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¡Qué no vengan! convierte el Everest en una sátira afilada del COAC 2026 en semifinales

El cuarteto de Miguel Ángel Moreno y Ángel Gago firma en semifinales del COAC 2026 un pase sólido y reflexivo, con una parodia sostenida en el texto y un popurrí que conecta la masificación turística con el propio concurso

El cuarteto ¡Qué no vengan!, de Cádiz, afrontó su pase de semifinales del COAC 2026 en el Gran Teatro Falla con una propuesta ambiciosa en el plano conceptual y claramente orientada al humor de texto y la crítica social. La agrupación, con autoría de Miguel Ángel Moreno y dirección de Ángel Gago, situó su acción en una expedición de alpinistas atrapados en el Everest, utilizando esa ascensión extrema como metáfora directa del propio Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas.

Desde el arranque, el tipo queda definido con claridad. Los personajes se encuentran en plena subida, rodeados de cadáveres congelados, señales de socorro ignoradas y decisiones absurdas que ponen en riesgo la expedición. El planteamiento sirve como marco para una parodia continua en la que la montaña funciona como reflejo de un sistema saturado, mal gestionado y cada vez más peligroso, tanto en lo físico como en lo ideológico. La idea no se abandona en ningún momento y articula todo el desarrollo del pase.

El humor inicial se apoya en el contraste entre la épica del Everest y la miseria cotidiana de los personajes. La aparición de los cuerpos congelados, la cadena del frío o la nómina “congelada” del funcionario del grupo Z marcan un arranque eficaz, con ironía constante y un ritmo que prima el texto sobre el golpe inmediato. El cuarteto opta por un registro más denso que en pases anteriores, sacrificando carcajada por contenido.

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Uno de los bloques más reconocibles del pase llega con la crítica política. La subida se convierte en una experiencia nauseabunda cuando se aborda el ascenso de la extrema derecha en España, con referencias directas al blanqueamiento del franquismo y a la confusión ideológica de parte de la juventud. La frase “a Franco lo han blanqueado más que a Michael Jackson” se integra con naturalidad en el diálogo y ejemplifica el tono del cuarteto: directo, irónico y sin necesidad de subrayados.

La parodia mantiene su coherencia con la aparición del “compañero Abascal” como alucinación por falta de oxígeno y con la negativa a coronar el Everest por ser republicanos. Son recursos que refuerzan el paralelismo entre la ascensión física y el contexto político, siempre desde un humor que exige atención al espectador y que funciona más por acumulación de ideas que por chistes aislados.

En los cuplés, el cuarteto recupera algo más de brillo inmediato. El primero gira en torno a Morante de la Puebla y su retirada, jugando con la disociación y la confusión ideológica. El segundo se centra en las memorias de Juan Carlos I y su intento de lavar su imagen, con un remate compartido que vuelve a incidir en la imposibilidad de distinguir entre determinadas figuras públicas y el mismo arquetipo ideológico. Ambos cuplés se sitúan por encima de la media del pase, bien rematados y alineados con el discurso general.

El popurrí supone el bloque más completo de la actuación. El cuarteto recupera ritmo y conexión con el patio de butacas para desplegar una crítica amplia al turismo de masas, las aerolíneas low cost, el PIB como dogma incuestionable y el problema de la vivienda en Cádiz. La comparación entre viajar al Everest, a Marte o a Benidorm sirve para denunciar un modelo que expulsa a los vecinos y precariza la vida cotidiana. Destaca especialmente la cuarteta dedicada a cómo viajan los gaditanos, cargada de ironía y autorreferencia.

El cierre del popurrí redondea la propuesta al unir definitivamente Everest y Falla. La idea de que el Everest “se rompió por no cuidarlo” funciona como metáfora final del Carnaval, advirtiendo de los riesgos de la masificación, la ambición y la pérdida de respeto. Es un remate reflexivo, coherente con todo el planteamiento y que aporta profundidad al conjunto.

En el plano interpretativo, el cuarteto se muestra seguro y bien coordinado. El texto está bien dicho, la complicidad entre los componentes sostiene el desarrollo y el ritmo no decae pese a la densidad discursiva. No es un pase tan explosivo como el de cuartos, pero sí más elaborado y consciente de lo que quiere contar.

La valoración global es la de un pase sólido y maduro. ¡Qué no vengan! renuncia al golpe fácil para apostar por una parodia inteligente, bien construida y con un mensaje claro. Mantiene un nivel alto y se sitúa con argumentos firmes en la pelea por la Final del COAC 2026, demostrando que también desde el cuarteto se puede competir con profundidad y coherencia.




















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