‘Sociedad limitada’ propone un discurso andalucista ambicioso pero no encuentra nivel competitivo en el Falla
La comparsa de Morón de la Frontera retornó con la continuación conceptual de ‘Sociedad anónima’, un proyecto de identidad andaluza con música de Carapapa que mostró intención y mensaje, pero sin la solvencia necesaria para abrirse paso en la modalidad
La comparsa ‘Sociedad limitada’, procedente de Morón de la Frontera (Sevilla), compareció en el Gran Teatro Falla con un proyecto que establece continuidad con su propuesta del año anterior, titulada ‘Sociedad anónima’. La autoría de la letra corresponde a David Márquez Mateos y Juan Miguel Sánchez Elías, la música a Jerónimo Cubero Senín y la dirección a Sánchez Elías. La representación legal recae en Cristian Elías Bellido. En 2025, el grupo ya abordó una línea discursiva centrada en la identidad andaluza; en 2026 profundiza en esa misma tesis mediante un tipo que asocia la comunidad con una ‘sociedad limitada’, condicionada por prejuicios externos y por la relegación histórica del andaluz en el imaginario estatal.
El planteamiento tiene intención política y cultural y parte de una idea con recorrido: Andalucía como sujeto colectivo limitado por la mirada ajena. Sin embargo, el desarrollo escénico cayó en una contradicción difícil de resolver: combatir estereotipos mediante estereotipos. El tipo reprodujo tópicos reconocibles sin subvertirlos ni ampliar su significado, lo que debilitó el discurso central.
La dinámica musical estuvo marcada por un elemento determinante: la impronta reconocible del músico gaditano David Márquez Mateos ‘Carapapa’, vinculado al proyecto. La partitura ofreció armonía, cadencia y estructura, pero también dejó al descubierto un efecto colateral: el grupo sonó más cercano al estilo del autor gaditano que a una firma propia de Morón. En el Falla, donde el público distingue con precisión las genealogías autorales, ese fenómeno suele generar una exigencia superior que no todos los grupos pueden sostener.
El primer pasodoble se dirigió a Jordi Turull con una rima elaborada y cierta habilidad técnica, aunque sin un enlace emocional claro con el patio de butacas. La letra funcionó sobre el papel, pero quedó huérfana de contexto gaditano y de lectura andaluza, lo que dificulta su recepción en el teatro. En el segundo pasodoble, el grupo centró el objetivo en Xavier García Albiol para abordar el tratamiento institucional de la inmigración en Badalona. Aquí sí existió un vínculo temático más reconocible —la desigualdad y el abuso contra comunidades migrantes—, aunque el pasodoble no logró generar una resonancia suficiente para situarse en el debate competitivo del certamen.
En los cuplés, la agrupación recurrió a códigos habituales. El primero ironizó sobre el propio coste de producción, con una referencia al pago del pasodoble que fue recibida con simpatía. El segundo, dedicado a la reina Sofía y al rey Juan Carlos, transcurrió por rutas humorísticas conocidas dentro del concurso, sin sorprender ni alterar el ritmo del repertorio.
En lo interpretativo, el grupo encontró su mayor obstáculo. La música exige una capacidad vocal alta y una gestión precisa del plano dinámico, dos elementos en los que el conjunto no alcanzó la solidez requerida. El empaste irregular, la dificultad en los ataques iniciales y algunos excesos en volumen penalizaron el resultado final. La dirección sostuvo el pase con oficio, pero la exigencia del repertorio superó la capacidad del conjunto para defenderlo con holgura.
El popurrí reforzó el discurso central, aunque sin ofrecer una progresión dramática evidente. La tesis inicial se reiteró en lugar de ampliarse, lo que generó un efecto circular. El tramo final, más emotivo, no fue suficiente para alterar la lectura general de la propuesta: intención y mensaje, pero sin sorpresa ni evolución.
En clave de concurso, ‘Sociedad limitada’ se sitúa en la franja gris de la modalidad: suficientemente cuidada para dejar una impresión digna, pero sin elementos competitivos fuertes que la impulsen hacia fases superiores. La comparsa carece de tres factores decisivos en la comparsa 2026: identidad sonora diferenciada, impacto emocional y espacio temático propio. La modalidad está mostrando este año un nivel especialmente alto en lo musical, un uso más complejo de la metáfora y un regreso a la contundencia crítica; el proyecto sevillano no logra posicionarse dentro de ese patrón.
La propuesta fue recibida con respeto por el público, que reconoció el esfuerzo de continuidad artística y la voluntad de discurso. La competitividad, sin embargo, quedó comprometida por la falta de armonía entre intención, ejecución y forma.





















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