Santiago Moreno: «No aprendemos nada de la historia y seguimos repitiendo los mismos errores»
El historiador Santiago Moreno Tello presenta Arena cautiva, una investigación realizada junto a José Marchena Domínguez y Carlos Píriz González que reconstruye la historia del campo de concentración de Rota para explicar el funcionamiento de la represión franquista y reflexionar sobre la importancia de preservar la memoria histórica y acercar la investigación a la sociedad.

Arena cautiva. El campo de concentración de Rota. Historia de la dictadura franquista a través de un espacio es el resultado de varios años de investigación sobre uno de los episodios menos conocidos de la represión franquista en la provincia de Cádiz. La obra reconstruye la historia del campo de concentración instalado en la antigua almadraba de Rota y utiliza ese enclave como hilo conductor para explicar el funcionamiento del sistema represivo durante la Guerra Civil y la posguerra, así como la posterior transformación de ese mismo espacio con el paso de las décadas.
El libro está firmado por los historiadores Santiago Moreno Tello, José Marchena Domínguez y Carlos Píriz González. Moreno Tello, doctor en Historia por la Universidad de Cádiz y especialista en memoria democrática e historia contemporánea, ha dedicado buena parte de su trayectoria a investigar la represión franquista y la historia social de la provincia gaditana. Marchena Domínguez y Píriz González completan un equipo investigador que ha combinado el análisis de documentación inédita con testimonios orales para reconstruir la historia de un lugar por el que pasaron miles de prisioneros.
Con motivo de la presentación del libro en la Feria del Libro de Cádiz, conversamos con Santiago Moreno Tello sobre el origen de la investigación, las principales conclusiones de Arena cautiva, el papel que desempeñaron los campos de concentración en el franquismo y la importancia de acercar la investigación histórica al conjunto de la sociedad.
¿Cómo surgió la idea de investigar el campo de concentración de Rota y qué les llevó a convertir esa investigación en el libro Arena cautiva?
La investigación tiene su origen en un trabajo previo de la Asociación de Memoria Histórica de Rota. En 2009 se publicó una monografía sobre la memoria histórica de la localidad que incluía un breve capítulo dedicado al campo de concentración. Ya se conocía la existencia de ese espacio, pero apenas había sido estudiado en profundidad.
Años después, en 2021, el Ayuntamiento de Rota me propuso desarrollar una investigación específica sobre el campo. Comencé a trabajar en el Archivo Histórico Municipal y a realizar entrevistas, pero al cabo de aproximadamente un año comprendí que la magnitud del proyecto hacía imposible abordarlo en solitario.
Fue entonces cuando incorporé a José Marchena Domínguez y Carlos Píriz González al equipo. Entre los tres solicitamos ayudas a la Diputación y al Ministerio, lo que permitió dar continuidad a la investigación. Ese trabajo conjunto terminó cristalizando en Arena cautiva, una investigación que recoge varios años de trabajo sobre el campo de concentración de Rota y, a través de él, sobre el funcionamiento del sistema represivo franquista..
El libro utiliza un espacio concreto para explicar el funcionamiento de toda la dictadura. ¿Qué puede aprender el lector sobre el franquismo a través de la historia de este campo de concentración?
Creo que una de las principales enseñanzas del libro es comprobar cómo un mismo espacio puede transformarse en función de los intereses del poder y de cada momento histórico. En este caso hablamos de una antigua almadraba, un lugar dedicado a la captura y transformación del atún, que durante la Guerra Civil y la posguerra pasó a convertirse en un campo de concentración. Es decir, se dejó de explotar un recurso natural para explotar a las personas.
A partir de ahí también puede entenderse la evolución del propio franquismo. En sus primeros años la dictadura se sostuvo sobre la represión y el terror de la posguerra, pero, una vez consolidada, tuvo que reinventarse. En la década de los sesenta llegaron las políticas de sol y playa, el impulso al turismo y el lema de Spain is different, de manera que muchos espacios fueron transformándose para responder a las nuevas necesidades del régimen..
En ese sentido, el campo de concentración de Rota sirve como ejemplo de cómo los lugares pueden ir transformándose con el tiempo. De hecho, el propio escenario donde realizamos esta entrevista, el Baluarte de la Candelaria, también ilustra esa idea: nació como una fortificación militar y hoy es un espacio dedicado a la cultura que acoge, entre otras actividades, la Feria del Libro de Cádiz.
Más allá de la historia concreta del campo, Arena cautiva propone reflexionar sobre cómo el poder es capaz de adaptar los espacios a sus necesidades en cada época. En palabras del propio autor, «el poder se recicla» y, cuando le conviene, transforma el uso de un mismo lugar conforme a sus intereses.

Durante la investigación, ¿hubo algún documento, algún testimonio o algún hallazgo que le sorprendiera especialmente?
No tenía una visión previa sobre este episodio concreto, precisamente porque era un ámbito muy poco estudiado. Pero, a medida que avanzó la investigación, hubo dos aspectos que me impresionaron especialmente.
Por un lado, la documentación conservada sobre las entradas y salidas de prisioneros. Los registros muestran mes a mes la llegada constante de hombres al campo de concentración y cómo muchos de ellos eran posteriormente trasladados a otros destinos, mientras otros permanecían allí. Ver reflejado documentalmente ese movimiento continuo permite tomar conciencia de la enorme dimensión que alcanzó el campo y del elevado número de personas que pasaron por él.
