¡A las armas ciudadanos!

José Luis BenAsí comienza la estrofa principal de la Marsella, la continuación como casi todo el himno en general es bastante sangriento, el signo de los tiempos. Sin embargo hay un aire exultante en el verso, que llama a una gloria democrática e igualitaria, que otorga una condición de dignidad humana hasta entonces desconocida. La condición de ciudadano que se une a la apelación a las armas, con el fin seguro de combatir la tiranía, con ese cántico coral que presupone y que hace  tenga su pellizquito entre las personas de sensibilidad democrática. Y lo traigo a colación hoy porque me parece que cuando se inicia un periodo electoral, en muy poco entramos de nuevo en uno, hay como una llamada a la ciudadanía para entablar un combate por la democracia y las libertades. Un combate incruento sin duda.

En unos días, de hecho ya estamos en época electoral, los ciudadanos y las ciudadanas comenzarán a escuchar el fragor de un combate entre grupos, facciones, partidos de toda índole reclamando cada uno para si las banderas de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la prosperidad, la solidaridad, la grandeza de los ideales más diversos en todas sus vertientes. En medio de ese combate nos veremos todos envueltos. Unos más activos tomarán las armas de la propaganda y recorrerán calles, plazas, mercados, edificios, caminos y veredas tratando de convencer a otros ciudadanos de que sus valores, sus ideas y sus propuestas son las más adecuadas para la patria y para sus gentes.

Hablo de una guerra incruenta, regulada por leyes que nos hemos dado, en la que no debe haber caídos ni sangre derramada empapando la tierra. Las palabras serán las munición esencial que debe cruzarse en estos días y entre los diferentes bandos que se aprestan a la lucha, al combate democrático. Palabras acompañadas de imágenes, formando eslóganes y manifiestos. Palabras de compromiso, de promesa, de proyecto, de ilusión, de ataque, de defensa, de explicación, palabras lanzadas a la ciudadanía. Palabras que buscan convencer, atraer, afianzar, fidelizar, en definitiva que el día designado, en la escaramuza final, las urnas nos comuniquen el resultado final de las innumerables batallas que en esos días tuvieron lugar.

Una apelación al combate, pacífico por fortuna en nuestros días, el que nos hace el verso revolucionario y con el que deja claro dónde está el protagonismo en las democracias, en los ciudadanos, y en las ciudadanas que añadimos en la actualidad. Años, siglos de combate para que las grandes decisiones, la elección de los gobernantes y de los legisladores sean una tarea colectiva de la gente, de toda la gente. Por eso como ciudadano voy a tomar mis armas estos días y voy a combatir. Expondré las ideas que me parezcan más adecuadas, apoyaré las propuestas que considere razonables y necesarias, escucharé las voces de las mujeres y los hombres que aspiran a las magistraturas democráticas, propagaré los mensajes que opine son necesarios, difundiré mis palabras para que sean oídas por otros ciudadanos. En definitiva voy a usar todas las armas que tengo como ciudadano libre para pelear en esta batalla que son unas elecciones. Y, como no podía ser menos, animo a toda la ciudadanía a hacer lo mismo. ¡A las armas ciudadanos!… y ciudadanas.

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