‘Los Mohigangas’ activan el Falla con una chirigota física y de compás que brilla más en escena que en repertorio
La agrupación gaditana apostó por un tipo maorí con jaca incluida, letras de Toté y Ángel Piulestán y un popurrí dinámico que conectó con el público pese a un pase irregular en contenido
La chirigota ‘Los Mohigangas’, procedente de Cádiz y con autoría de letra de Francisco José Fernández Díaz ‘Toté’ y Ángel Piulestán y música del propio Toté —que también asume dirección y representación legal— protagonizó uno de los pases más físicos de la presente fase de preliminares del Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz 2026. La agrupación presentó un tipo de inspiración maorí, con guiño explícito a la jaca y al rugby neozelandés, que permitió explotar gesto, compás y coralidad desde la propia presentación.
El arranque definió el tono del pase: ritmo corporal, golpes de pecho, coreografía marcada y un chamán que funcionó como guía interna del grupo, estableciendo códigos de movimiento y órdenes en clave humorística. La lectura fue inmediata para el público: “venimos a protestar haciendo mojiganga”. La propuesta se situó desde el primer minuto en un terreno híbrido entre lo físico y lo carnavalesco, con prioridad para el cuerpo sobre la verbosidad del texto.
El primer pasodoble, armado desde un trío adaptado al tipo, se dedicó a desmontar la postal tópica de la ciudad para reivindicar una identidad gaditana menos turística y más cotidiana. La letra enumeró lugares, hábitos y rincones para sostener la idea de que Cádiz no se reduce a cliché ni a postal costumbrista. El público recibió bien la intención y el cierre, sin estridencias ni excesos.
El segundo pasodoble, sin embargo, mutó hacia un terreno sentimental que desconectaba parcialmente del tipo. El texto abordó el bullying desde la perspectiva de un amigo que calló en la infancia y que, en la edad adulta, pide perdón mientras observa cómo su hijo reproduce el mismo sufrimiento. La pieza fue seria, emotiva y correcta en ejecución, pero al precio de frenar la energía humorística del pase. El teatro acogió con respeto el mensaje, aunque la ruptura tonal fue evidente.
Los cuplés transitaron por un registro más clásico. En el primero, la chirigota recurrió a la figura de la princesa Leonor, su paso por las Fuerzas Armadas y la visita de Froilán, con remate final hacia el rey emérito. El segundo giró hacia la actualidad gaditana con el nuevo obispo como centro de chiste y comparativa estética con el popular Padre Galindo. Ambos cuplés fueron efectivos en ritmo y actitud, con estribillo repetido por parte del respetable, aunque sin sorpresa literaria.
El popurrí fue el tramo más sólido del repertorio. La agrupación explotó el tipo en clave gaditana: aparcamientos imposibles, recibos, costumbres callejeras, tsunamis imaginados, aliños, simulacros y quejas cotidianas que ofrecieron un contexto local reconocible para el humor físico que venían trazando. La selección musical y el montaje coral favorecieron la interacción con el patio de butacas, que acompañó coreografías y estribillos sin resistencia. La notable presencia escénica de Joselito y el oficio chirigotero del grupo sumaron enteros a un bloque que, sin golpes memorables, mantuvo compás, ritmo y simpatía.
En clave interpretativa, ‘Los Mohigangas’ evidenció uno de sus puntos fuertes: la solvencia del grupo. Toté, Piulestán y el resto del plantel gestionaron tiempos, compás y gesto con naturalidad, evitando tanto la rigidez como la improvisación descontrolada. La propuesta no buscó el ingenio quirúrgico ni la metáfora narrativa, sino la conexión directa desde la actitud.
El público correspondió bien y dejó claro que, para cierta parte de la grada, la chirigota no necesita necesariamente complejidad para funcionar si ofrece compás, personaje y desparpajo. El repertorio quedó marcado por altibajos literarios, pero la lectura general fue amable y sin fractura.






















