El coro ‘¡Qué pechá de paja!’ no encuentra el salto competitivo en su segundo pase de cuartos del COAC 2026
La propuesta humorística de Valdés vuelve al Gran Teatro Falla con animales de granja y un repertorio volcado en la pamplina que repite esquema respecto a preliminares y deja dudas serias sobre su recorrido en el COAC 2026
El coro chirigotero ‘¡Qué pechá de paja!’ afrontó su segundo pase en los cuartos de final del COAC 2026 en el Gran Teatro Falla sin lograr cambiar de forma sustancial las sensaciones dejadas en preliminares. La agrupación gaditana, con letra de Cesáreo López Díaz y José Manuel Valdés Álvarez, música de Juan Antonio Díaz Dota y José Manuel Martínez Sierra, y dirección de este último, volvió a apostar de manera casi exclusiva por el humor como eje del repertorio, en una propuesta que prioriza la acumulación de chistes frente al desarrollo competitivo.
El tipo sitúa a los componentes como animales de granja, con Valdés ejerciendo de granjero, en una estética reconocible y simpática que vuelve a jugar con un imaginario infantil y naïf. La llegada al Falla marcada por el temporal, con referencias al pasacalles y el uso de manguitos, se integra como guiño circunstancial dentro del planteamiento general. Sin embargo, el concepto no presenta una evolución clara respecto al primer pase, manteniéndose en un terreno muy similar tanto en estructura como en intención.
La presentación funciona mejor desde lo visual que desde lo escénico. La imagen de la granja resulta amable y fácilmente identificable, pero el arranque no consigue generar la energía necesaria para enganchar al teatro desde el inicio. El humor se apoya en juegos de palabras, sonidos animales y situaciones disparatadas que buscan la risa constante, aunque sin un golpe inicial que marque diferencia dentro de una fase tan exigente como los cuartos.
En el bloque de tangos, el coro ofrece dos coplas de registro muy distinto. El primero opta por un tono emocional para narrar una historia de superación tras una enfermedad oncológica, utilizando como símbolo la campana que suena al finalizar el tratamiento. El mensaje es positivo y celebratorio, con una intención clara y respetuosa, pero el desarrollo musical y literario se queda corto de vuelo, apoyándose más en el gesto que en el pellizco. La música acompaña sin riesgo y la copla no termina de levantar el pase.
El segundo tango se mueve en un terreno más concursero, con un recorrido nostálgico por las “noches de gloria” del Gran Teatro Falla. La letra enumera referentes de las décadas de los ochenta y noventa, construyendo una sucesión de recuerdos que culmina en un homenaje a Selu García Cossío, en un año marcado por su retirada. El guiño resulta reconocible y eficaz como cierre, aunque el desarrollo previo es previsible y la verdadera intención de la copla se concentra únicamente en el remate final.
Los cuplés, llamados a ser el pilar de una propuesta basada en el humor, no cumplen con esa función. El primero juega con la adopción de animales y remata con una referencia a los “camellos del barrio”, un chiste muy visto que apenas genera respuesta. El segundo recurre a un bastinazo clásico basado en la suegra, con un remate grueso y desfasado que no conecta con el patio de butacas. En conjunto, este bloque deja una sensación de oportunidad desaprovechada dentro del repertorio.
El estribillo cumple de manera funcional su papel de transición, pero carece de capacidad de arrastre y no consigue elevar la tanda. El popurrí, extenso y cargado de chistes encadenados, acusa pronto el desgaste. La falta de una estructura clara, la repetición de recursos y un humor facilón provocan que la progresión se diluya, sin que el tramo final logre remontar el interés del pase.
En el apartado interpretativo, el coro se muestra correcto a nivel escénico, con actitud y entrega constante, pero presenta un déficit vocal evidente. El cante no termina de sostener el repertorio y la sensación general es la de un grupo que se apoya más en la simpatía que en una convicción real de estar compitiendo por un puesto alto en la modalidad.
‘¡Qué pechá de paja!’ deja en su segundo pase de cuartos del COAC 2026 una actuación muy similar a la anterior, sin aportar elementos nuevos que justifiquen un crecimiento claro. La imagen simpática y la apuesta decidida por el humor no resultan suficientes en un concurso que exige solidez, evolución y mayor elaboración. Un repertorio plano, más cercano a la calle que al Falla, que complica seriamente sus opciones de avanzar si se valora el conjunto y la consistencia del proyecto.


















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