Los Cadisapiens defienden su identidad clásica en los cuartos del COAC 2026 con un repertorio más ideológico que humorístico
La chirigota de Manolín Santander cierra la sesión de cuartos del COAC 2026 en el Gran Teatro Falla con una propuesta de gaditanismo prehistórico que sostiene su fuerza en los pasodobles, aunque acusa la falta de golpes contundentes en el tramo humorístico
La chirigota gaditana ‘Los Cadisapiens (La involución)’ regresó al escenario del Gran Teatro Falla para afrontar su pase de cuartos de final del COAC 2026 en una actuación marcada por el contexto. El grupo, con letra de Juan Pérez Casado, José Manuel Sánchez Reyes y Manuel Santander Grosso, y música de Juan Pérez Casado y el propio Santander, asumió el cierre de la sesión en un teatro visiblemente cansado, un factor que condicionó la recepción de un repertorio más sostenido por el mensaje y la identidad que por el impacto inmediato de sus gags.
El tipo presenta a una tribu de trogloditas gaditanos, habitantes de una “edad de piedra ostionera”, que cambian la canoa por el autobús urbano y mantienen un lenguaje, unas costumbres y una mirada sobre la ciudad profundamente reconocibles. No se trata de un concepto especialmente llamativo en lo visual, pero sí coherente con el gaditanismo clásico que la chirigota de la Viña viene defendiendo desde hace años. La idea se mantiene con constancia durante toda la actuación, sin grandes giros ni rupturas.
La presentación utiliza actualizaciones metacarnavaleras para intentar activar al público, con referencias a la meteorología y guiños a otras agrupaciones del concurso. El arranque conserva el soniquete característico del grupo y deja clara la intención de reivindicar una Cádiz que, según la chirigota, no evoluciona porque no quiere o porque no sabe. El efecto es reconocible y fiel al estilo, aunque no logra romper del todo el ambiente frío que arrastra la sesión.
El bloque de pasodobles se sitúa como lo más sólido del repertorio. El primero adopta un tono de confrontación ideológica directa, criticando discursos de la derecha relacionados con salarios, inmigración, sanidad o la privatización de servicios básicos. La copla no busca ambigüedades ni medias tintas y se declara abiertamente de izquierdas, cerrando con un remate claro de distanciamiento moral respecto al destinatario del mensaje. Es una letra frontal, bien sostenida musicalmente y defendida con convicción por el grupo.
El segundo pasodoble eleva el nivel conceptual al reflexionar sobre la forma en que Cádiz se vende hoy en redes sociales y contraponer ese fenómeno a la labor histórica de los autores de Carnaval como verdaderos difusores de la ciudad. La copla reivindica a figuras como Paco Alba, Antonio Martín, Pedro Romero o Fletilla como quienes dieron a conocer rincones y formas de sentir Cádiz mucho antes de Instagram o YouTube. El planteamiento está bien hilvanado y conecta con la identidad cultural del concurso, aportando uno de los momentos de mayor peso del pase.
La tanda de cuplés, sin embargo, se queda en un nivel discreto. El primero gira en torno a un programa de citas televisivo, con una referencia a Juanma Moreno y un remate situado en el año 2034, que arranca alguna sonrisa pero no termina de levantar el patio de butacas. El segundo juega con el doble sentido del reguetón y el contraste entre ese género y el imaginario chirigotero clásico del grupo, funcionando algo mejor por intención que por carcajada. En ambos casos, los remates resultan simpáticos pero faltos de contundencia.
El popurrí desarrolla la idea de la involución gaditana desde la prehistoria hasta la actualidad, encadenando escenas reconocibles de la vida cotidiana en la ciudad, bares, costumbres y pequeños vicios colectivos. El tramo final mantiene coherencia con el tipo y refuerza el discurso identitario, aunque acusa la ausencia de golpes claros que permitan cerrar la actuación con mayor fuerza. El humor aparece de forma más costumbrista que explosiva, lo que dificulta destacar en un contexto de cierre de función.
En el apartado interpretativo, el grupo muestra experiencia y oficio. El soniquete clásico está bien defendido, la afinación es correcta y la propuesta se sostiene con dignidad sobre las tablas. No obstante, la chirigota no consigue imponerse a un público cansado ni generar una reacción sostenida, algo que parece deberse tanto al contexto horario como a la falta de sorpresas dentro del repertorio.
La actuación de ‘Los Cadisapiens’ en los cuartos del COAC 2026 deja una sensación de corrección sin brillo. Con pasodobles por encima del resto del repertorio y un mensaje ideológico claro, la chirigota se mantiene fiel a su estilo y a su identidad, pero no logra sobresalir en una noche complicada. Una propuesta coherente y reconocible que, sin embargo, se queda a medio camino en un concurso cada vez más exigente.























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