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La chirigota Los Antiguos conquista al Falla desde la nostalgia en semifinales del COAC 2026

La propuesta de Iván Romero y Carlos Pérez conecta con el público por su soniquete clásico y la emoción del recuerdo, aunque el repertorio se queda corto en filo competitivo

La chirigota Los Antiguos regresó al escenario del Gran Teatro Falla en las semifinales del COAC 2026 tras dos pases muy celebrados que la habían situado como una de las propuestas más queridas por el público. La agrupación gaditana, con letra de Iván Romero Castellón y Carlos Pérez Pérez y música de este último, defendió un repertorio construido desde la nostalgia, el oficio y el apego a un Carnaval que mira más al pasado que al presente competitivo.

El tipo, viejos murguistas de la Peña Los Antiguos, es uno de los grandes aciertos del año. Reconocible, entrañable y lleno de guiños al Carnaval clásico, funciona desde la primera aparición como vehículo emocional. Más que desarrollar una historia, la chirigota propone una evocación constante de otra forma de entender la fiesta, apoyándose en el soniquete antiguo como eje vertebrador de todo el pase.

La presentación cumple esa función de arranque sentimental. Sin buscar el impacto directo, instala al público en un tono murguista reconocible, cargado de referencias al Cádiz de antes y a un Carnaval sin prisas ni artificios. Es una entrada más evocadora que brillante, pero muy coherente con el tipo y con la intención general del repertorio.

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En los pasodobles se concentra buena parte del debate del pase. El primero aborda la polémica de los llamados “ofendiditos” y la supuesta censura social en el Carnaval actual. La letra opta por un enfoque efectista y muy orientado al aplauso por identificación, con un mensaje discutible y un planteamiento que prioriza el golpe emocional frente al desarrollo crítico. Funciona en el teatro por conexión con parte del público, más que por solidez literaria.

El segundo pasodoble eleva notablemente el nivel. Se trata de un homenaje directo a carnavaleros fallecidos, construido desde la memoria y el afecto. La letra apela sin rodeos al sentimiento colectivo, recordando nombres, gestos y vivencias compartidas. Es una copla claramente competitiva, bien armada y defendida con verdad, que se convierte en uno de los momentos más emotivos de la noche y en el principal argumento del pase.

La tanda de cuplés deja sensaciones encontradas. El primero, basado en la anécdota de la suegra y el patinete, busca el bastinazo con un remate exagerado que termina pasándose de frenada. El segundo entra en terreno concurrero con la cita médica coincidiendo con la Final, un recurso muy visto y de resultado previsible. El estribillo, clásico y reconocible, refuerza el soniquete sin reclamar protagonismo propio.

El popurrí apuesta decididamente por la nostalgia. Construido sobre músicas antiguas y finales reconocibles, recorre un Cádiz que se va desdibujando, con más valor evocador que humorístico. No busca el golpe continuo, sino cerrar el repertorio desde la melancolía y el cariño por una forma de vivir el Carnaval que parece en retirada. El final, cantado con cercanía, deja un poso emocional claro en el teatro.

En el apartado interpretativo, la actuación es desigual. Los achaques del tipo se reflejan también en la ejecución, con momentos de menor precisión vocal, pero el oficio y el compás sostienen el conjunto. El soniquete actúa como red de seguridad y mantiene viva la propuesta incluso en los tramos más irregulares.

El estilo de Los Antiguos se sitúa claramente en la chirigota clásica. Humor suave, poco riesgo formal y una apuesta consciente por la zona de confort, donde la nostalgia y la simpatía pesan más que la mordiente. Es una propuesta que no busca reinventarse, sino reivindicar una identidad muy concreta.

La valoración final es la de una chirigota entrañable y reconocible, que conecta con el público desde el corazón más que desde el filo. Los Antiguos funcionan mejor por lo que representan que por lo que cantan, con un repertorio correcto, un segundo pasodoble de gran carga emocional y un tipo muy bien elegido. Una actuación que deja huella sentimental y que se siente finalista en el ánimo del teatro, aunque competitivamente se quede a medio camino del golpe definitivo.
























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