‘Los que escriben en la arena’ ofrece una comparsa sentimental con concepto difuso y exceso de adorno
La comparsa Los que escriben en la arena en el COAC 2026 presentó un tipo poético de playa e inspiración, con letras sociales y carga sentimental, pero un concepto poco definido y una música demasiado lenta para generar impacto competitivo
La comparsa onubense de los hermanos Giraldo regresó al Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas con su cuarta participación en el Falla, tras ‘Los garrapatas’ (2023), ‘Los atrapados’ (2024) y ‘La volaura’ (2025). Bajo el nombre ‘Los que escriben en la arena’, el grupo defendió un concepto sentimental y abstracto que situó a sus personajes como poetas que escriben en la playa, donde la inspiración nace y muere con las olas. La metáfora del efímero —lo que nace para permanecer y sin embargo se borra— sirvió de marco conceptual, aunque el repertorio no terminó de convertir la idea en identidad escénica reconocible ni en arco dramático.
La presentación plasmó la imagen de estos poetas marinos, rescatando el mar como espacio creador y la arena como soporte de escritura que “cada febrero vuelve a borrar la marea”. La escena fue estética y la interpretación correcta, pero el bloque ya anticipó la principal dificultad del pase: exceso de adorno musical, ritmo lento y una abstracción que diluye la comunicación con la platea. El tipo, de corte marinero con caracolas y elementos de playa, resultó vistoso en planos cercanos.
El primer pasodoble abrazó la vertiente social, narrando la soledad de una mujer mayor que vive esperando compañía. El texto apostó por un sentimentalismo explícito, con intención honesta, pero sin pozo literario ni imágenes de calado. La música, larga y con falso final, acompañó con corrección, aunque el ritmo lento terminó entorpeciendo la recepción del mensaje. La interpretación fue limpia, aunque con adornos vocales que oscurecieron el discurso en lugar de potenciarlo.
El segundo pasodoble volvió a optar por denuncia sentimentalizada, esta vez en torno a la vivienda. La historia de dos personas obligadas a compartir piso por no poder permitirse uno propio situó el problema social, pero de nuevo con exceso de ornamento emocional y poca profundidad narrativa. La crítica especializada ya ha señalado en ocasiones el riesgo de este enfoque: la emoción difusa sustituye al análisis y la escena pierde contundencia. Musicalmente, el bloque mantuvo las mismas virtudes y defectos: capacidad vocal, juego de voces con exceso, estructura larga y ritmo cansino.
Los cuplés evidenciaron otra de las dificultades del grupo: el humor de comparsa sin soporte literario ni remate eficaz. El primero jugó con la suegra arrastrada por la marea y “devuelta por el mar porque no la aguanta ni la marea”. El segundo remató en clave gore con una ex pareja, fuera de tono para la atmósfera sentimental del repertorio. La ternura de la presentación y el enfoque poético chocaron con estos remates, generando un contraste poco favorecedor.
El popurrí no consiguió dar forma al concepto. Las nubes, las gaviotas, la arena, las olas y las reflexiones sobre la inspiración se sucedieron sin orden dramático reconocible. El recurso a la playa actuó como excusa para intercalar temas de actualidad —como el conflicto en Oriente Próximo— desde una mirada compasiva, pero sin desarrollo ni riesgo literario. La pieza volvió a exhibir exceso de adorno, tiempos dilatados y un simbolismo que no llegó a transformarse en relato escénico. La abstracción, que podría haber sido una virtud en manos de una comparsa más arriesgada, terminó generando lugares comunes.
Musicalmente, ‘Los que escriben en la arena’ mostró progresión respecto a ediciones anteriores en afinación, equilibrio y capacidad vocal. Las voces demostraron recursos y volumen, aunque con tendencia a sobreactuar en los adornos. El grupo tiene potencial técnico, pero aún carece de una línea estilística clara que lo distinga del pelotón de comparsas que transitan el concurso con corrección pero sin personalidad competitiva marcada.
El balance deja a la comparsa Los que escriben en la arena en el COAC 2026 en una posición similar a la de años previos: grupo en progresión sostenida y con oficio, pero atrapado en un repertorio excesivamente sentimental, adornado y poco definido. El concepto poético no terminó de encontrar su traducción escénica y el ritmo lento lastró el impacto. La comparsa necesita mayor riesgo estilístico y mayor concreción conceptual para romper el techo que la separa del grupo de cabeza.




















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