El uso de redes sociales en adolescentes andaluces: uno de cada diez supera las cinco horas diarias
Un estudio con 5.153 escolares vincula el uso de redes sociales en adolescentes andaluces con peores indicadores de salud mental y revela que el consumo intensivo aumenta durante el fin de semana

El 10,1% de los escolares andaluces dedica más de cinco horas diarias a las redes sociales durante la semana lectiva, un porcentaje que asciende al 23,4% los fines de semana. Son datos del informe Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital, que analiza el uso de redes sociales en adolescentes andaluces y su relación con la salud mental, el ciberacoso, los videojuegos, las apuestas y el acceso a la pornografía.
El estudio se basa en las respuestas de 5.153 alumnos de entre 10 y 20 años pertenecientes a 45 centros educativos de Andalucía. Los datos fueron recogidos entre noviembre de 2024 y junio de 2025 dentro de una investigación promovida por UNICEF España, Red.es, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Ingeniería Informática, con la colaboración de la Junta de Andalucía.
El primer teléfono móvil llega, de media, a los 10,52 años y el 95,2% de los encuestados dispone de uno antes de cumplir los 14. A los 12 años, el 89% ya cuenta con un dispositivo propio. La presencia en redes también comienza a edades tempranas: el 84,4% de los escolares de los últimos cursos de Primaria está registrado en alguna plataforma.
En el conjunto de la muestra, el 94,5% participa al menos en una red social y el 77,8% utiliza tres o más. La mitad mantiene más de un perfil en una misma plataforma y uno de cada diez participa en retos virales. WhatsApp es la aplicación más extendida, con un 80,8% de usuarios, seguida de YouTube, con un 79,9%; TikTok, con un 70,9%, e Instagram, con un 62,1%.
El móvil también permanece presente durante las horas de descanso. El 43% de los participantes duerme todos o casi todos los días con el dispositivo en su habitación y, dentro de este grupo, el 51,2% reconoce utilizarlo de madrugada.
El informe sitúa en un 6,6% la proporción de adolescentes que podría haber desarrollado un uso problemático de las redes sociales, frente al 5,7% registrado en el conjunto nacional. Los autores encuentran una correlación entre este patrón de utilización y unos indicadores de salud mental más desfavorables, aunque los resultados no establecen por sí solos una relación de causa y efecto.
Entre quienes presentan un posible uso problemático, el 34,5% refiere síntomas de ansiedad y el 37% síntomas de depresión. En el grupo que no muestra ese patrón, los porcentajes descienden al 13,1% y al 11,3%, respectivamente.
Las diferencias por sexo aparecen en varias de las conductas analizadas. El posible uso problemático de las redes alcanza al 8,7% de las chicas y al 4,5% de los chicos. Ellas también declaran en mayor medida haber recibido presiones para enviar fotografías o vídeos de contenido erótico o sexual: un 12,9%, frente al 5,4% de ellos.
En cambio, los chicos presentan porcentajes superiores de consumo problemático de pornografía, con un 14,2% frente al 2,2% de las chicas. También muestran una mayor incidencia del uso problemático de los videojuegos: el 39,8% de ellos y el 20,7% de ellas, según el informe. En el conjunto de los participantes, un 1,6% presenta un posible trastorno relacionado con los videojuegos y un 2,4% se clasifica como jugador problemático en apuestas y juego en línea.
El acceso a la pornografía se produce, de media, antes de los 12 años. Uno de cada diez encuestados afirma consumirla habitualmente y el 21,4% de los adolescentes que acceden a estos contenidos presenta signos de consumo problemático.
La investigación también aborda distintas formas de violencia digital. Cerca de uno de cada diez participantes asegura haber sufrido ciberacoso. Además, el 32,6% de los adolescentes que tiene o ha tenido pareja reconoce haber padecido con frecuencia violencia digital ejercida por esta.
En cuanto al acompañamiento familiar, el 52,1% de los progenitores habla con sus hijos sobre los riesgos de internet, mientras que el 43,8% establece normas o límites sobre las horas de uso del móvil, las redes sociales o la conexión a internet. El estudio asocia medidas como dejar el teléfono fuera de la habitación durante la noche o evitarlo en las comidas familiares con una reducción de hasta la mitad en las tasas de uso problemático y las conductas de riesgo en línea.
Las entidades responsables del informe plantean equiparar la violencia digital a la física dentro de los protocolos de protección, reforzar la educación digital en las familias y regular el uso de dispositivos en los centros educativos. También proponen abordar el malestar emocional y el uso problemático de la tecnología desde los sistemas sanitario y educativo, además de exigir a las compañías información sobre el impacto de sus productos en los derechos de la infancia.
UNICEF ha acompañado la presentación del estudio con una campaña dirigida a la industria tecnológica. La iniciativa reclama algoritmos transparentes, sistemas sólidos de verificación de edad y cambios en elementos de diseño como el desplazamiento infinito, concebidos para prolongar el tiempo que los usuarios permanecen en las plataformas.


