‘La última cuerda’ propone un alegato musical correcto pero sin vuelo en su pase del COAC 2026
La comparsa de Tarifa presentó en el Gran Teatro Falla ‘La última cuerda’, una propuesta sobre la música y la calle como refugio vital que deja buenas intenciones, pero escasa evolución artística.
La comparsa ‘La última cuerda’, procedente de Tarifa, compareció en el Gran Teatro Falla en la fase de preliminares del COAC 2026 con una propuesta que sitúa a la música como último asidero frente a una realidad hostil. El grupo, con letra y música de Jesús Franco Guerrero y dirección de Savitri Chablani Fernandes, afronta su segunda participación consecutiva en el Concurso tras ‘Las costuras del alma’ en 2025.
El tipo se articula en torno a artistas callejeras, presentadas como “guerrilleras musicales” que encuentran en la guitarra, los versos y la calle una forma de resistencia. Desde la presentación, el repertorio deja claro su eje conceptual: la música como refugio emocional, como altavoz social y como forma de vida frente a un mundo que prohíbe, expulsa y precariza. El planteamiento resulta comprensible desde el primer momento, aunque el arranque carece de impacto escénico y se resuelve de forma correcta pero plana.
El primer pasodoble desarrolla una historia vinculada a la crisis de la vivienda. El relato se construye desde una mirada infantil y doméstica, con una madre obligada a abandonar su casa por la presión del alquiler turístico y la falta de recursos. La letra apunta a la pérdida de identidad de los barrios y a la expulsión de las familias, pero el tono excesivamente dramático diluye la carga crítica. La música acompaña con corrección, adaptada a las posibilidades del grupo, aunque sin generar tensión ni momentos de especial brillo.
El segundo pasodoble centra el discurso en la sanidad pública andaluza. La letra enumera hospitales de referencia tanto de la provincia de Cádiz como de otras zonas de Andalucía y construye una metáfora clara: la sanidad como un enfermo al que se está dejando morir. El enfoque resulta más directo y reconocible que en el primero, aunque la ejecución no termina de sostener la intensidad del mensaje. El texto gana en claridad, pero la forma vuelve a quedarse a medio camino.
Los cuplés constituyen el tramo más débil del repertorio. El primero se adentra en una cirugía abdominal planteada desde el humor grueso, con la idea de “guardarse el móvil y la cartera”, mientras que el segundo se apoya en una rima dedicada a Feijóo. Ninguno de los dos logra conexión con el público ni aporta un contrapunto humorístico eficaz al tono general de la comparsa. El bloque corto pasa sin dejar huella.
El popurrí retoma la idea inicial de la música como compañera de vida. La calle vuelve a aparecer como espacio simbólico, lugar de encuentro y escenario natural del canto. Sin embargo, el desarrollo resulta excesivamente blanco y lineal. La historia no crece, no introduce giros ni nuevos conflictos, y termina diluyéndose en un cierre correcto pero carente de fuerza dramática. El enfrentamiento vocal entre cuerdas resta claridad al tramo final.
En el plano interpretativo, la comparsa muestra entrega y garra, aunque también nerviosismo. La afinación, especialmente grave, dificulta en algunos momentos la comprensión del texto. El canto se percibe intenso, a veces descontrolado, con más voluntad expresiva que precisión técnica. La escena transmite implicación emocional, pero sin dominio suficiente para elevar el conjunto.
La sensación global es la de una propuesta coherente en su planteamiento, pero limitada en su desarrollo. ‘La última cuerda’ tiene un discurso reconocible y una narrativa clara, pero carece de potencia musical, riesgo escénico y evolución interna para destacar dentro de una modalidad exigente. El repertorio cumple, pero no sorprende ni emociona de forma sostenida.
En términos competitivos, el pase se mueve en un terreno discreto. Hay intención social, compromiso y continuidad respecto a trabajos anteriores, pero faltan argumentos sólidos para situarse entre las comparsas destacadas de la sesión. La impresión final es regular, con más mensaje que resultado artístico.















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