La Universidad de Cádiz demuestra que la recuperación del lince altera la dispersión de semillas y el reclutamiento del piruétano, modificando procesos ecológicos esenciales en la red trófica.

La Universidad de Cádiz lidera una investigación internacional que concluye que la recuperación de grandes depredadores, como el lince ibérico, puede alterar la regeneración de árboles frutales en ecosistemas mediterráneos. El estudio, publicado en la revista Oikos, evidencia que la presencia del lince desencadena una cascada ecológica que afecta a la dispersión de semillas y al reclutamiento temprano del piruétano, una especie clave cuya supervivencia depende tradicionalmente de mamíferos carnívoros medianos como el zorro o la garduña.
Según la investigación, la presencia del lince ibérico reduce drásticamente la actividad de estos mesodepredadores, principales dispersores de semillas del piruétano, lo que condiciona la llegada de semillas y la probabilidad de establecimiento de nuevas plántulas. En áreas con lince, la dispersión de semillas de piruétano disminuye hasta un 80% y se concentra en zonas boscosas de bajo riesgo para los mesodepredadores, donde la supervivencia de las plántulas es significativamente baja. En contraste, en zonas sin lince, los carnívoros medianos depositan la mayor parte de las semillas en hábitats abiertos, más favorables para la germinación y el crecimiento debido al carácter heliófilo de la especie.
Cascada trófica y conflicto ecológico
El equipo científico ha demostrado que la recuperación del lince ibérico provoca un “conflicto ecológico clave”. Aunque los arbustos ofrecen las mejores condiciones para el establecimiento de las plántulas de piruétano, son también los lugares donde los roedores —cuyas poblaciones aumentan en presencia del lince— consumen más semillas. Esta desconexión entre los espacios más seguros para el reclutamiento y los más adecuados para la germinación limita el éxito reproductivo de la especie y podría frenar su expansión en el paisaje mediterráneo.
La investigación subraya que la recuperación de grandes depredadores puede generar efectos inesperados en procesos mutualistas fundamentales, como la dispersión de semillas, especialmente en ecosistemas donde ya no existen grandes frugívoros que desempeñaban esa función.
Implicaciones para la conservación
La autora principal del estudio, Tamara Burgos, investigadora del Instituto Universitario de Investigación Marina (Inmar), destaca la importancia de incorporar todos los niveles de la red trófica en los programas de conservación y rewilding. “Los depredadores pueden modificar no solo las relaciones depredador-presa, sino también interacciones mutualistas fundamentales para la regeneración de la vegetación”, señala.
El estudio también plantea que otras especies de plantas mediterráneas cuyos frutos son consumidos por carnívoros, como el madroño, podrían beneficiarse potencialmente de la presencia del lince si sus semillas se depositan con mayor frecuencia en zonas con mayor cobertura forestal. No obstante, este posible efecto positivo no ha sido evaluado aún y representa una nueva línea de investigación de gran interés.
El trabajo ha sido desarrollado por personal investigador de la Universidad de Cádiz, la Universidad Rey Juan Carlos, el Centro de Investigaciones sobre Desertificación y Tragsatec, con la colaboración del equipo técnico del Parque Natural de la Sierra de Andújar.
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