El corista y autor de ADN ofrece el pregón del Gran Momo en la plaza de San Antonio y da paso a la quema del Dios Momo, en un acto central del Carnaval que no pone fin a la fiesta, que continuará en Cádiz hasta el domingo.

La plaza de San Antonio acogió en la noche de este martes el pregón y la quema del Dios Momo del Carnaval de Cádiz 2026, un acto organizado por la Federación Provincial de Peñas Gaditanas que volvió a reunir a numeroso público en uno de los escenarios clásicos de la fiesta. El encargado de poner voz al pregón fue Luis Rivero, corista de larga trayectoria y autor este año del coro ADN, que afrontó el acto con un discurso reflexivo y claramente articulado en torno a la idea de renovación del Carnaval.
Tras el pregón, se procedió a la quema del Dios Momo en la propia plaza, donde el muñeco fue consumido por las llamas como marca la tradición. Lejos de suponer el final del Carnaval en Cádiz, el acto se inscribe como uno de los momentos centrales de la programación, ya que la fiesta continuará en la calle durante los próximos días, hasta el domingo, con la presencia constante de agrupaciones y público en distintos puntos de la ciudad.
Rivero planteó su pregón como una despedida del Carnaval vivido, pero también como una llamada a pensar en el que está por venir. Desde el inicio recurrió a la imagen del ave fénix para explicar la necesidad de dejar atrás determinados comportamientos y dinámicas que, a su juicio, perjudican a la fiesta, con el objetivo de que el Carnaval resurja fortalecido desde lo esencial. El tono fue serio, medido y alejado de la mera exaltación, con un hilo argumental sostenido a lo largo de toda la intervención.
El pregón arrancó con un recuerdo explícito a Paco Alba, figura clave en la historia del Carnaval moderno, coincidiendo con el cincuenta aniversario de su fallecimiento. Rivero situó su legado como punto de partida de la fiesta actual y como referencia obligada para entender el presente del Carnaval, antes de ir desgranando los distintos bloques temáticos que conformaron su discurso.
Uno de los ejes más destacados fue la defensa de un Carnaval feminista. El pregonero abordó sin rodeos expresiones y actitudes que siguen presentes en la fiesta y que evidencian desigualdades de género. Defendió la necesidad de seguir aplicando medidas correctoras y apeló a la autocrítica colectiva para avanzar hacia una igualdad real, subrayando que el Carnaval, como reflejo de la sociedad, no puede permanecer ajeno a este debate.
La libertad creativa ocupó otro de los grandes bloques del pregón. Rivero reclamó un Carnaval libre de dogmas, corrientes cerradas y presiones externas, alertando del peso que pueden llegar a tener los juicios interesados y las valoraciones sesgadas. En este sentido, defendió la sinceridad como base de la creación carnavalesca, incluso cuando el mensaje pueda resultar incómodo o impopular.
Especial atención dedicó a la modalidad de coros y al tango gaditano, reivindicando su valor patrimonial y su espacio natural en la calle. Rivero defendió la batea como uno de los símbolos más auténticos del Carnaval y reclamó respeto para una modalidad que, recordó, ha sostenido la fiesta en momentos en los que otras formas de participación desaparecían del espacio público.
El pregón incluyó también una reflexión sobre la gestión del Carnaval, con la propuesta de crear una concejalía específica dedicada exclusivamente a la fiesta. Rivero argumentó que el Carnaval ha adquirido una dimensión artística, cultural y económica que justifica una estructura propia y una atención permanente durante todo el año, más allá de los días concretos de celebración.
En el tramo final, el discurso se centró en las personas anónimas que hacen posible el Carnaval: componentes que ensayan durante meses, que no alcanzan premios ni visibilidad mediática y que sostienen la fiesta desde la base. Rivero reclamó para ellas un mayor reconocimiento y defendió que el protagonismo del Carnaval debe recaer, por encima de todo, en quienes lo construyen desde dentro.
El cierre del pregón apeló a recuperar la mirada de la infancia como forma de vivir el Carnaval sin toxicidad, sin egos y sin imposiciones, reivindicando la ilusión y la inocencia como valores necesarios para mantener viva la fiesta. Tras sus últimas palabras, el fuego consumió el Dios Momo en la plaza de San Antonio, mientras Cádiz se prepara para seguir viviendo el Carnaval en la calle hasta el domingo, con coplas, disfraces y convivencia como protagonistas.
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