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Los que van a coger papas confirma el regreso competitivo del Yuyu con un cónclave chirigotero que hace reír y emociona

La chirigota gaditana celebra sus 40 años con un tipo papal que despliega humor absurdo, pasodobles serios y un homenaje histórico a Selu García Cossío

La chirigota Los que van a coger papas, de José Guerrero “Yuyu”, volvió al Gran Teatro Falla con una propuesta que certifica el regreso del autor al Concurso no solo como mito, sino como competidor. El grupo celebró 40 años desde su debut y encaró su primera participación tras el retorno de 2025 con un tipo de cardenales encerrados en un cónclave para elegir un Papa gaditano, desarrollo que permitió un universo propio de reglas absurdas, latines inventados y ceremonial humorístico. El público recibió a la agrupación coreando el nombre del autor antes de alzarse el telón.

La presentación expuso el código central del tipo: liturgia católica reinterpretada bajo la lógica carnavalesca. La escena arrancó en latín parodiado, con vocabulario inventado y una reinterpretación del credo que marcó el tono del pase. La liturgia fue acompañada por detalles escénicos como el timbre de bicicleta en el anillo papal y vestimentas resueltas con cortinas de cocina, elementos que funcionaron como detonadores visuales del absurdo.

La primera copla abordó el propio retorno del autor. Guerrero recordó la renuncia previa al Carnaval y el “de este agua no beberé” que se acabó cumpliendo al revés. El pasodoble jugó con comunidades religiosas —franciscanos, jesuitas, dominicos— para situar la ambición papal como motivo último del regreso y resolver que, con la suerte que tiene, “le gana lo caraíta”. El remate cerró con humor meta sobre pasodobles repetidos y estrategia competitiva en el Concurso. La letra conectó con el público por su sinceridad y por el uso del humor como confesión.

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El segundo pasodoble fue el momento central del pase. Guerrero dedicó la copla a Selu García Cossío, construyendo la letra desde una comparación inicial con John Lennon —acribillado en Nueva York— para resolver que en Cádiz no hay criminales, sino ruido y linchamiento en redes sociales. El autor reprochó el trato hacia la figura del chirigotero y defendió la trayectoria de Selu como historia del Carnaval. El teatro coreó el nombre del homenajeado y ambos autores se abrazaron en escena, provocando uno de los momentos más emotivos del Concurso reciente. Se trató de un pasodoble serio, carente de ironía, que evidenció la madurez de Guerrero en este registro.

Los cuplés regresaron al disparate puro. El primero giró en torno a dulces navideños para perros y terminó con el caniche “cagando alfajores”. El segundo relacionó los títulos del Real Betis con la muerte del Papa, rematando que si dependiera del Cádiz, el pontífice viviría trescientos años. El estribillo reivindicó el título del grupo —“Nunca has cogido más papas que yo”— y conectó bien con la grada.

El popurrí mantuvo el formato narrativo del tipo: un relato completo del cónclave, desde la muerte del Papa viendo al Cádiz hasta la votación final. Guerrero utilizó el recurso del folio cantado en modo salmo y alternó escenas en Roma, sobremesa litúrgica y diálogos humorísticos con acentos diversos. Hubo aparición de la Guardia Suiza, atropellos de cardenales, monaguillos repartiendo “miguiyos” y referencias directas al exobispo de Cádiz (“lo hemos echao”), lo que aportó lectura local sin cargar el repertorio de política explícita. El cierre retomó Cádiz como fuerza de atracción: las tablas eligieron al autor y no al revés.

El resultado fue un repertorio completo, sin fisuras evidentes y con equilibrio entre narración, gag, música y emoción. La chirigota no recurrió a maldad ni insulto, apostó por el absurdo como mecanismo de humor y volvió a demostrar que la risa puede sostenerse desde la construcción de mundo antes que desde el bastinazo o la actualidad política.

En la foto competitiva, Los que van a coger papas confirma que la vuelta de Guerrero no fue episódica. En un año sin Selu, sin Aragón y sin el Love, el retorno de un autor clásico en plenitud impone orden en la modalidad. El público rió, el teatro se emocionó y el pase tuvo estructura y coherencia. El grupo no compite con la nostalgia; compite con el presente y, a día de hoy, con opciones reales de estar entre los nombres fuertes del Concurso.






















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