Interrumpir el tratamiento del asma en verano aumenta el riesgo de crisis, según un neumólogo en Los Barrios
El Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar advierte de que interrumpir el tratamiento del asma en verano sin supervisión médica puede desencadenar crisis, especialmente en niños y en entornos con calor, humedad o aire acondicionado

Reducir o interrumpir el tratamiento del asma en verano sin consultar al médico puede aumentar el riesgo de sufrir crisis asmáticas. Así lo advierte el neumólogo José María Ignacio García, especialista del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar, en Los Barrios, quien alerta de que durante los meses estivales muchos pacientes abandonan la medicación al experimentar una mejoría temporal de los síntomas.
El especialista explica que esa mejoría lleva a algunos pacientes a considerar innecesario el tratamiento, lo que deriva en una suspensión que califica de imprudente. Según señala, esta situación se repite en todos los grupos de edad, aunque es más frecuente en niños.
El facultativo subraya que abandonar la medicación incrementa la probabilidad de sufrir una crisis, especialmente si el paciente está expuesto a alérgenos, contaminación ambiental o cambios bruscos de temperatura. En este sentido, insiste en que el tratamiento no debe suspenderse por iniciativa propia, aunque puede ajustarse si así lo determina el médico responsable.
El verano, lejos de ser un periodo exento de riesgos para los asmáticos, concentra diversos factores que pueden agravar la enfermedad. Entre ellos, las altas temperaturas. El calor favorece la sequedad de las vías respiratorias, lo que espesa el moco y dificulta su expulsión, un escenario que puede desencadenar síntomas.
A ello se suma la proliferación de determinados alérgenos. Durante estos meses aumentan algunos pólenes, así como la presencia de ácaros y hongos, que se desarrollan con mayor facilidad en ambientes húmedos y en espacios con sistemas de aire acondicionado.
En relación con las piscinas, el neumólogo advierte de que el cloro y sus derivados, como las cloraminas, pueden irritar la mucosa respiratoria y precipitar crisis asmáticas. Este riesgo es mayor en menores y en piscinas cubiertas con ventilación deficiente.
La deshidratación es otro de los factores a tener en cuenta. La pérdida de líquidos por la sudoración incrementa la viscosidad del moco, lo que puede dificultar el control de la enfermedad. Por ello, el especialista recomienda mantener una hidratación adecuada y evitar entornos excesivamente secos.
El uso de sistemas de climatización también requiere precaución. Los filtros del aire acondicionado, si no se limpian con regularidad, pueden acumular polvo, hongos y otros alérgenos que se dispersan en el ambiente. Además, temperaturas muy bajas o un aire excesivamente seco pueden favorecer la aparición de síntomas.
El moho en viviendas con humedades constituye otro elemento de riesgo. Según explica el neumólogo, las esporas y compuestos volátiles que libera pueden provocar un empeoramiento severo del asma. En zonas costeras, donde la humedad ambiental es elevada, aconseja revisar el estado de las viviendas antes de alquilarlas, especialmente en periodos vacacionales.
El asma es una enfermedad crónica de las vías respiratorias que requiere tratamiento continuado para mantener el control de los síntomas y prevenir exacerbaciones. Aunque algunos pacientes experimentan una mejoría estacional, los especialistas insisten en la importancia de mantener la medicación pautada y acudir a revisión médica antes de realizar cualquier modificación.
En la comarca del Campo de Gibraltar, donde las condiciones climáticas del verano combinan altas temperaturas y niveles variables de humedad, los profesionales sanitarios recuerdan la necesidad de extremar las precauciones. Mantener el tratamiento, vigilar la exposición a desencadenantes y consultar ante cualquier cambio en los síntomas son medidas clave para evitar crisis asmáticas durante los meses estivales.



