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Las manos de Cádiz trae al Falla un homenaje al taller y a los artesanos del Carnaval

La comparsa del Puerto centra su propuesta en el proceso creativo previo a las tablas con un repertorio de pasodobles reivindicativos y un cierre disperso

La comparsa Las manos de Cádiz, procedente de El Puerto de Santa María y con letra de Raúl Villanueva y música de Carlos Javier Noriega y Javier Cuevas, regresó al Gran Teatro Falla con un tipo de artesanos del Carnaval que trabajan en el taller, espacio previo donde se diseñan tipos, se pintan bocetos y se construye la puesta en escena que luego llega a las tablas. La idea se expuso desde la presentación con claridad conceptual: el taller como territorio donde participan quienes no tienen el don de la palabra pero sí el del oficio, y donde se levantan escenografías, vestuarios, maquillajes y atrezo. La propuesta apuntó a los llamados “invisibles del Carnaval”, un colectivo que la comparsa reivindica como parte nuclear del Concurso.

La ejecución musical mantuvo el sello habitual del grupo, con una comparsa de potencia marcada y volumen sostenido, aunque mejor controlado que en ediciones anteriores. Se notó el aporte de Javier Cuevas en la música del pasodoble, con una estructura clásica, melodía agradecida y respiración natural. La presentación permitió asentar el tono metacarnavalero sin alargar el arranque más de lo necesario.

La tanda de pasodobles mostró dos vías distintas. El primero relató la historia de un niño que soñaba con pisar el Falla y que finalmente lo consigue, presentado como ejemplo de inclusión. La narración se apoyó en la conexión con el Cuarteto Inclusivo, al que consiguieron sacar a escena en un momento que generó complicidad en la sala. El texto estuvo bien armado y evitó subrayados condescendientes, algo infrecuente en este tipo de temáticas, lo que permitió que la lectura se situara más en la dimensión carnavalesca que en la sentimental.

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El segundo pasodoble optó por una vía más directa. La letra puso en boca de una mujer mastectomizada un reproche frontal al presidente de la Junta de Andalucía por el papel del cribado del cáncer de mama y la lista de espera en los tratamientos. El remate pidió al presidente que “abandonase Andalucía” tras compararse las secuelas físicas con la demora del sistema sanitario. El golpe fue contundente, aunque más áspero y menos elaborado que el primero, con un texto que priorizó la denuncia por encima del desarrollo poético.

Los cuplés giraron en torno al simulacro de tsunami en la provincia, primero con la idea de realizarlo en agosto para vaciar playas de turistas, y luego con una controversia humorística sobre la pronunciación de “zambomba”, que resolvieron con un juego fonético. La tanda tuvo oficio pero sin sorprender, en una noche donde la temática del simulacro ya había sido abordada por otras agrupaciones, lo que restó frescura. El estribillo se mantuvo dentro de la lógica interna del tipo, sin romper la estética del taller.

El popurrí fue el tramo donde más se detectó la debilidad estructural de la propuesta. El taller dejó de ser protagonista y la comparsa se desplazó hacia un catálogo temático más amplio: Palestina, arte, mercantilización del Carnaval y valores personales. Estas piezas, tomadas individualmente, mostraron intención y corrección musical, pero el conjunto perdió cohesión y la idea inicial quedó relegada. Entre las cuartetas más celebradas estuvo la dedicada a la mercantilización del Carnaval, donde defendieron que vender el talento fuera de Cádiz no es “prostituir el Carnaval”, señalando a quienes llaman “peseteros” a los grupos que recorren España una vez terminado el Concurso.

En el tramo final, la comparsa regresó al origen con el mensaje de pertenencia y la entrega simbólica de las manos que construyen, cerrando con la frase “volveré a hacer lo que me salga de las manos”. El público acompañó con respeto y el grupo celebró el final en escena junto al equipo técnico del tipo, reforzando la idea central del repertorio.

Las manos de Cádiz confirma la voluntad del Puerto de mantenerse en la modalidad con sello propio. El grupo suena, tiene identidad y ofrece un repertorio que combina reivindicación social y enfoque metacarnavalero. El resultado muestra un paso adelante respecto a 2025 en términos musicales, aunque todavía irregular en estructura. Resta comprobar si el taller abre portón en una modalidad muy competida.






















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