‘Mírala cara a cara’ se queda atrapada en el tipo y no encuentra salida humorística en su pase
La chirigota sevillana plantea un vis a vis carcelario con buenas intenciones, pero el repertorio se diluye entre drama, desorden y escasa eficacia cómica.
La chirigota ‘Mírala cara a cara’, procedente de Sevilla, compareció en el Gran Teatro Falla como penúltima agrupación de la última función de preliminares del COAC 2026 con una propuesta ambientada en una prisión. Con letra y dirección de Raúl Calzado Pérez y música de Miguel Ángel Calero Gómez y Antonio García Granado, el grupo regresa al Concurso tras su participación en 2025 con ‘Pa colgaera la mía’, apostando esta vez por un tipo de presos durante un régimen de visitas.
La presentación sitúa de inmediato al espectador en el espacio escénico. Los personajes se muestran como reclusos esperando visitas en el vis a vis, con referencias reconocibles al imaginario carcelario y algunos golpes aislados que funcionan en el arranque. Aparecen menciones de actualidad y guiños conocidos, pero tras ese inicio el tipo empieza a mostrar rápidamente sus limitaciones. El planteamiento resulta poco agradecido para la chirigota y no ofrece una vía clara para el desarrollo humorístico sostenido.
En los pasodobles, la agrupación opta por dos enfoques muy distintos. El primero funciona como carta de presentación, con referencias a Cádiz, febrero y la ilusión por cantar en el Falla. La copla cumple los cánones básicos, pero se queda en un terreno plano, sin un punto de vista propio ni un remate que la haga destacar. El segundo pasodoble introduce un giro hacia el drama con la visita de una madre a su hijo en prisión. El texto busca emoción, pero el cambio de tono encaja mal en la modalidad y resulta difícil de sostener desde el lenguaje chirigotero, generando una sensación de desconcierto más que de impacto.
Los cuplés confirman las dificultades del repertorio. El primero recurre a una comparación política relacionada con la rebeldía juvenil, mientras que el segundo tira de metachiste aludiendo a su propio recorrido en el Concurso y a la posibilidad de quedarse en preliminares. Ninguno logra provocar una respuesta significativa en el teatro, quedando ambos en intención sin remate efectivo.
El popurrí prolonga el problema del conjunto. El desarrollo es largo, reiterativo y basado en un humor presidiario que se agota pronto. La sucesión de escenas no construye un arco claro y el tramo final se hace pesado, reforzando la sensación de encierro escénico más que de progresión narrativa o cómica.
En el plano interpretativo, ‘Mírala cara a cara’ muestra entrega y afición, pero también una ejecución descontrolada. El canto carece de precisión, el tipo resulta por momentos desagradable en escena y la falta de estructura termina afectando al ritmo general del pase. La voluntad no logra compensar la ausencia de calidad artística y de recursos humorísticos.
Como valor añadido, la chirigota asume con honestidad su propio recorrido y cierra la fase de preliminares con un ejercicio de autoconciencia, aunque sin convertirlo en un acierto escénico.
La sensación general es negativa. ‘Mírala cara a cara’ presenta una idea reconocible pero mal resuelta, con un repertorio pobre en letras y sin pegada humorística. El resultado deja al grupo lejos del nivel competitivo exigido en la modalidad.























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