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Una investigación con participación de la UCA relaciona el gen Walras con un mayor daño cardíaco en machos

Redacción 24 octubre, 2026 4 minutos de lectura

El estudio sobre el gen Walras, realizado en modelos de ratón y células humanas, abre una posible vía terapéutica para cardiomiopatías, aunque continúa en fase preclínica

Un equipo en el que participan la Universidad de Cádiz (UCA) y el Instituto de Investigación e Innovación Biomédica de Cádiz ha identificado un mecanismo relacionado con el gen Walras que podría ayudar a explicar el mayor daño cardíaco observado en machos con determinadas cardiomiopatías. Los resultados proceden de modelos de ratón y ensayos con células humanas, sin que el mecanismo se haya probado todavía en pacientes.

La investigación, publicada en la revista científica Frontiers in Physiology, concluye que Walras presenta una mayor actividad en los modelos masculinos con enfermedades del músculo cardíaco. Esa actividad se asocia con un aumento del estrés celular, un peor funcionamiento energético y una mayor tendencia a la muerte de los cardiomiocitos, las principales células del corazón.

En las hembras con cardiomiopatía, por el contrario, los niveles detectados fueron más bajos. Según los investigadores, esta diferencia podría favorecer una mayor resistencia de las células frente al daño causado por la enfermedad. El trabajo analiza así un posible mecanismo biológico vinculado a la distinta incidencia y evolución de las patologías cardiovasculares según el sexo.

El estudio parte de la limitada capacidad del corazón para repararse después de sufrir un daño grave. Tras un infarto o durante determinadas enfermedades cardíacas, parte de sus células puede deteriorarse o morir, lo que reduce progresivamente la fuerza del órgano.

“No hay una forma sencilla de arreglar el corazón cuando el daño ya se ha producido. En muchos casos, la mejor forma de proteger al paciente es evitar que llegue a ese punto”, explica Carlos García Padilla, investigador de la Universidad de Jaén, en declaraciones recogidas por la Fundación Descubre.

Para desarrollar el trabajo, el equipo examinó corazones de ratones con distintos tipos de cardiomiopatía y comparó muestras de machos y hembras. El objetivo era determinar qué moléculas aumentaban o reducían su actividad en cada grupo y comprobar si esas diferencias influían en la supervivencia de las células cardíacas.

Entre las variaciones detectadas destacó el gen Walras, productor de una molécula de ARN relacionada con el estrés y la muerte celular. Cuando una célula cardíaca se encuentra sometida a estrés puede activar mecanismos orientados a sobrevivir o iniciar un proceso de muerte celular. En los machos estudiados, el incremento de las moléculas producidas por Walras inclinó esa respuesta hacia la muerte de la célula.

Los investigadores también comprobaron una relación entre la actividad del gen y las hormonas sexuales. El estradiol redujo la actividad de Walras, mientras que la testosterona la incrementó. Este resultado aporta un posible mecanismo celular complementario al papel protector que se atribuye a los estrógenos en determinadas enfermedades cardiovasculares.

En otra fase del experimento, el equipo elevó artificialmente los niveles de Walras en células cardíacas de machos y hembras. La intervención provocó más estrés celular y alteraciones en el funcionamiento energético, con efectos más acusados en las células masculinas y una mayor propensión a la muerte celular.

El trabajo incluyó además el análisis de AP002340.1, una molécula equivalente presente en células cardíacas humanas. Su activación generó procesos similares a los observados en los modelos animales, lo que apunta a una posible correspondencia del mecanismo en humanos. Esta relación deberá confirmarse en fases posteriores de la investigación.

Los resultados sitúan a Walras como una posible diana terapéutica para reducir el daño cardíaco. Una futura estrategia podría consistir en bloquear su acción o modular la vía en la que interviene para favorecer la supervivencia de los cardiomiocitos.

Antes de plantear una aplicación clínica, los investigadores deberán comprobar si el bloqueo de Walras resulta eficaz en animales vivos, determinar el momento y la duración de la intervención y establecer las cantidades adecuadas de una eventual molécula terapéutica. También será necesario evaluar su seguridad y estudiar el mecanismo en modelos más próximos a la enfermedad humana.

Además de la UCA y el instituto biomédico gaditano, participan en el estudio la Universidad de Jaén, la Fundación MEDINA, el Instituto de Salud Carlos III, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), el CIBERFES, la Aix-Marseille Université y la Sorbonne Université. La investigación ha recibido financiación de la Junta de Andalucía, mediante un proyecto de excelencia, y del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.