La noche dejó tres pases de referencia —el coro gaditano ‘ADN’, la chirigota viñera ‘Los cadisapiens (La involución)’ y la comparsa sevillana ‘Culpable’— junto al debut murguero de ‘Los legías con G’, la elegancia ceutí de ‘La hipócrita’ y la simbología algecireña de ‘Los trapos sucios’

La sesión de preliminares del COAC 2026 ofreció un recorrido intenso por casi todo el mapa del concurso, con coro, comparsas y chirigotas de gaditanía reconocible y acentos foráneos muy marcados. Sobre el escenario del Gran Teatro Falla fueron desfilando, por este orden, el coro ‘ADN’, la chirigota ‘San Taratachín’, la comparsa ‘La hipócrita’, la chirigota ‘Los cadisapiens (La involución)’, la comparsa ‘Los trapos sucios’, la chirigota ‘Los legías con G’ y la comparsa ‘Culpable’. El balance dejó tres nombres claramente reforzados en clave competitiva —‘ADN’, ‘Los cadisapiens’ y ‘Culpable’— y una fotografía nítida de las distintas velocidades del certamen.
Abrió la noche el coro gaditano ‘ADN’, obra de Juan Manuel Moreno Gandúl y Luis Manuel Rivero, con una propuesta centrada en la identidad gaditana y en la metáfora genética para explicar la historia de la ciudad. La presentación apostó por la solemnidad, con un dispositivo dramático de “fábrica de sueños” dedicada a recomponer el ADN de Cádiz. El primer tango sirvió de homenaje a Paco Alba en el 50 aniversario de su fallecimiento, mientras que el segundo se adentró en la denuncia sanitaria en torno a los fallos en los cribados oncológicos, una de las letras más cargadas de sentido de la noche. Musicalmente, el coro volvió a exhibir afinación, empaste y control técnico, aunque la tanda de cuplés quedó en terreno discreto. El popurrí, apoyado en la doble hélice y los cromosomas como imágenes centrales, confirmó la apuesta por un coro más académico que efectista y colocó a ‘ADN’ entre los candidatos firmes a las fases altas.
A continuación llegó la chirigota sanluqueña ‘San Taratachín’, con música de Juan Manuel Braza “el Sheriff” y letra y dirección de Rubén Galán Lara. El santo chirigotero, patrón del Carnaval y “santo de febrero”, protagonizó una presentación animada y metacarnavalera que fue lo mejor del pase, con halos luminosos, plegarias festivas y ritmo marca de la casa. Los pasodobles mezclaron presentación del personaje y crítica política en torno a la situación de Andalucía y las declaraciones sobre “contar”, pero sin terminar de despegar en lo literario. Los cuplés se quedaron muy cortos, con humor escatológico y recursos gastados, y el popurrí se apoyó casi por completo en guiños internos al propio concurso sin desarrollar realmente al santo como personaje. El grupo mostró carencias vocales y estridencias que lastraron la música del Sheriff y dejaron la chirigota en un terreno de simpatía más que de verdadera competitividad.
La tercera en aparecer fue la comparsa ceutí ‘La hipócrita’, heredera de ‘Los caballas’. El tipo de girasoles que se inclinan hacia el sol como metáfora del ser humano que se arrima al poder más conveniente arrancó con una presentación elegante, afinada y bien construida, donde se explicaba con claridad el vínculo entre la flor y la hipocresía. El primer pasodoble abordó la violencia machista desde el recurso de los nombres de mujer, correcto pero poco sorprendente; el segundo dio un salto cualitativo con la crítica al obispo Rafael Zornoza y el caso de presuntos abusos, articulando la denuncia desde el nexo Cádiz-Ceuta por la diócesis compartida. Los cuplés, sobre terraplanistas y ayuno intermitente, quedaron en línea de comparsa clásica, sin vuelo especial. El popurrí fue el tramo más problemático: la abstracción del concepto se impuso y el girasol desapareció como eje narrativo, diluyendo un tipo que pedía más dramaturgia. Aun así, el grupo confirmó gusto y un nivel de afinación por encima de la media.
