El cuarteto infantil ‘Los tatatatataranietas del colorín…’ lleva los cuentos al Falla en el COAC 2026
El cuarteto infantil de Cádiz reinterpretó cuentos clásicos con humor, mensaje y ritmo teatral, consolidando su presencia en la cantera del COAC 2026 con una propuesta de cuatro intérpretes en escena.
El cuarteto infantil ‘Los tatatatataranietas del colorín…’, procedente de Cádiz, actuó en la sesión de cantera del COAC 2026 con una propuesta que llevó al escenario una lectura humorística y contemporánea de los cuentos clásicos. Con letra y música de Patrocinio Avilés Cabello y José Carlos Patrón Valladares, dirección de María de los Ángeles Vinaza Vergara y representación legal del propio Patrón, el grupo se presentó por segundo año consecutivo tras concurrir en 2025 como ‘Las primeras de Cádiz Cádiz’.
El tipo representaba a un conjunto de princesas salidas de diferentes relatos infantiles que se encontraban en un mundo actual. La puesta en escena incluía elementos como coronas, alas, vestidos, manzanas, complementos y un forillo que aludía al universo de los cuentos de hadas. La elección del tipo permitió conectar con imaginarios reconocibles para niñas y niños, al tiempo que incorporó humor teatral, trabajo de texto y referencias contemporáneas como internet, influencers o la carga de actividades extraescolares.
La parodia inicial reveló el punto de partida narrativo: las princesas viajan entre cuentos, se equivocan de época o de relato y descubren que la vida cotidiana implica madrugar, ir al colegio, estudiar y mantener el ritmo de actividades. Las situaciones se resolvieron con un humor limpio y apto para público familiar, basado en la exageración gestual, los equívocos y la sorpresa, recursos habituales del cuarteto infantil. El patio de butacas acompañó con atención y piropos, dentro del ambiente característico de la modalidad.
En el desarrollo de la escena aparecieron personajes como Cenicienta y Blancanieves, reescritas desde una mirada actual. Uno de los diálogos más celebrados fue el de la princesa que aseguraba necesitar “tai-chín” por el cansancio acumulado entre madrugón, clase y deberes, reflejando una lectura cotidiana del mundo escolar. La parodia también abordó el universo digital mediante la aparición de la “princesita del internet”, que defendía su rol de influencer ante otra que insistía en estudiar para tener un “futuro coherente”, contraponiendo ocio y responsabilidad sin moralina ni juicio duro.
La tanda de cuplés se apoyó en un humor ágil que conectó referencias meteorológicas con situaciones locales, incluyendo un comentario inocente sobre la “borrasca” que derivó en un guiño involuntario al alcalde de Cádiz, presente en la cuarta fila del teatro. La escena se resolvió con naturalidad, sostenida por la risa del público y la sorpresa de las propias intérpretes cuando posteriormente se enteraron de la coincidencia. Los remates se defendieron con seguridad y ritmo, y el cuarteto mantuvo volumen y dicción adecuados para que el texto llegara con claridad.
Tras un breve reajuste escénico, el cuarteto abordó la segunda parte del repertorio, donde la historia adquirió mayor recorrido. Se escucharon referencias a la escuela, a la merienda, a los viajes entre cuentos y a situaciones de convivencia infantil. El bloque incorporó música, polichinelas y un trabajo rítmico que permitió a las cuatro integrantes entrar a compás sin perder el hilo narrativo. La dirección marcó las entradas y distribuyó el espacio con eficacia, teniendo en cuenta la dificultad de la modalidad y la exigencia memorística que supone para intérpretes de esta edad.
El cierre del repertorio incluyó mensajes sobre el acoso escolar, el compañerismo y la autoestima. La mención al bullying se integró desde una óptica educativa, evitando dramatizaciones y situando el conflicto en el plano del aprendizaje y la empatía. Las cuatro niñas resolvieron el final con afinación estable y un teatro volcado en el aplauso, acompañadas por familiares y público que siguió la despedida hasta el último saludo.
En lo interpretativo, el cuarteto demostró dominio del juego actoral, uno de los aspectos más complejos en cantera, y repartió el texto de forma equilibrada entre las cuatro integrantes. Las entrevistas posteriores reflejaron el carácter formativo de la experiencia: una de las componentes señaló que era su primer año en la modalidad y que se había sentido “muy feliz” al percibir la respuesta del público. Otra envió saludos a familia, colegio y profesorado, confirmando el componente comunitario que rodea al concurso infantil.
Con esta actuación, ‘Los tatatatataranietas del colorín…’ volvieron a situar a Cádiz en la modalidad de cuarteto infantil del COAC 2026, una de las más exigentes desde el punto de vista escénico y textual. La sesión reforzó el valor del concurso infantil como espacio de continuidad, aprendizaje y convivencia, indispensable para el relevo generacional del carnaval.

























