Los que van a coger papas mejora en semifinales con un Yuyu más efectivo, pero sin terminar de romper en el COAC 2026
La chirigota de José Guerrero firma un pase más sólido que en cuartos, con pasodobles reconocibles y buenos cuplés, aunque deja la sensación de quedarse a medio camino en semifinales
La chirigota Los que van a coger papas, de José Guerrero ‘Yuyu’, afrontó su pase de semifinales del COAC 2026 con la responsabilidad de quien defiende galones y una trayectoria consolidada en el concurso. Tras una actuación irregular en cuartos de final, el grupo regresó a escena con un repertorio algo más afinado en el humor y mejor recibido por el público, aunque sin alcanzar una actuación redonda ni completamente determinante en la pelea por la Gran Final.
El tipo vuelve a situar a la chirigota en un cónclave papal, con los cardenales reunidos en El Vaticano para elegir al nuevo pontífice tras la muerte del anterior. La fumata negra, recurrente durante todo el repertorio, actúa como hilo conductor de una idea clara, reconocible y muy identificable con el universo creativo del Yuyu. Sin embargo, esa misma claridad conceptual termina jugando en contra del conjunto, ya que el recorrido del tipo resulta limitado y no termina de evolucionar a lo largo de la actuación.
La presentación cumple con solvencia su función. La ambientación vaticana está bien definida desde el inicio, con un arranque escénico que sitúa rápidamente al espectador en contexto. El protagonismo del autor es evidente, apoyado en su presencia y carisma, más que en un texto especialmente rompedor. Funciona como puerta de entrada al repertorio, aunque sin generar un impacto fuerte ni una sorpresa destacable.
En los pasodobles llega uno de los bloques más comentados del pase. El primero aborda el uso del preservativo desde un humor surrealista, marca de la casa, con una sucesión de golpes basados en sabores, colores y exageraciones absurdas. La copla avanza con ligereza hasta un giro final serio, en el que se denuncia la pederastia en el seno de la Iglesia. El planteamiento es valiente y coherente con el tipo, pero el remate resulta menos natural y rompe de forma algo brusca el tono humorístico previo.
El segundo pasodoble se centra en las pandemias, utilizando comparaciones y situaciones disparatadas para construir un desarrollo eficaz en lo cómico. La letra va sumando aciertos hasta que, nuevamente, opta por un cierre crítico, esta vez dirigido a la clase política, presentada como una “pandemia” sin vacuna. Aunque el mensaje es claro, el remate vuelve a sentirse forzado y resta fluidez a una copla que funcionaba mejor en su tramo humorístico.
En la tanda de cuplés, la chirigota ofrece un rendimiento más estable. El primero, basado en la noticia real de un proyectil de la Primera Guerra Mundial alojado en el cuerpo de un ciudadano francés, arranca sonrisas y cumple sin llegar a desatar la carcajada general. El segundo cuplé, dedicado al viaje del Cristo del Cachorro al Vaticano, destaca como el más efectivo del bloque corto, especialmente por el remate relacionado con la facturación de la cruz en un avión, que conectó bien con el teatro.
El estribillo acompaña el repertorio sin convertirse en uno de los elementos memorables del pase. Funcional y reconocible, sirve de apoyo sin marcar diferencias claras frente a otras chirigotas de la fase. El popurrí, por su parte, mejora respecto a la actuación de cuartos, incorporando recursos como la lectura de la carta y algunos momentos de comicidad más fina. Aun así, la falta de continuidad y ciertos desajustes interpretativos cortan el ritmo y evitan que el conjunto termine de despegar.
En el apartado interpretativo, el grupo mostró más inseguridad de lo habitual. Hubo pequeños desajustes y una conexión global inferior a la esperada, algo llamativo en una chirigota con experiencia y oficio. El talento y el carisma del autor sostienen buena parte del pase, pero no logran ocultar una sensación de irregularidad que se arrastra durante toda la actuación.
En conjunto, Los que van a coger papas firmó un pase de semifinales correcto y claramente superior al de cuartos, pero insuficiente para imponerse con autoridad. La chirigota cumple, mejora y deja momentos reconocibles, aunque sin esa explosión que la sitúe de forma incuestionable entre las grandes actuaciones del COAC 2026. Un repertorio que se apoya más en el sello personal del Yuyu que en un desarrollo realmente redondo, y que deja abierta su suerte en manos del jurado.























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