Los Invisibles consolidan a Manuel Cornejo en la élite con una comparsa de alto nivel literario en la Final del COAC 2026
La comparsa gaditana firma un pase sólido y emotivo en la Gran Final del COAC 2026, destacando por la escritura de sus pasodobles y una interpretación muy segura, aunque con una idea demasiado abstracta
La comparsa Los Invisibles, de Manuel Lorenzo Cornejo Puente, confirmó en la Gran Final del COAC 2026 que su presencia en la última noche del Concurso no es casualidad. El grupo gaditano alcanzó su segunda final consecutiva con una propuesta reconocible, cuidada en lo literario y defendida con solidez vocal, que volvió a situar a su autor entre los nombres consolidados de la modalidad.
Desde la presentación, la comparsa plantea una alegoría clara: la de todas aquellas personas que viven al margen de la mirada social y que solo encuentran visibilidad cuando llega febrero. Invisibles por sistema, visibles por Carnaval. La idea, más lírica que teatral, sirve como soporte para un repertorio abierto, capaz de abordar distintos temas desde una misma sensibilidad. La presentación cumple su función sin buscar un golpe inmediato, apoyándose más en el mensaje que en el impacto escénico.
El primer pasodoble marca uno de los momentos más valientes del pase. Cornejo aborda la identidad de género a través de un entierro simbólico, narrando el final de una vida marcada por el sufrimiento para dar paso a un renacer. El giro final, con la salida de María del quirófano, aporta intención y coherencia al relato. Es una letra bien construida, con respeto y sensibilidad, más destacable por su planteamiento que por la emoción generada en el teatro.
El segundo pasodoble conecta de lleno con el contexto de la noche. Una copla claramente concursera, dedicada a la Gran Final del Falla, al camino recorrido y a la fortuna de poder vivir ese momento. Cornejo recurre a imágenes reconocibles —los claveles, los compañeros que no llegaron, la escalerilla de Medicina cantando por Paco Alba— para construir una letra que sí logra levantar al público y que se convierte en el gran punto álgido del repertorio.
En los cuplés, Los Invisibles mantienen un nivel correcto. El primero, sobre el desconcierto en misa al sentarse y levantarse, funciona desde el humor blanco y cotidiano. El segundo introduce una maldad más directa con la moda del pistacho en la cocina y una referencia al obispo de Cádiz. El remate resulta desagradable para parte del público, pero efectivo dentro del código carnavalesco.
El estribillo queda integrado sin protagonismo propio, actuando como nexo dentro del repertorio sin buscar el lucimiento independiente.
El popurrí y el final refuerzan el mensaje central de la comparsa. La despedida es emotiva, con una evocación constante a la visibilidad que ofrece el Carnaval y una lluvia simbólica de flores que remite a otros tiempos del Falla. El cierre resulta coherente con la idea y deja una sensación de recogimiento y respeto en el teatro.
En el apartado interpretativo, el grupo muestra su mejor versión del Concurso. Afinación segura, empaste sólido y una garra mayor que en fases anteriores sostienen un repertorio que gana enteros desde la ejecución. La escritura de Cornejo vuelve a dejar su sello personal, con giros finales reconocibles y una mirada propia que distingue a esta comparsa del resto.
El balance global es claro. Los Invisibles es una finalista merecida, destacada más por su nivel literario e interpretativo que por la concreción de su concepto. La idea, demasiado abstracta en algunos momentos, limita el impacto escénico, pero no empaña un paso adelante evidente en madurez. Manuel Cornejo consolida así su proyecto comparsista, con margen aún para crecer si logra dotar de mayor claridad narrativa a futuras propuestas.















Contenido recomendado





