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La chirigota infantil ‘Los pieles rojas de la Caleta’ convierte el Falla en una playa llena de color, humor y guiños gaditanos

La agrupación gaditana recurrió a un tipo playero de indios caleteros para agradecer el apoyo del pasado año y reivindicar el cuidado de la Caleta.

La segunda semifinal infantil del COAC 2026 mantuvo un ritmo alto de público y ambiente gracias a propuestas muy celebradas desde el patio de butacas. Entre ellas destacó la chirigota ‘Los pieles rojas de la Caleta’, una agrupación gaditana con autoría de Francisco Javier Gallardo Márquez y Francisco Javier García Rodríguez en letra y música, dirección de Juan Gallardo Mora y representación legal de Francisco Javier Gallardo Márquez. El grupo llegaba tras presentarse en 2025 como ‘Academia de Danzas de Chano Duato’ y ‘La Charca de los Patos’, con tercer premio incluido el pasado concurso.

El tipo resolvía desde el primer golpe de telón la clave conceptual: indios playeros quemados por el sol de la Caleta, convertidos en “pieles rojas” en sentido literal. Plumas, cintas y complementos elaborados —entre ellos fichas de bingo, parchís o lotería, tupper con tortilla de papa, lateros y hasta un chamán caletero— completaban una iconografía carnavalesca que dialogaba con uno de los enclaves simbólicos de la ciudad. No faltó tampoco un telón con Paco Alba, ataviado con plumas, reforzando la filiación con la tradición de Cádiz.

La presentación, articulada en dos partes, agradeció primero la acogida del pasado año y, en segundo término, derivó hacia un mensaje de cuidado del entorno: “hay que cuidar la Caleta”, defendieron. La línea de simpatía se construyó desde el humor blanco y el costumbrismo playero, con referencias a ensayos, esfuerzos familiares y la importancia de compartir escenario con la cantera.

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El primer pasodoble volvió sobre el agradecimiento, pero desde la perspectiva de la vivencia infantil: el debut, los nervios, la acogida del público y el papel de padres, madres y abuelos en un proceso que exige semanas de ensayo. El uso del “gracias” como núcleo lírico reforzó el carácter de ópera de retorno tras el buen papel de 2025. Sin excesos sentimentales, la letra se sostuvo en la experiencia real de un grupo que ya sabe lo que es competir y ser premiado.

El segundo pasodoble pivotó hacia el amor entre hermanos, en la línea de otras letras escuchadas en semifinales infantiles. La pieza evitó la idealización y optó por el registro realista del amor-odio fraternal: jugar, pelear, compartir, competir por la atención de los padres y, pese a todo, quererse “por encima de todo”. La letra funcionó por cercanía generacional y por su equilibrio entre ternura y humor.

La tanda de cuplés fue amplia y variada. El primero abordó la adopción de perros, con un cierre donde la mascota capitalizaba la atención familiar por encima del propio niño. El segundo trató sobre los turistas que llegan a Cádiz, incapaces de gestionar el sol caletero y quedando “rojos como ellos”; la conexión conceptual entre tipo y remate facilitó el efecto cómico. El tercer cuplé giró en torno al simulacro de maremoto realizado en la ciudad, en el que —según cantaron— participaron personalmente. Los tres temas combinaron presente urbano, vida escolar y actualidad local, elementos que suelen funcionar en cantera sin necesidad de entrar en ironías adultas.

La escritura de los cuplés jugó además con una estrategia clásica en chirigota infantil: comenzar en clave “india” para romper después con el castellano gaditanizado, explicitando el mecanismo humorístico sin doble lectura.

El popurrí cerró el repertorio con una serie de escenas costumbristas del verano en la Caleta —bingo, latero, tortilla, chapuzones y calor— presentadas como un ecosistema (“la tribu de la Caleta”). La composición apostó por estribillos coreables, ritmos ligeros y ausencia de gravedad, fiel a la naturaleza de la modalidad infantil. La agrupación aprovechó la buena temperatura del público, que ya desde el primer pasodoble acompañó con aplausos y comentarios desde la platea, en un ambiente que contrastó con sesiones anteriores más contenidas.

Desde el punto de vista interpretativo, ‘Los pieles rojas de la Caleta’ ofrecieron una de las chirigotas más completas del tramo infantil: potencia coral medida, humor sin aristas, dicción comprensible y un tipo resolutivo para escena. La experiencia previa se notó en la seguridad con la que sostuvieron el repertorio completo y en el dominio del tiempo escénico, algo poco frecuente en agrupaciones de cantera.

La actuación finalizó entre aplausos prolongados, confirmando que el humor gaditano en clave infantil sigue siendo uno de los patrimonios más sólidos del concurso. La tribu caletera abandonó el escenario con solvencia, reafirmando la importancia de una cantera que sigue reproduciendo códigos, reinventando tipos y manteniendo vivo uno de los pilares del Carnaval de Cádiz.




























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