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El proyecto UNO-TCAR de la UCA, seleccionado para recibir casi cuatro millones contra el cáncer

Redacción 6 noviembre, 2026 5 minutos de lectura

El proyecto UNO-TCAR desarrollará durante cuatro años células T universales para acortar la preparación de terapias personalizadas y evaluar su seguridad mediante inteligencia artificial

El proyecto UNO-TCAR, liderado por la Universidad de Cádiz (UCA), ha sido seleccionado para recibir 3.999.312 euros de la convocatoria EIC Pathfinder Open 2026 del programa Horizonte Europa. La investigación reúne a 11 entidades de cinco países y persigue desarrollar una nueva generación de terapias celulares contra el cáncer que pueda prepararse en días, frente a las cuatro o seis semanas que requiere actualmente una CAR-T fabricada con células del propio paciente.

La Agencia Ejecutiva del Consejo Europeo de Innovación y de las Pymes (EISMEA) ha invitado al consorcio a iniciar la preparación del acuerdo de subvención, un trámite previo a su formalización definitiva. El trabajo tendrá una duración prevista de cuatro años y estará dirigido por Francisco José García Cózar, catedrático de Inmunología del Departamento de Biomedicina, Biotecnología y Salud Pública de la UCA e investigador vinculado al Instituto de Investigación e Innovación en Ciencias Biomédicas de Cádiz (INiBICA).

Las terapias CAR-T utilizan células T del sistema inmunitario modificadas genéticamente para reconocer y atacar el tumor. En los tratamientos actuales, estas células se extraen habitualmente del propio enfermo, una circunstancia que condiciona tanto los plazos de fabricación como la calidad del material de partida, ya que los pacientes pueden llegar debilitados por el cáncer y por tratamientos anteriores.

UNO-TCAR propone emplear células T procedentes de donantes sanos, preparadas con antelación y conservadas en viales congelados. El equipo denomina a esta base celular chasis T-allo-S®. Las células serán modificadas para evitar que el sistema inmunitario del receptor las destruya y, al mismo tiempo, impedir que dañen tejidos sanos.

La plataforma se diseñará para que esas células universales puedan ser “rearmadas” según las características del tumor de cada paciente. También incorporará interruptores de seguridad destinados a eliminar el producto celular si fuese necesario. El objetivo al término del proyecto es completar una prueba de concepto en el laboratorio, no disponer todavía de un medicamento listo para su uso hospitalario.

García Cózar explica que el proyecto pretende conseguir una terapia específica en cuestión de días desde el diagnóstico de una recaída. El investigador estima además que el sistema podría reducir hasta un 70% los costes respecto a los procedimientos actuales, aunque ese cálculo forma parte de las previsiones de la investigación y deberá comprobarse durante su desarrollo.

La evaluación preclínica se apoyará en una plataforma de órgano en chip, formada por microdispositivos que reproducen un microambiente tumoral humano. Este sistema permitirá observar de manera continuada si las células modificadas destruyen el tumor y si respetan el tejido sano.

La inteligencia artificial se empleará para analizar las imágenes y las señales generadas por los sensores de estos dispositivos. Los modelos tratarán de predecir la evolución de la terapia, su eficacia y distintos indicadores de seguridad, aunque las decisiones finales serán validadas por personal cualificado. Según el responsable del proyecto, esta metodología también permitirá reducir la experimentación con animales.

El consorcio está integrado por instituciones, centros de investigación y empresas de España, Países Bajos, Alemania, Portugal y Croacia. La UCA coordinará el conjunto del proyecto y dirigirá el desarrollo de los módulos de reconocimiento y la búsqueda de nuevas dianas en los tumores. La propuesta parte del trabajo previo del grupo gaditano, que cuenta con dos estudios recientes y una patente internacional relacionada con la base tecnológica de UNO-TCAR.

Las demás entidades asumirán tareas de edición genética, mejora de la duración de las células terapéuticas en el organismo, análisis de vesículas extracelulares y biomarcadores, fabricación, diseño computacional de anticuerpos, regulación y transferencia de resultados. Un grupo clínico de Ámsterdam trabajará en la persistencia de las células, mientras que la Universidad de Friburgo estudiará biomarcadores que permitan conocer mejor su comportamiento.

Una empresa especializada en microfluídica dirigirá la plataforma de órgano en chip con inteligencia artificial y un socio de informática sanitaria se ocupará del proceso de armado rápido y del control de calidad. También participarán una organización portuguesa de fabricación por contrato, que preparará el desarrollo bajo normas orientadas a un futuro uso clínico; una compañía alemana dedicada al diseño computacional de anticuerpos, y EATRIS, responsable de la estrategia de traslación y acceso.

Al finalizar los cuatro años, el consorcio prevé disponer de un demostrador de laboratorio capaz de ejecutar de forma reproducible el proceso completo de descongelación, armado y validación de las células, con criterios definidos para autorizar su uso experimental. Los siguientes pasos planteados incluyen los estudios regulatorios previos a un ensayo clínico, la fabricación de un lote piloto bajo normas GMP y una solicitud de asesoramiento científico a la Agencia Europea del Medicamento.

El equipo plantea recurrir posteriormente a los programas EIC Transition y EIC Accelerator para financiar esa fase y avanzar hacia un primer ensayo en humanos. Los distintos elementos desarrollados —el chasis celular, los módulos de reconocimiento, el órgano en chip y el control de calidad mediante inteligencia artificial— también podrían utilizarse de manera independiente.

La investigación se desarrolla en un contexto de crecimiento de los diagnósticos de cáncer. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer contabilizó 20 millones de nuevos casos en 2022 y proyecta que la cifra anual alcance los 33 millones en 2050. García Cózar sostiene que las terapias CAR-T ya han permitido tratar a pacientes que habían agotado otras opciones, pero considera necesario ampliar su alcance y reducir los tiempos de preparación.