‘Una chirigota en teoría’ irrumpe en el COAC 2026 con humor negro, riesgo y delirio en un Stephen Hawking carnavalesco
La agrupación de Miguel Ángel Llull sorprendió en preliminares con un concepto arriesgado, una ejecución solvente y un popurrí brillante que la sitúa como una de las propuestas más originales del inicio de concurso
La chirigota gaditana ‘Una chirigota en teoría’, obra de Miguel Ángel Llull, protagonizó una de las irrupciones más llamativas del inicio del COAC 2026 con una apuesta tan insólita como arriesgada: convertir a Stephen Hawking en chirigotero, asumir su silla como elemento escénico y motor del humor negro, y llevarlo a un terreno carnavalesco sin pedir permiso ni disculpas. Una operación delicada, de alto riesgo dramático y con una frontera muy fina entre lo incorrecto y lo brillante, que el grupo resolvió con naturalidad y, sobre todo, con gracia.
El shock inicial llegó con el telón arriba: la caracterización del físico británico era precisa y la escenografía cuidada, con el propio Hawking presentándose como divulgador dispuesto a “ir a Cádiz a disfrutar del Carnaval”. Desde ahí, la chirigota marcó su gramática: humor absurdo, ciencia pasada por la trituradora del compás y una silla motorizada convertida en gag continuo. El pasacalles funcionó como puerta de entrada al delirio y a un Hawking que llegó “sobre ruedas” y entre aplausos.
Los pasodobles fueron la piedra angular del pase. El primero incorporó un recurso inteligente: separar la pieza en dos lógicas. La primera, humorística, con adaptación del personaje, referencias a la enfermedad y a su vida académica, y defensa de “llegar arriba” pese a las limitaciones físicas. La segunda, lírica y emocional, al desplegar vocalmente un remate de reivindicación personal sobre barreras, autonomía y orgullo. La integración de software y robótica como gag musical —el “instalando software del Molina”— fue celebrada por el público y permitió suavizar la transición hacia el pellizco.
El segundo pasodoble fue una declaración de orgullo gaditano utilizando el vehículo poco esperable de Hawking: una carta de reconocimiento a la Banda de Rosario, convertida en símbolo exportador de identidad, con referencias al flamenco, la música procesional y la expansión cultural del carnaval más allá de Cádiz. Se trató de una letra menos arriesgada en contenido pero eficaz en construcción, que consolidó la buena imagen vocal del grupo.
La tanda de cuplés, territorio necesario para medir la temperatura chirigotera, confirmó que la agrupación no iba de farol. El primero abordó la ruptura pública entre Morera y Mení con una explicación absurda sobre dinero, cabreos y “mandar narices”, rematando con un metachiste sobre su propio pase y la posibilidad de “caer de pie” aunque no funcionara la idea. El segundo, de estreno in situ, abordó el caso judicial que afectaba a Julio Iglesias, pieza de riesgo que en manos menos afinadas habría resultado torpe, pero que aquí se sostuvo por rapidez y precisión de remate. La prensa valoró especialmente la capacidad para escribir y montar un cuplé de actualidad en apenas un día, algo que sigue siendo mérito competitivo.
El popurrí fue el punto fuerte del repertorio y el momento en el que la apuesta dramática alcanzó su madurez. La chirigota llevó el delirio hasta donde tenía que llevarlo: Hawking analizando la feria de Sevilla, confundiendo constelaciones con calles gaditanas, derrapando en el albero y comparando a Juan Carlos Aragón con Einstein en una escala de talento completamente absurda. La pieza creció cuarteta a cuarteta y cerró en un plano inesperadamente luminoso con un canto a la vida, a la valentía y a la ciudad, demostrando que el humor negro puede desembocar en trascendencia sin renunciar al carnaval.
Interpretativamente, el grupo estuvo sólido. Voz afinada, ritmo limpio y un manejo del silencio humorístico superior al habitual en la modalidad. Escénicamente, la silla no fue un estorbo dramático sino un instrumento humorístico, lo que permitió evitar la pena y sustituirla por irreverencia. Ese giro fue clave para que la propuesta no solo funcionara, sino que destacara.
En clave competitiva, ‘Una chirigota en teoría’ explotó una idea original en un concurso que llevaba años acusando repetición y falta de riesgo. En preliminares, la frescura paga y el riesgo no penaliza; por eso el efecto fue alto. La gran incógnita será si el concepto aguanta en futuros pases sin agotarse. De momento, la chirigota es una de las sensaciones del arranque del COAC 2026.























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