La chirigota ‘Los Amísh del Mono’ regresa al Falla con autocrítica, sátira política y un ajuste de cuentas tras el primer premio
La agrupación de Alejandro Pérez presentó un repertorio que alternó humor conceptual y discurso generacional, con un primer pasodoble sobre las consecuencias del éxito y un segundo dedicado al maltrato animal
La chirigota gaditana ‘Los Amísh del Mono, fuimos piononos: La decepción’ aterrizó en el escenario del Gran Teatro Falla con el peso simbólico del primer premio logrado en 2025 con ‘Los calaíta (fuimos a por tabaco)’ y el reto de confirmar que el fenómeno Peluca no fue una anomalía del concurso, sino una irrupción generacional con vocación de permanencia. Con letra, música, dirección y representación legal de Alejandro Pérez Sánchez, la agrupación transformó su universo anterior hacia un humor más luminoso, rítmico y narrativo, sin renunciar a la acidez discursiva que definió su identidad el pasado año.
La presentación situó el tipo en el ámbito de la comunidad amish, caricaturizada desde el desconocimiento moderno y el contraste cultural. Los amish, residentes ficticios del estado de Wisconsin, llegaban a Cádiz durante su ‘Rumspringa’, un periodo real en el que los jóvenes de estas comunidades experimentan temporalmente la modernidad para decidir si regresan o no a la vida tradicional. En el repertorio, ese viaje deriva hacia la Caleta y, antes, hacia el Falla, “para agradecer lo que hace un año vivimos”, cerrando la introducción con una declaración que anticipaba la línea principal del pase: “ojalá que no sea una decepción”.
El primer pasodoble afrontó de forma frontal el efecto post-premio. La letra señaló “la cara amarga” del éxito inesperado e introdujo referencias a presiones, expectativas externas y tensiones internas del propio ecosistema carnavalero. La copla denunció ataques, resentimientos, filtraciones, intereses cruzados y un clima de juicio permanente en redes y prensa. En un gesto significativo, la chirigota afirmó renunciar simbólicamente a la corona alcanzada el pasado año, dejando que “el pueblo dicte sentencia” y defendiendo que preferiría el cariño del teatro antes que el palmarés. La retransmisión identificó el pasodoble como un ejercicio de ajuste de cuentas, en el que el autor reivindicó “seguir con el carnaval mío y tuyo”, en oposición a lo que calificó como un carnaval “cínico y vacío”.
El segundo pasodoble se centró en el maltrato animal, un tema abordado con un tono grave poco habitual en la chirigota contemporánea. La copla contrapuso la racionalidad humana a la conciencia animal y sostuvo que la inteligencia ha sido históricamente empleada para dominar, explotar o castigar a otras especies. La letra pidió que quienes ejerzan violencia contra animales sufran el mismo daño bajo un criterio de justicia retributiva y cuestionó la impunidad de los maltratadores. La retransmisión destacó la dureza del texto y señaló la incorporación de nuevas voces procedentes de la chirigota del Canijo, lo que amplió el rango interpretativo del grupo.
La tanda de cuplés recuperó el humor más físico y grotesco del autor. El primero describió un recorrido por playas nudistas con comparaciones corporales y remate autorreferencial vinculado a las expectativas del concurso. El segundo giró en torno a la ceguera y el estrabismo con juegos visuales y referencias sanitarias deformadas, culminadas con un estribillo muy pegadizo que la retransmisión anticipó como viralizable en redes.
El popurrí funcionó como bloque narrativo y no como suma de escenas. La chirigota utilizó la exageración para cuestionar el orden social y religioso de la comunidad amish, alternando sátira, ingenuidad, elementos costumbristas y referencias al contexto estadounidense (violencia armada, Filadelfia, Milwaukee, Mississippi, Chicago), mezcladas con guiños locales y textos autobiográficos. La pieza transitó desde la comicidad hasta una reflexión final sobre la juventud, el miedo al fracaso, la utilidad del carnaval como herramienta de supervivencia emocional y el papel del arte como refugio comunitario. El cierre afirmó que antes que un premio “ya se gana si el pueblo te abraza”.
En lo musical, el grupo dio continuidad a la línea melódica implantada en 2025, con mayor limpieza y dulcificación armónica, un fraseo más comparsero y una interpretación menos estridente que la del debut. La presencia de voces nuevas reforzó las partes abiertas y permitió sostener letras extensas, de ritmo rápido y alta densidad semántica, una marca característica del autor.
La chirigota abandonó escenario celebrando entre abrazos y gestos de complicidad, y la retransmisión televisiva remató afirmando que la propuesta contribuye a “aprender en el carnaval”, en alusión a la atmósfera contemporánea donde el humor convive con discursos políticos, identitarios y éticos.



















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