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‘Los niños con nombre’ se diluye en cuartos del COAC 2026 con un repertorio previsible y poco competitivo

La chirigota gaditana basa su propuesta en el famoseo y la herencia mediática, pero no logra sostener el tipo ni conectar con el público en su segundo pase en el Gran Teatro Falla

La chirigota gaditana ‘Los niños con nombre’ firmó en los cuartos de final del COAC 2026 un pase discreto que evidenció las limitaciones de una idea agotada demasiado pronto. El grupo, dirigido por Pablo Parra Rubiales, regresaba a esta fase por segundo año consecutivo con un tipo centrado en los hijos de famosos y el universo del famoseo televisivo, una propuesta que ya en preliminares mostraba señales de desgaste y que en esta segunda actuación terminó por quedarse corta.

Desde la presentación, la chirigota deja claras sus intenciones con un desfile continuo de referencias a personajes mediáticos como Kiko Rivera, Chabelita, Rosario Flores, Froilán o miembros de la Casa Real. El humor se apoya casi exclusivamente en el reconocimiento inmediato del nombre propio y en estereotipos televisivos muy explotados, lo que limita el recorrido de la propuesta. El impacto inicial es escaso y el tipo pierde fuerza conforme avanza la actuación, sin encontrar un punto de inflexión que reactive la conexión con el patio de butacas.

El primer pasodoble gira en torno al esfuerzo personal de los componentes para sacar adelante la chirigota, enumerando trabajos, horarios y sacrificios cotidianos. La letra cumple en intención, pero se queda en un desarrollo básico y poco elaborado, funcionando más como copla de trámite que como elemento capaz de marcar el pase. El segundo pasodoble aborda la educación y contrapone el valor del estudio frente al éxito mediático heredado, con una idea reconocible y bienintencionada que no termina de cuajar por un desarrollo plano y un remate sin fuerza.

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En los cuplés se concentran muchos de los problemas del repertorio. La primera tanda apuesta por un humor al límite, con referencias al apagón, la discapacidad o la drogadicción, sin un remate eficaz que justifique el riesgo asumido. La segunda tanda ofrece una leve mejora puntual con algunos guiños de actualidad, pero vuelve a quedarse lejos del nivel exigido en cuartos, sin lograr levantar la actuación ni provocar una respuesta clara del público.

El popurrí mantiene la misma línea, acumulando referencias televisivas y situaciones reconocibles sin un hilo narrativo sólido. El desarrollo resulta previsible y el humor no crece, cerrando la actuación sin un golpe final que deje poso. A nivel interpretativo, el grupo muestra entrega y actitud, pero el exceso de volumen y la falta de matices generan un sonido poco agradable en comparación con otras agrupaciones de la sesión, acentuando la sensación de desorden.

El pase de ‘Los niños con nombre’ confirma una chirigota voluntariosa y con afición, pero penalizada por una idea poco arriesgada y un repertorio que no evoluciona respecto a preliminares. En una fase como los cuartos de final, la propuesta no consigue competir en contenido ni en eficacia humorística, dejando la impresión de que su espacio natural está más en la calle que en la lucha por avanzar en el Concurso.



















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