Los Desconfiaos confirman su fiabilidad competitiva en las semifinales del COAC 2026
La chirigota de la familia Villegas defiende en semifinales del COAC 2026 un repertorio sólido, bien interpretado y muy reconocible, apoyado en el oficio, el tipo y la conexión constante con el Falla
La chirigota Piensa mal y acertarás: Los Desconfiaos volvió a demostrar en las semifinales del COAC 2026 que la experiencia y el dominio del escenario siguen siendo armas decisivas en una fase donde cualquier fisura se paga cara. El grupo gaditano, con autoría de la familia Villegas y dirección de José Manuel Cornejo Benítez, firmó un pase seguro, coherente y muy bien defendido, que refuerza su condición de conjunto competitivo dentro de una modalidad especialmente ajustada.
La idea del repertorio gira en torno a la desconfianza llevada al extremo como rasgo vital. Un tipo abstracto pero fácilmente reconocible, que conecta con comportamientos cotidianos y que se sostiene durante toda la actuación sin perder coherencia. La propuesta continúa la línea conceptual de trabajos anteriores del grupo, como Los exageraos o Los disléxicos, apostando de nuevo por una fórmula basada más en el oficio y la eficacia que en la sorpresa.
La presentación cumple perfectamente su función. Desde un arranque escénico sencillo, apoyado en el juego de luces y sombras, introduce con claridad el concepto del personaje y establece el tono humorístico del repertorio. No busca un impacto grandilocuente, sino una entrada limpia y bien medida que conecta rápido con el público y prepara el terreno para el desarrollo posterior.
En los pasodobles llega uno de los puntos fuertes del pase. El primero defiende la sanidad pública a través de un diálogo entre médicos, planteando la disyuntiva entre acudir a la privada o quedarse en la pública incluso cuando el profesional enferma. La copla destaca por su enfoque original, su mensaje ético claro y un remate bien resuelto que conecta con la realidad social sin caer en el sermón.
El segundo pasodoble se mueve hacia el piropo a Cádiz desde una óptica claramente concursera. La letra enlaza referencias a pasodobles históricos del Carnaval, evocando coplas de agrupaciones clásicas que forman parte de la memoria colectiva del aficionado. Es una copla efectista, diseñada para el reconocimiento y la emoción compartida, que funciona muy bien en el teatro y refuerza la complicidad con el público.
La tanda de cuplés mantiene un nivel alto y mejora respecto a fases anteriores. Muy ligados al tipo, juegan con situaciones absurdas derivadas de la desconfianza extrema: desde la incineración de un jefe por si acaso no estaba muerto, hasta escenas en la Caleta con gaviotas “sospechosas”, reprimendas maternas o comparaciones entre la tristeza de Martínez Ares y Álex Ubago. El humor es directo, bien estructurado y sostenido por una interpretación muy segura.
El estribillo resulta pegadizo y plenamente integrado en la idea central del repertorio. Funciona por repetición y por su clara identificación con el tipo, reforzando el hilo conductor sin romper el ritmo de la actuación.
El popurrí se presenta como un bloque continuista, sin grandes giros ni sorpresas, pero muy eficaz. La acumulación de situaciones reconocibles, el ritmo constante y la claridad interpretativa hacen que el tramo final se sostenga con solidez. El cierre introduce un giro más emocional, apelando a la confianza recuperada en la amistad y en el Carnaval como refugio, aportando un matiz humano que equilibra el conjunto.
En el apartado interpretativo, la chirigota vuelve a exhibir veteranía y dominio del tempo escénico. El grupo se muestra cómodo, seguro y muy consciente de sus tiempos, con una vocalización cuidada y una dirección visible y efectiva. El Falla responde de manera constante, señal de que el repertorio llega y se entiende.
La valoración global es la de un pase sólido y fiable. Los Desconfiaos no revolucionan la modalidad ni arriesgan en exceso, pero ofrecen una chirigota bien armada, coherente y muy bien defendida. Un repertorio que cumple con nota en semifinales y mantiene opciones reales en una modalidad donde la regularidad y el oficio pueden marcar la diferencia. La incógnita, como casi siempre, queda en manos del jurado.



















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