Por otro lado, me llamó mucho la atención la importancia de las fuentes orales. Los testimonios recogidos en Rota revelan una realidad que no siempre aparece en los documentos oficiales: que una parte de la población mostró solidaridad con aquellos hombres que llegaron al campo. Algunas familias les prestaron ayuda e incluso hubo quienes se enfrentaron a las autoridades franquistas para hacerlo.
Esa combinación entre la documentación escrita y la memoria conservada por los vecinos ha permitido reconstruir una historia mucho más completa de lo que ocurrió en el campo de concentración de Rota.
Aunque muchas personas asocian los campos de concentración con otros conflictos y otros países, en España también existieron decenas de ellos. ¿Por qué cree que esa realidad sigue siendo tan poco conocida por la sociedad española?
Lo primero es hacer una precisión. Los campos de concentración franquistas no tenían la misma finalidad que los campos de exterminio nazis. Su función principal era clasificar a los prisioneros, aunque eso no significa que en ellos no muriera gente o que no se ejerciera una dura represión. Hubo personas que fueron asesinadas y las condiciones de vida fueron extremadamente duras, pero el objetivo fundamental de estos campos era la clasificación de los detenidos dentro del sistema represivo del régimen.
En cuanto al desconocimiento que todavía existe sobre esta realidad, creo que la principal explicación es que España vivió cuarenta años de dictadura. El miedo pesó durante décadas sobre la sociedad y muchas de las personas que pasaron por estos campos o sobrevivieron a la represión nunca encontraron las condiciones para contar públicamente lo que habían vivido.
Ese silencio prolongado hizo que la investigación llegara muy tarde. Durante muchos años apenas se habló de estos espacios y, cuando por fin comenzaron a estudiarse con mayor profundidad, gran parte de los testimonios y de la memoria directa ya se habían perdido. Por eso todavía hoy muchas personas desconocen que en España existió una extensa red de campos de concentración durante el franquismo.
La memoria democrática sigue generando debate público. Como historiador, ¿qué responsabilidad tiene la investigación académica a la hora de separar los hechos documentados de las interpretaciones o los discursos políticos?
Creo que el primer problema es que la investigación académica, en demasiadas ocasiones, no llega a la sociedad. Muchas veces se queda dentro de las universidades o en publicaciones especializadas y rara vez consigue trascender ese ámbito.
Por eso considero que publicar un libro no es suficiente. Si el trabajo termina en una estantería o en un cajón, difícilmente cumplirá su función social. Es necesario buscar otras formas de divulgación que permitan acercar esos conocimientos al conjunto de la ciudadanía.
En el caso de Arena cautiva, esa labor de difusión se ha acompañado con una exposición instalada en la Facultad de Filosofía y Letras y con la colocación de una placa en la calle Calvario de Rota, donde trabajaron de forma forzada muchos de los prisioneros del campo de concentración. Creo que ese tipo de iniciativas ayudan a que la investigación salga del ámbito académico y llegue a la calle.
A partir de ahí, la investigación histórica y el debate político pertenecen a planos diferentes. El trabajo del historiador consiste en documentar los hechos y ponerlos a disposición de la sociedad. Después, corresponde a las instituciones cumplir la legislación vigente y decidir cómo gestionar ese conocimiento histórico, pero esa ya no es una tarea que dependa de la investigación académica.
¿Qué le gustaría que sintiera o reflexionara el lector cuando termine Arena cautiva? ¿Hay algún mensaje que considere especialmente importante transmitir con esta obra?
Me gustaría que este libro invitara a una reflexión profunda sobre nuestra propia historia. Creo que, con demasiada frecuencia, no aprendemos nada de la historia y seguimos repitiendo los mismos errores..
Arena cautiva pretende ser precisamente un espacio para pensar en lo que fuimos, en el lugar del que venimos y en las consecuencias que tuvieron aquellos episodios de represión. Es una parte de nuestra historia que resulta dura y, en muchos aspectos, terrorífica, pero que merece ser conocida y comprendida.
No hace falta mirar demasiado lejos para encontrar situaciones que recuerdan a aquel pasado. El campo de concentración de Rota pertenece a la historia de esta provincia, pero las consecuencias de la intolerancia, la violencia y la vulneración de los derechos humanos siguen produciéndose hoy en distintos lugares del mundo.
Por eso creo que la principal aportación del libro no es solo reconstruir un episodio histórico concreto, sino invitar al lector a reflexionar sobre el presente a partir del conocimiento del pasado.
Para terminar, ¿en qué nuevos trabajos o proyectos está inmerso y qué otras páginas de la historia le gustaría seguir recuperando?
Ahora mismo sigo trabajando en una biografía sobre Francisco Alba Medina, un proyecto que me acompaña desde hace años y que espero poder culminar próximamente.
Además, quiero continuar desarrollando parte de la investigación de mi tesis doctoral sobre la represión franquista. Mi intención es publicar al menos dos nuevos libros con un enfoque más divulgativo, para acercar estos temas al conjunto de la sociedad.
Uno de ellos estará dedicado al denominado «terror caliente» de 1936, centrado en la represión ejercida durante los primeros meses del golpe de Estado y la Guerra Civil. El segundo analizará la recuperación, durante la década de los cincuenta, de las Fiestas Típicas Gaditanas, la denominación con la que el franquismo permitió el regreso del Carnaval de Cádiz evitando utilizar su nombre tradicional.
Son dos proyectos que tengo muy presentes y con los que me gustaría seguir contribuyendo a recuperar y divulgar episodios fundamentales de la historia de Cádiz, porque todavía quedan muchas historias por investigar y contar


