La chirigota Los Compay pone ritmo cubano a las semifinales del COAC 2026
La chirigota de Chiclana regresa al Concurso en semifinales del COAC 2026 con un pase muy musical, marcado por el soniquete cubano y una propuesta más animada que competitiva
La chirigota Los Compay firmó su pase de semifinales del COAC 2026 en el Gran Teatro Falla confirmando el regreso al Concurso de la formación chiclanera de los Molina, ausente en la pasada edición. El grupo alcanzó esta fase tras un recorrido sólido en preliminares y cuartos, apoyado en una identidad musical muy definida y en un tipo reconocible desde el primer momento.
La propuesta sitúa a la chirigota como músicos callejeros cubanos que llegan a Cádiz para buscarse la vida. Desde esa premisa, el repertorio se construye sobre ritmos de son, guajira y guaracha, con un fuerte peso del compás y del color musical. El tipo se entiende con claridad y funciona bien como envoltorio, aunque el desarrollo conceptual queda en un segundo plano frente al despliegue rítmico.
La presentación es uno de los momentos más sólidos del pase. Muy musical, dinámica y con una clara marca de autor, define rápidamente al personaje y establece el tono del repertorio. El grupo demuestra desde el arranque su dominio del soniquete y su capacidad para llenar el escenario con una propuesta alegre y bien ejecutada, más efectista que narrativa, pero eficaz como carta de presentación.
Los pasodobles, sin embargo, dejan sensaciones más tibias. El primero aborda el tema del perdón desde un enfoque generalista y moralizante. La copla transmite un mensaje positivo y reconocible, pero su desarrollo resulta plano y se queda corto de profundidad para una fase tan exigente del Concurso. Funciona desde la corrección formal, aunque no consigue romper ni dejar un poso especial.
El segundo pasodoble gira hacia un terreno claramente concursero, poniendo el foco en el papel del aficionado y en la relación entre quienes hacen Carnaval y quienes lo sostienen desde el patio de butacas. La letra apela directamente al público, reivindicando la humildad del autor frente al ego que pueden generar las redes sociales. La intención conecta con el Falla, pero el planteamiento resulta facilón y se apoya más en la identificación inmediata que en un desarrollo literario sólido.
La tanda de cuplés se sitúa como el tramo más débil del repertorio. El primero, centrado en la higiene del bar del cuñado, ofrece un chiste breve y de escaso recorrido. El segundo, sobre la forma actual de consumir Carnaval a través de TikTok, apunta una idea interesante que no termina de explotarse. Los siguientes cuplés, con referencias a un cura detenido por drogas o a una situación escatológica en un váter portátil, no consiguen elevar el nivel y dejan una sensación de irregularidad y falta de remate. En conjunto, es una tanda claramente por debajo de lo esperado en semifinales.
El estribillo destaca por su musicalidad y pegada rítmica. Funciona por repetición y soniquete, integrándose bien en el conjunto, aunque sin aportar un contenido especialmente memorable más allá de su eficacia musical.
El popurrí devuelve al grupo a su terreno más reconocible. Bien llevado, con ritmo constante y un desarrollo coherente con el tipo, es más disfrutable desde lo musical que desde el humor. Mantiene el pulso de la actuación y permite lucir al grupo en su zona de confort. El cierre, con un rezo final emotivo y una despedida cantada desde la calle, aporta uno de los momentos más reconocibles del pase y deja una sensación más redonda que el resto del repertorio.
En el apartado interpretativo, Los Compay muestran experiencia y oficio. El grupo vende bien la propuesta, con solvencia escénica y un dominio claro del compás, aunque en algunos tramos se percibe una excesiva aceleración que provoca que la música termine tapando al texto. El empaste es correcto y el conjunto se mueve con comodidad dentro de su estilo.
La valoración global del pase es la de una semifinal correcta pero irregular. La chirigota destaca por su musicalidad, su soniquete y una identidad muy clara, pero no termina de explotar en los momentos clave. Los pasodobles no alcanzan la profundidad necesaria y los cuplés quedan lejos del nivel competitivo exigido en esta fase. Los Compay dejan una actuación agradable de escuchar, más animada que hilarante, con una despedida digna que no acaba de dar el golpe definitivo en el COAC 2026.





















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