En cuarto lugar irrumpió la chirigota viñera ‘Los cadisapiens (La involución)’, una de las grandes noticias de la sesión. Con un tipo de trogloditas gaditanos refugiados en la cueva como metáfora de la defensa de la chirigota clásica, el grupo volvió a reivindicar el compás y la raíz. Los pasodobles, con dedicatoria íntima a Manolo Santander y homenaje a Paco Alba en clave de oración, marcaron el punto más alto del pase: música castiza, remate sin estridencias y una emoción bien medida. La tanda de cuplés funcionó con originalidad estructural y remates eficaces, desde el robo del Louvre hasta la crítica a la Casa del Carnaval y el guiño a figuras gaditanas conocidas. El popurrí desarrolló la involución como acto de resistencia identitaria, entre bingo de marías, bares, extractor amarillo y vida de barrio. Sin buscar modernizar nada, la chirigota dejó una actuación sólida, reconocible y con cuartos de final claramente a tiro.
Tras ellos llegó la comparsa algecireña ‘Los trapos sucios’, que apostó por un concepto alegórico: espíritus encargados de lavar las manchas morales de la humanidad. La presentación explicó el pacto con los dioses y la simbología del lavadero y los tendederos, pero el desarrollo no terminó de concretar la idea. Los pasodobles, sobre cribados de cáncer de mama y un atentado de ETA, se movieron en un registro serio, con valentía temática pero cierta desubicación temporal y musical. Los cuplés a la Casa Real no pasaron del chiste plano y el popurrí, aunque tuvo momentos de poesía al contraponer la suciedad moral al blanco de los recuerdos íntimos, se perdió en la abstracción. El grupo mostró oficio vocal, pero la sensación fue la de una comparsa con músculo y sin obra redonda.
En penúltimo lugar se presentó la chirigota tinerfeña ‘Los legías con G’, primer grupo de Santa Cruz de Tenerife en el concurso, con tipo de legionarios romanos. El entusiasmo del grupo contrastó con el choque de códigos: lo que en origen es murga canaria llegó al Falla casi sin adaptación al canon gaditano. Las “canciones de la risa” no tuvieron estructura de pasodoble, los cuplés se encadenaron sin estribillo claro ni silencios, y el popurrí derivó en un espectáculo de imitaciones y varietés que desconcertó al público. La afinación fue irregular y el tempo, inestable, pero la agrupación dejó al menos la lectura sociocultural de un encuentro entre carnavales distintos, más que una opción competitiva real.
Cerró la sesión la comparsa sevillana ‘Culpable’, de Alcalá de Guadaíra, que articuló un metacarnaval emocional desde un tipo penitenciario: presos por amar el Carnaval de Cádiz desde fuera. La presentación definió la clave de culpa y condena, el primer pasodoble presentó el tipo sin victimismo y el segundo miró a la memoria histórica a través de un anciano que vivió la dictadura frente a la nostalgia franquista actual. Los cuplés, sobre Juan Carlos I y Tejero, tuvieron más peso de comentario social que de humor, pero el estribillo encajó bien en el universo carcelario. El popurrí fue el tramo más redondo, sosteniendo el personaje y culminando en la idea central: culpable por nombrar y querer a Cádiz. La potencia vocal del grupo y la personalidad musical de Zamudio colocaron a ‘Culpable’ entre los nombres propios de la noche.
La sesión se cerró, así, con un balance claro: ‘ADN’, ‘Los cadisapiens’ y ‘Culpable’ dieron un paso al frente en clave de concurso; ‘La hipócrita’ dejó elegancia y dudas conceptuales; ‘San Taratachín’, ‘Los trapos sucios’ y ‘Los legías con G’ se quedaron, por distintos motivos, lejos de la pelea por objetivos mayores.
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