad de expresión, como no podía ser menos. Aunque recuerdo que cada vez que se me escapaba la palabra podemos se les torcía un poco el gesto, de una forma casi imperceptible pero que desvelaba no sé si un dolor profundo del alma o, quizás, una herida lacerante y dolorosa.

Así que regreso desde esta Tronera con el encargo de apuntar, disparar y tratar de hacer la mayor escabechina posible entre la clase política local, no merecen menos y tienen mucho pecado que purgar. Todas las semanas me tendrán a su entera disposición para informar, tendenciosamente por supuesto, y comentar desde el escepticismo más militante las andanzas, desvaríos y torpezas de quienes nos representan. Que no se llamen ustedes a engaño, una vez elegidos en las urnas nos representan desde el día de la toma de posesión hasta la última de sus imputaciones. Creo que éstas ya no se llaman así, pero es lo mismos y ya saben a qué me refiero. Y si la clase política española da juego en todas sus versiones incluida la de los estelados del rincón noreste, la gaditana es un auténtico lujo. Un gobierno de dos en el que uno no se hace al sitio y el otro no está claro de cuál es su sitio. Un partido centenario dirigido por un chaval con una carrera a imagen de la señora de Triana. O sea una izquierda que es como la santísima trinidad, tres en uno pero cada uno es también Dios. Si explicar lo de que Dios es uno y trino era complicado, lo de que la izquierda son tres pero que quieren ser uno y lo contrario no hay quien lo entienda. Mejor echar el tiempo en lecturas edificantes.

Cuando estas líneas vean la luz, y esperemos que atraigan su atención de lector inteligente, será primero de mayo. Como el médico me ha prohibido las emociones fuertes desisto de la consabida manifestación sindical de cada año. Tengo pendientes unas lecturas atrasadas de Trosky y he de ponerme al día. Por si me encuentro al Sr. Alcalde, si es que a él no se le han olvidado y las ve ya como pecadillos de juventud. Hasta la semana que viene.

 

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