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‘La Viña de mis ojos’ ironiza sobre la turistificación del barrio pero no encuentra filo humorístico en el Falla

La chirigota gaditana plantea el tipo del especulador inmobiliario para denunciar la compra de inmuebles en La Viña, con una ejecución correcta y crítica reconocible, pero sin los golpes necesarios para competir en la modalidad

La chirigota ‘La Viña de mis ojos’, procedente de Cádiz capital, compareció con un tipo centrado en la turistificación de la ciudad y, en concreto, del barrio de La Viña. La autoría de la letra corresponde a Pablo Leiva Muñoz, Eloy Manuel Ortiz Cruz y Eder Rey Prada; la música es de Pablo Leiva y la dirección de Jesús Castilla Rufino, que figura además como representante legal. La agrupación enlaza con la trayectoria previa como autores de ‘No es lo mismo contarlo que vivirlo’ (2025), aunque este año con un grupo diferente y plenamente gaditano.

El tipo representa a promotores inmobiliarios que “compran” el barrio, portando maletines, carteles de “se compra” y una caracterización inspirada en el especulador moderno. La presentación activó la premisa principal: «comprar y alquilar», «poner aeropuerto en los bloques» y «llevarse La Palma, la iglesia y el barrio entero», en un código que mezcla ironía, sátira urbana y referencias locales. La tesis se comprendió de forma inmediata, tanto en el teatro como en el contexto mediato de la ciudad, donde la presión inmobiliaria y el acceso a la vivienda han sido tema recurrente desde hace varias temporadas.

El primer pasodoble cumplió función de carta de presentación del personaje: un empresario que se define “humilde” y que llega a Cádiz para “arreglar” pisos y modernizar el barrio. Las alusiones a Franco, a los fenicios y a la figura del empresario del alojamiento reforzaron el retrato satírico del tipo. La construcción literaria apuntó hacia la turistificación como eje crítico, cerrando con la referencia al cuarteto ‘Que no vengan’, aún no visto sobre el escenario en el momento de la actuación.

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En el segundo pasodoble, la agrupación optó por un asunto extralocal: el litigio entre Miguel Ángel Revilla y el rey Juan Carlos I. La letra aprovechó la comparación entre Cantabria y Cádiz y la supuesta paradoja de ver juntos a “Chorizo y a Sevilla”, cerrando con un remate que insinuó crítica a la monarquía. La elección sorprendió por tema, aunque no terminó de generar el impacto humorístico esperable en la modalidad.

Los cuplés alternaron códigos mediáticos y locales. El primero abordó la separación de Andy y Lucas, comparando la situación con otras parejas mediáticas. El segundo introdujo al artista estonio Tommy Cash, conocido por su actuación en Eurovisión, vinculándolo con la memoria carnavalera a través de la referencia a La Rumana. Ambos cuplés resultaron efectivos en comprensión, pero sin provocar un estallido claro en el patio. El estribillo mantuvo el registro crítico del tipo, con la figura del empresario como hilo conductor.

En lo interpretativo, la chirigota mostró solvencia técnica y un grupo ensamblado, con afinación correcta y dicción clara. La puesta en escena fue comprensible, con objetos identificables y uso de cartelería para reforzar el mensaje. La música se colocó al servicio de la letra, sin excesos ornamentales ni experimentación. La actuación avanzó sin tropiezos, aunque sin el grado de desparpajo y frescura que suelen distinguir a las propuestas más competitivas dentro de la modalidad.

El popurrí desarrolló la tesis inicial mediante escenas encadenadas sobre alquiler turístico, pisos de lujo, centros de menores, fiestas de políticos y los mecanismos habituales de la especulación urbanística. La crítica se mantuvo, pero el efecto humorístico se fue diluyendo en favor de la denuncia, y la actuación perdió escalera en su tramo final. El cierre reivindicó explícitamente el derecho a un techo digno y la defensa de la identidad del barrio, concluyendo con el lema «no se vende mi casa, no se vende mi acento».

El público respondió con respeto y atención al discurso, aunque sin convertir la función en un episodio destacable dentro de la chirigota 2026. La agrupación se asentó en la franja de actuaciones correctas, con mensaje comprensible y ejecución ordenada, pero sin los golpes de humor que determinan la competitividad de la modalidad. En el análisis del propio certamen, donde ya han comparecido varias chirigotas con discurso crítico y mayor pegada cómica, la propuesta se ubicó en una zona media sin conflicto dramático ni sorpresa humorística.






















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