La chirigota ‘Nos hemos venío arriba’ confirma estilo propio pero mantiene un punto irregular
La chirigota Nos hemos venío arriba en el COAC 2026 presentó un tipo medieval ingenioso y humor agarrado al repertorio, con pasodobles solventes y cuplés con construcción inteligente, aunque un popurrí polarizante
La chirigota de Écija de los hermanos Juan Francisco y David Castro regresó al Gran Teatro Falla con expectativas altas tras el primer accésit logrado en 2025 con ‘Al cielo con él’. Bajo la dirección de Jorge Manuel Rodríguez, el grupo presentó este año ‘Nos hemos venío arriba’, encarnando a caballeros medievales haciendo guardia en un torreón. La propuesta apostó por un tipo con movilidad escénica relativa, ingenio plástico y capacidad metafórica para alimentar el humor: almenas, asedios, vasallaje, defensa del castillo e incluso referencias al pregón.
La presentación arrancó con telón cerrado, oscuridad total y suspense en la primera parte del bloque. La irrupción de los caballeros, armados con armaduras construidas a base de latas, chapas y elementos reciclados, confirmó el sello de la casa: apuesta visual, coherencia con el tipo y humor apoyado en el atrezzo. El arranque fue frío en términos de carcajada, pero efectivo en lectura estética. La música, de soniquete clásico ecijano, acompañó sin estridencias y terminó asentando el bloque, cumpliendo sin explosión humorística.
El primer pasodoble cumplió con el ritual de rigor: pleitesía a Cádiz. La música, continuista respecto a años anteriores, volvió a demostrar identidad propia, con un trío interesante, melodía sencilla y cierre compacto. El grupo defendió el bloque con solvencia y oficio. La interpretación se mantiene como una de las fortalezas del proyecto: afinados, con segunda potente y timbre reconocible. El público agradeció el bloque sin efusividad.
El segundo pasodoble elevó nota con una carta-homenaje a Manu Sánchez, pregonero del Carnaval 2026, presente en el teatro. La letra, construida con ingenio en clave andaluza, defendió su figura más allá del personaje mediático: humorista, defensor de Andalucía, bufón noble y referente cultural. La escena se cerró con ovación y el teatro coreando el nombre del pregonero. En clave de concurso, el pasodoble demostró manejo retórico y sensibilidad, y la música volvió a certificar identidad.
La tanda de cuplés fue el bloque de mayor contraste crítico. El primero, sobre una barbacoa vegana, partió de una construcción aparentemente cotidiana que derivó en un remate inesperado apoyado en juego lingüístico. El segundo, protagonizado por Amparo y su doble vida laboral, construyó un remate más sólido y de mayor pegada. Para unos analistas, la tanda fue irregular, con mejor segundo que primero; para otros, ambos funcionaron en ritmo y remate y demostraron inteligencia en el humor. En cualquier caso, el grupo volvió a exhibir gusto por el gag agarrado al tipo, sin gratuidad y sin depender de actualidad efímera.
El popurrí fue el bloque más divisivo de la actuación. Estructurado en cuartetas muy cortas y rematadas por el chiste directo, la pieza apostó por concatenación de pamplinas dentro de una anarquía controlada. Hubo cuartetas que funcionaron en clave visual, otras en clave literaria y otras desde el puro absurdo. La cuarteta de la leprosa fue señalada como uno de los momentos más celebrados por el público en clave de humor grotesco. Para quienes analizan el Carnaval desde la eficacia humorística, el bloque tuvo ritmo, descaro y coherencia; para quienes priorizan factor visual y golpe, la pieza se quedó corta, perdiendo tensión humorística después de la mitad. Con reminiscencias de la escuela del Canijo, la apuesta confirmó personalidad propia, aunque condicionada por la velocidad del gag.
Desde lo musical, la chirigota confirmó lo que ya venía apuntando: interpretación limpia, segunda poderosa, afinación sin desajustes y soniquete reconocible. El tipo añadió valores en escena con el reciclaje de materiales, armaduras funcionales y un torreón que facilitó el juego metafórico. El humor se mantuvo agarrado al tipo, sin escapismos ni atajos, lo que aporta solidez en preliminares.
El balance deja a la chirigota Nos hemos venío arriba en el COAC 2026 como propuesta competitiva, con crecimiento sostenido y estilo ya consolidado. El pase fue irregular en fases —presentación fría y popurrí polarizante— pero notable en conjunto, con pasodobles solventes, cuplés bien construidos y un concepto que se defiende con ingenio. No es casualidad: el proyecto sigue madurando y ya compite con fundamento.





















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