‘Los humanos’, el regreso más íntimo y reflexivo de Martínez Ares al Concurso
La comparsa gaditana vuelve al Falla con una propuesta poética y humanista que pone la memoria, la vejez y la dignidad en el centro del repertorio.
La comparsa ‘Los humanos’ supuso el regreso de Antonio Martínez Ares al Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas tras un año de ausencia. La expectación fue máxima desde que se alzó el telón del Gran Teatro Falla, con un teatro en silencio absoluto que acompañó la presentación de un tipo cargado de simbolismo: ancianos que encarnan la experiencia, la memoria y la fragilidad del ser humano en un mundo cada vez más deshumanizado.
La presentación funciona como una declaración de intenciones. El personaje aparece marcado por el paso del tiempo, con elementos visuales que remiten a la memoria quebrada, a la historia personal y colectiva y a la lucha ideológica sostenida a lo largo de una vida. El texto combina poesía y mensaje político sin alzar la voz, apostando por un tono reflexivo que se impone desde el primer acorde. No hay explosión inicial, sino una invitación a escuchar.
En los pasodobles, Martínez Ares opta por una estructura más melódica que épica. El primero es una copla íntima, casi confesional, en la que el autor habla desde la vejez compartida con Cádiz y con el propio Carnaval. Es un pasodoble de reencuentro, cargado de nostalgia y gratitud, que conecta con el público desde la emoción contenida. El segundo pasodoble aborda el acoso escolar desde el punto de vista del agresor y termina señalando la responsabilidad colectiva de familias, docentes y entorno social. La dureza del tema y el enfoque elegido convierten esta copla en uno de los momentos más impactantes del pase, con el teatro respondiendo en pie.
Los cuplés cumplen una función de alivio dentro de un repertorio denso. El primero gira en torno al libro del rey emérito, mientras que el segundo aborda los robos en casas de futbolistas, con un remate localista que provoca la sonrisa del público. El estribillo destaca por su musicalidad y por la conexión emocional con el tipo, convirtiéndose en uno de los elementos más recordados del bloque corto.
El popurrí es el gran cuerpo narrativo de la comparsa. A través de las lagunas de memoria de estos ancianos, se construye una crítica al mundo contemporáneo: el capitalismo deshumanizado, la tecnología sin alma, la pérdida de valores y el olvido de las raíces. El desarrollo es limpio, sin excesos barrocos, y avanza de lo universal a lo íntimo hasta desembocar en un cierre emotivo que devuelve al personaje a su tierra y a su identidad. Algunas imperfecciones vocales restan brillo puntual, pero no empañan el mensaje global.
En el apartado interpretativo, ‘Los humanos’ presenta menos potencia que otras comparsas históricas del autor, pero gana en claridad discursiva. El grupo acompaña con corrección una idea muy pensada, donde el texto y la estructura pesan más que el golpe efectista. La emoción se sostiene desde la palabra y no desde el volumen.
Como valor añadido, el repertorio dialoga de forma constante con trabajos anteriores del autor, incorporando guiños visuales y conceptuales que refuerzan la sensación de legado sin caer en la autocomplacencia.
La sensación general es muy positiva. ‘Los humanos’ no busca arrasar desde la primera noche, sino dejar poso. Es una comparsa sólida, poética y reflexiva, que apuesta por la humanidad frente a la inmediatez y que se presenta como una de las propuestas con mayor peso artístico de las preliminares.























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