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Andalucía y más allá

Solo tres de cada diez mujeres en riesgo de exclusión confían en encontrar un empleo estable en 2026

Un informe alerta de que el 37,3% de las mujeres en Andalucía se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social y señala el empleo como la principal vía para salir de la vulnerabilidad

Solo tres de cada diez mujeres en situación de vulnerabilidad confían en encontrar un empleo estable a lo largo de 2026, una cifra que refleja la fragilidad con la que muchas afrontan su relación con el mercado laboral en Andalucía. Así lo pone de manifiesto un informe elaborado con motivo del Día Internacional de la Mujer, que analiza la situación de mujeres con discapacidad, mayores de 45 años en desempleo de larga duración, con responsabilidades familiares no compartidas y víctimas de violencia de género.

El estudio sitúa en 1,6 millones el número de mujeres andaluzas que se encuentran en riesgo de pobreza y/o exclusión social, lo que representa el 37,3% de la población femenina de la comunidad. Esta proporción es superior a la de los hombres y evidencia una brecha de género persistente vinculada a trayectorias laborales más inestables, menores ingresos y una mayor exposición a situaciones de vulnerabilidad.

Uno de los principales indicadores de esta desigualdad es la tasa de actividad. En Andalucía, solo el 52% de las mujeres en edad laboral tiene empleo o lo busca activamente, frente al 63% de los hombres. Esto implica que casi la mitad de las mujeres en edad de trabajar permanece fuera del mercado laboral, una circunstancia que limita sus oportunidades de autonomía económica y refuerza el riesgo de exclusión social.

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El informe señala que el empleo es identificado de forma casi unánime como la principal palanca de inclusión social. El 95% de las mujeres encuestadas considera que acceder a un trabajo es el factor más determinante para mejorar su calidad de vida y reducir su vulnerabilidad. A gran distancia aparecen otras necesidades como el apoyo psicológico, citado por el 55%, el acceso a una vivienda digna, señalado por el 44%, y la formación, mencionada por una de cada cuatro mujeres.

Sin embargo, esta percepción contrasta con unas expectativas laborales muy bajas. Solo el 30% de las mujeres en situación de vulnerabilidad cree que podrá acceder a un empleo sostenible en 2026. La confianza es aún menor entre las mujeres mayores de 45 años en desempleo de larga duración, donde apenas una de cada cuatro mantiene expectativas de encontrar un trabajo estable. Entre las mujeres con discapacidad, la proporción se sitúa en el 27%.

El estudio pone de relieve la baja intensidad laboral como uno de los rasgos más comunes entre las mujeres en riesgo de exclusión. Casi la mitad ha trabajado menos de cinco meses en los dos últimos años, lo que refleja trayectorias profesionales intermitentes y una desconexión prolongada del mercado de trabajo. Esta situación se agrava en determinados perfiles, como las mujeres con discapacidad y las mayores de 45 años, donde la cronificación del desempleo supera el 60%.

A esta fragilidad laboral se suman otras barreras estructurales. El 46% de las mujeres reconoce no estar familiarizada con el funcionamiento actual del mercado laboral, mientras que cuatro de cada diez encuentra dificultades para buscar empleo a través de medios digitales. La brecha digital, la falta de recursos y las dificultades de conciliación limitan el acceso a oportunidades laborales en un contexto cada vez más digitalizado.

Los prejuicios y estereotipos sociales constituyen otro de los grandes obstáculos. El 72% de las mujeres en situación de vulnerabilidad considera que estos factores dificultan su acceso al empleo. Esta percepción es especialmente elevada entre las mujeres sénior y aquellas con discapacidad, que señalan el edadismo y la desconfianza en sus capacidades como frenos habituales en los procesos de selección.

Las consecuencias del desempleo prolongado van más allá del ámbito económico. Ocho de cada diez mujeres en situación de vulnerabilidad afirma tener dificultades para llegar a fin de mes, y el 80% reconoce que el desempleo ha afectado negativamente a su salud mental. La presión económica, la incertidumbre y la falta de expectativas generan un impacto emocional que refuerza el círculo de la exclusión.

El informe concluye que la inclusión laboral de las mujeres en situación de vulnerabilidad requiere respuestas integrales y sostenidas en el tiempo. Más allá del acceso a un empleo, subraya la necesidad de acompañamiento individualizado, políticas activas de empleo con perspectiva de género y entornos laborales que garanticen estabilidad, conciliación y condiciones dignas. Solo así, advierte, será posible transformar el empleo en una herramienta real de inclusión social y reducir la brecha que mantiene a miles de mujeres en una situación de especial fragilidad.

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