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El 83% de las familias monoparentales en Andalucía está encabezado por una mujer

Redacción 3 noviembre, 2026 4 minutos de lectura

Un informe sobre familias monoparentales en Andalucía señala que el 76,2% de las madres desempleadas encuestadas depende de apoyos económicos o materiales

El 83% de las familias monoparentales en Andalucía está encabezado por una mujer. Son 277.400 de los 332.700 hogares de este tipo contabilizados en la comunidad, frente a 55.300 con un hombre al frente, según los últimos datos disponibles de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes a 2020.

La elevada presencia femenina coincide con una situación de especial vulnerabilidad entre las madres que crían solas y se encuentran en desempleo. El 76,2% de las participantes en una encuesta de la Fundación Adecco recibe habitualmente ayuda económica o material de familiares, administraciones públicas o entidades sociales para cubrir las necesidades básicas del hogar.

Los datos forman parte de la decimocuarta edición del informe Monoparentalidad y empleo, presentado el 3 de noviembre de 2026. El estudio se basa en las respuestas de 210 mujeres con responsabilidades familiares no compartidas y en situación de desempleo, y analiza sus dificultades económicas y las barreras que encuentran para incorporarse al mercado laboral.

Entre quienes recurren a apoyos, el 51% depende principalmente de ayudas o prestaciones públicas, el 19% del respaldo familiar y el 12% de entidades sociales. El 18% restante combina varias de estas vías. Además, un 16% afirma necesitar ayuda, pero no recibirla.

La continuidad de esos recursos tampoco está asegurada para buena parte de las encuestadas. El 62,9% tiene poca o ninguna seguridad de poder seguir contando con ellos durante los próximos doce meses, una incertidumbre que afecta a su capacidad para afrontar imprevistos y planificar los gastos familiares.

La falta de margen económico aparece también reflejada en las dificultades para llegar a final de mes. Nueve de cada diez participantes declaran hacerlo con algún grado de dificultad: el 43% con mucha dificultad, el 33% con dificultad y el 14% con cierta dificultad.

La educación de los hijos es el gasto más difícil de cubrir, citado por el 54% de las mujeres. Le siguen la vivienda, incluidos el alquiler, la hipoteca y los suministros, con un 44%; la alimentación, con un 42,5%; la ropa y el calzado, con un 35,4%, y el ocio y las actividades familiares, con un 34,6%.

El 73% de las madres en solitario desempleadas que participaron en el estudio tampoco podría asumir con recursos propios un gasto imprevisto de 600 euros sin pedir ayuda o recurrir al crédito. Otro 20,6% asegura que podría pagarlo, aunque con mucha dificultad, mientras que únicamente el 6,4% tendría capacidad para afrontarlo sin problemas.

La presión de los gastos residenciales afecta de manera particular a los hogares con una sola persona adulta. Un análisis de la Plataforma de Infancia, elaborado a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE y recogido en el informe, indica que para el 56% de las familias monoparentales la hipoteca o el alquiler y los servicios vinculados a la vivienda representan una carga pesada. Cerca del 24% ha acumulado retrasos en pagos relacionados con su residencia principal.

En el conjunto de España, la tasa AROPE —que mide el riesgo de pobreza o exclusión social mediante los ingresos, la privación material y social severa y la baja intensidad laboral— alcanza el 50,6% en los hogares formados por una persona adulta y uno o más menores dependientes. El porcentaje aumentó tres décimas durante el último año, mientras la media general bajó ligeramente del 25,8% al 25,7%.

Las dificultades económicas condicionan también las decisiones laborales. El 49,5% de las encuestadas aceptaría un empleo sin alta en la Seguridad Social con tal de trabajar. Cristina Leirós, responsable del programa Mujer de la Fundación Adecco, advierte de que este tipo de empleo puede aliviar una necesidad inmediata, pero deja a las trabajadoras sin cotización ni protección ante una enfermedad, un accidente o la pérdida del puesto.

La conciliación constituye otra de las principales barreras. El 73,2% ha rechazado alguna oferta de empleo o abandonado un proceso de selección porque el horario, la jornada o la falta de flexibilidad eran incompatibles con el cuidado de sus hijos. A su vez, el 56% considera que mencionar su condición de madre en solitario durante una selección reduce sus posibilidades de contratación.

El 78,1% cree que un trabajo estable, con salario suficiente y compatible con sus responsabilidades familiares, le permitiría dejar de necesitar total o parcialmente los apoyos familiares, públicos o sociales. Begoña Bravo, directora de Inclusión de la Fundación Adecco, sostiene que el empleo puede reducir esa dependencia siempre que sea formal, garantice ingresos y derechos suficientes y pueda mantenerse sin entrar en conflicto permanente con los cuidados.

En la difusión de la encuesta y la captación de participantes colaboraron, entre otras entidades, Acción contra el Hambre, Cáritas, CEAR, Asociación Arrabal-AID, Asociación Avanti Andalucía Siglo XXI, Fundación “la Caixa”, Fundación Esplai, Humana y distintas organizaciones de familias monoparentales.