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La comparsa “El Desguace” en el COAC 2026 apuesta por un giro estilístico con un pase denso y literario

La comparsa gaditana “El Desguace” debutó en preliminares del COAC 2026 con un repertorio ambicioso en lo literario y político, marcado por un nuevo enfoque musical y una interpretación aún fría que dejó margen para crecer

La comparsa “El Desguace”, procedente de Cádiz y firmada por Miguel Ángel García Argüez y Raúl Cabrera, protagonizó uno de los pases más comentados de la primera noche de preliminares del COAC 2026 en el Gran Teatro Falla. Tras su final de 2025 con La tribu, el grupo encaraba el concurso con una visible búsqueda de giro estilístico, especialmente en la interpretación y en la construcción musical de los pasodobles, a los que incorporó un trío más sobrio y diferenciador. El resultado fue un repertorio ambicioso, literario y conceptual, aunque aún frío en escena y con margen de ajuste en el desarrollo del popurrí.

El tipo presentó una alegoría de Cádiz como ciudad desguazada: chatarreros que recogen y catalogan los restos de una urbe con tres mil años de historia convertida en chatarra. La puesta en escena fue apreciada por su detalle: chaquetones reconstruidos con retales, tejidos marineros y el pendón de la ciudad remendado como símbolo del patrimonio deteriorado. El concepto, sólido y reconocible, funcionó desde la presentación, que expuso la caducidad, oxidación y despiece como claves dramáticas del repertorio.

La presentación mostró una alta densidad literaria, con un arranque casi recital y referencias históricas y urbanas que exigieron atención al oyente. Hubo fuerza estética y un tono más serio y grave respecto a etapas anteriores del grupo. La interpretación, sin embargo, se percibió algo atropellada, con poca pausa para que la palabra respirara, lo que dificultó la recepción de algunos pasajes. Aun así, fue un inicio coherente con el concepto.

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El primer pasodoble se dirigió al propio Concurso. Desde la ironía de los “doctrinarios” que dictan sentencias sobre lo que debe ser el Carnaval, la letra enumeró críticas habituales —decadencia, pérdida de gracia, mercantilización, prensa interesada o afición narcisista— para concluir que, pese a las miserias, el amor por el Falla puede más que el desencanto. Fue un texto muy trabajado, con riqueza interna, rimas bien encajadas y un remate** sentimental contenido**. Musicalmente, el pasodoble confirmó el giro buscado: menos épica, más sobriedad y un trío que aportó brillo.

El segundo pasodoble elevó la carga política y social. La letra denunció múltiples casos de corrupción y privilegio judicial, para rematar con una comparación local: mientras corruptos e intermediarios quedan impunes, los trabajadores del metal fueron condenados tras la huelga del sector. El contenido generó una ovación clara, documentada por los locutores durante la retransmisión, que contextualizaron la acogida del texto en el patio de butacas. Fue un pasodoble de autor reconocible, ideológico, directo y con un remate local que reforzó la tesis.

Los cuplés fueron irregulares. El primero aprovechó la presencia de Andy Morales, integrante de la comparsa, para jugar con su excompañero Lucas y un gag sobre terapia de pareja. Fue el cuplé más eficaz de la tanda. El segundo —sobre tutoriales y alargamiento de pestañas— resultó simpático pero menos efectivo. El estribillo, que enumeró la genealogía reciente de las comparsas de Chapa y Cabrera, funcionó como guiño generacional, recordando la secuencia Renacidos – Esclavos – Colgados – Tribu.

El popurrí condensó virtudes y limitaciones del pase. Hubo momentos de gran belleza literaria —especialmente en los bloques sobre transmisión familiar del compás, decadencia urbana y relevo generacional—, pero también reaparecieron lugares comunes del autor y cierta falta de concreción crítica en el desarrollo del propio concepto del “desguace”. La estructura tendió a abrir múltiples frentes sin cerrarlos del todo, lo que restó claridad dramática. Musicalmente, Raúl Cabrera mantuvo un nivel alto, pero la interpretación quedó fría, con poca emoción sostenida y menos garra que en etapas previas.

El balance interpretativo fue uno de los puntos señalados por la crítica especializada posterior: se apreció rigor, afinación y corrección técnica, pero también falta de pausa, de enjundia emocional y de explosión controlada, elementos que en la modalidad resultan decisivos. El grupo pareció más cómodo en el discurso que en la transmisión.

El balance general deja una comparsa ambiciosa, culta y políticamente marcada, con un concepto sólido y un intento real de renovación musical, pero aún a medio camino en la escena. Es un proyecto con potencial evidente para crecer en cuartos, donde el grupo suele asentarse mejor, pero que deberá ajustar calidez interpretativa y respiración dramática si quiere pelear más arriba.




















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