Inicio / Bahía de Cádiz y La Janda / Un estudio cifra en 2,4 metros al año el retroceso de las marismas de la Bahía de Cádiz

Un estudio cifra en 2,4 metros al año el retroceso de las marismas de la Bahía de Cádiz

Redacción 5 octubre, 2026 4 minutos de lectura

El retroceso de las marismas de la Bahía de Cádiz alcanza los siete metros anuales en El Trocadero, según un análisis de imágenes aéreas tomadas entre 1956 y 2022

Las marismas de la Bahía interior de Cádiz han perdido terreno a un ritmo medio de 2,4 metros al año entre 1956 y 2022. Un estudio de la Universidad de Cádiz (UCA) constata un retroceso generalizado de estos ecosistemas, aunque con diferencias considerables entre zonas, y sitúa en El Trocadero, en Puerto Real, el caso más acusado, con una regresión media de siete metros anuales desde 1978.

La investigación reconstruye 66 años de cambios mediante fotografías aéreas históricas en blanco y negro y ortofotografías en color. El material fue integrado en Sistemas de Información Geográfica y combinado con cartografía de hábitats y técnicas destinadas a medir el desplazamiento del borde de las marismas.

El trabajo ha sido realizado por Concepción N. Rodríguez-Rojo, Juan J. Vergara, Laura del Río y Gloria Peralta, investigadores de los departamentos de Biología y Ciencias de la Tierra y vinculados al Instituto Universitario de Investigación Marina (INMAR). Sus resultados se han publicado en la revista Journal of Environmental Management.

El análisis refleja que la transformación no ha sido uniforme en el conjunto de la Bahía. El Trocadero, Santibáñez, en Cádiz, y Punta de la Clica, en San Fernando, han seguido trayectorias distintas durante el periodo estudiado, condicionadas por sus características geomorfológicas, la conexión con las mareas y las modificaciones humanas acumuladas en cada espacio.

El Trocadero presenta la evolución más desfavorable de las zonas examinadas. Entre 1978 y 2022, el borde de su marisma retrocedió una media de siete metros al año. La superficie de marisma baja ha quedado por debajo del 5% de la que ocupaba en 1978, mientras que la marisma media se ha reducido aproximadamente hasta el 75% de su extensión inicial.

La evolución de Punta de la Clica fue diferente durante las primeras décadas analizadas. Sus marismas se expandieron entre 1956 y 1978, pero esa tendencia se invirtió posteriormente. Desde 1978, el borde ha registrado un retroceso medio de 1,8 metros al año.

El equipo interpreta este cambio como una señal de que también están sufriendo una evolución negativa las zonas que habían mostrado una mayor capacidad de respuesta ante las alteraciones ambientales. Según los investigadores, las diferentes trayectorias observadas tienden a converger durante los últimos años hacia un escenario general de regresión.

El estudio no atribuye la pérdida de marismas a una causa única. Entre las presiones que afectan a estos espacios figuran el aumento del nivel del mar y la reducción de los aportes de sedimentos procedentes de los ríos, junto con las transformaciones humanas experimentadas por cada enclave. La respuesta depende, además, de la configuración física de las zonas y de su relación con las mareas.

La regresión afecta a ecosistemas que funcionan como barrera natural frente a las inundaciones costeras, sirven de hábitat para distintas especies y almacenan carbono azul. La desaparición de superficie vegetal reduce tanto su capacidad de protección del litoral como la retirada de dióxido de carbono de la atmósfera. Los investigadores señalan que las áreas degradadas pueden pasar a presentar potencial de emisión de CO2 una vez perdida la vegetación.

A partir de las diferencias detectadas, los autores sostienen que las actuaciones sobre las marismas deben adaptarse a las condiciones y la evolución de cada zona. “La conservación pasiva de estos espacios ya no es suficiente para garantizar su resiliencia a largo plazo”, afirma el equipo, que también descarta que pueda aplicarse una única solución a toda la Bahía.

La investigación forma parte del proyecto iBESBLUE, centrado en los servicios ecosistémicos de los sistemas intermareales, el carbono azul y la respuesta ante el aumento del nivel del mar. El proyecto utiliza el Parque Natural Bahía de Cádiz como área de estudio para analizar la capacidad de adaptación de las marismas y las praderas de fanerógamas marinas frente al cambio climático.

El programa combina aproximaciones ecológicas y geomorfológicas para estudiar estos ecosistemas. Se desarrolla dentro del proyecto de I+D+i PID2021-123597OB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Agencia Estatal de Investigación y fondos FEDER. Rodríguez-Rojo cuenta además con un contrato predoctoral del Plan Propio de la Universidad de Cádiz 2022-2023.

El artículo científico lleva por título Long-term evolution of salt marsh landscape change in a human-modified estuarine system (1956–2022): Implications for resilience and adaptive management. La investigación aparece en el volumen 416 de Journal of Environmental Management, publicado en 2026.