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Las Cuevas de María Moco abren en Cádiz para recibir a 2.000 visitantes

Redacción 16 septiembre, 2026 4 minutos de lectura

Las Cuevas de María Moco muestran por primera vez a unos 2.000 gaditanos una galería defensiva del siglo XVIII situada bajo el Instituto Hidrográfico de la Marina, una apertura que ha recibido cerca de 5.000 peticiones.

Las Cuevas de María Moco abren sus puertas en Cádiz para que alrededor de 2.000 personas conozcan una parte del sistema defensivo subterráneo construido durante el siglo XVIII. El recorrido permite visitar unos 200 metros de una galería de fusileros situada bajo las instalaciones del Instituto Hidrográfico de la Marina.

La apertura forma parte de la programación de Cádiz, Emporio del Orbe y ha sido posible mediante la colaboración entre el Ayuntamiento de Cádiz, la Armada y el Instituto Hidrográfico. La iniciativa ha despertado una elevada expectación, con cerca de 5.000 peticiones para participar en las visitas.

El alcalde de Cádiz explicó durante la presentación que la capacidad se ha limitado a 2.000 visitantes por las condiciones del recinto y las exigencias de seguridad. El Ayuntamiento estudiará la experiencia de estas jornadas junto con la Armada para valorar nuevas aperturas en el futuro.

El arqueólogo municipal José María Gener Basallote explicó que las conocidas como Cuevas de María Moco forman parte de las fortificaciones construidas para proteger Cádiz cuando la ciudad desempeñaba un papel central en el comercio durante la segunda mitad del siglo XVIII.

La galería visitable se encuentra en el extremo del frente de tierra más próximo a la Bahía, en una zona que entonces era una playa de fango y podía resultar vulnerable ante un desembarco enemigo. Su función era permitir a los fusileros defender desde el subsuelo la parte baja de la muralla.

Las aspilleras, abiertas a intervalos a lo largo de la galería, permitían disparar hacia el exterior. Su separación respondía tanto a las necesidades defensivas como a la gran cantidad de humo que generaban los fusiles de pólvora utilizados en aquella época.

El sistema incorporaba respiraderos de cerámica en el techo para conducir el humo al exterior. La distribución también permitía que dos soldados se alternaran en cada posición: mientras uno disparaba, otro podía cargar un segundo fusil para mantener la defensa.

La construcción conserva muros de piedra ostionera unidos con mortero de cal y arena, además de bóvedas de ladrillo. La galería completa tiene una longitud estimada de entre 300 y 400 metros, aunque el itinerario preparado para estas visitas comprende aproximadamente 200 metros.

El último tramo todavía debe ser acondicionado para hacerlo accesible y seguro. Esa parte cuenta con dos niveles y dos tramos de escaleras que comunicaban la galería con la superficie y servían como acceso para los militares destinados a la defensa de la muralla.

Los trabajos realizados para la apertura han consistido principalmente en labores de limpieza, desinfección y adecuación del acceso. La intervención ha buscado conservar la configuración original del espacio sin transformar su aspecto histórico.

Las galerías nunca llegaron a utilizarse en combate. Con el paso del tiempo tuvieron otros usos y llegaron a servir para el contrabando y como escondite de objetos robados. Una parte fue utilizada en el siglo XX por la Armada y otra por un guardavía de Renfe, que llegó a emplear uno de sus accesos como gallinero.

El nombre de las Cuevas de María Moco está vinculado a diferentes leyendas populares, pero su origen no está documentado. Los relatos hablan de una mujer enamorada de un militar, una gitana relacionada con la brujería o una contrabandista, mientras que la realidad histórica del recinto corresponde a su función defensiva.

La visita se completa con la exposición «Cádiz, la Armada y la Ciencia», instalada en el archivo del Instituto Hidrográfico. La muestra repasa el papel desempeñado por la Armada durante el siglo XVIII en el desarrollo científico, cultural y militar de Cádiz y su Bahía.

El director del Instituto Hidrográfico de la Marina, el capitán de navío Francisco Díaz Rodríguez, destacó la relación histórica entre la institución naval y la ciudad. La guía cultural Paula Prada explicó que la exposición aborda la etapa en la que Cádiz se convirtió en uno de los principales centros de actividad del Imperio español.