Un derroche de voces

Ofrecen en su repertorio un primer pasodoble que es un piropo a Cádiz. En el segundo le escriben una carta a su padre que está en la cárcel por maltrato familiar al que recriminan su comportamiento. Finalizan la tanda con una letra que repasa las injusticias del mundo.
En los cuplés dedican el primero a sus aventuras con un perro que les regaló un ciego y el segundo a la fama de vagos de los gaditanos.
Se despiden con un popurrí con mucho ritmo y muchos toques flamencos. El público lo agradece jaleándoles durante toda la interpretación


