La comparsa ‘La condená’ emociona en el Falla con una metáfora andaluza de deriva y resistencia
La comparsa de Chiclana estrenó ‘La condená’, una propuesta marina y simbólica con fuerte carga social y el regreso escénico de Antonio García ‘el Alemania’, asentada en una reivindicación andaluza y en críticas a la política y a la sanidad pública.
La comparsa ‘La condená’, procedente de Chiclana, compareció en el Gran Teatro Falla con un tipo marinero en el que una barca a la deriva opera como metáfora de una Andalucía condenada a navegar sin rumbo. La obra cuenta con letra de Patricia Andrés y música de Tomás García, bajo la dirección de Antonio José de la Llave. El pase supuso, además, el regreso como componente de Antonio García ‘el Alemania’ después de casi cuatro décadas alejado de la modalidad.
La presentación articuló la clave conceptual del repertorio: una barca que no controla su destino, afectada por una marea que arrastra y golpea, mientras el personaje protagonista trata de llegar a un destino incierto. La metáfora se amplió a problemas sociales como las listas de espera sanitarias, la fuga de población, la precariedad educativa o la falta de oportunidades para la juventud. En escena, los componentes lucieron grilletes en muñecas y tobillos, junto a un fajín donde destacaba el escudo andaluz. La vela ondulaba como bandera ajada. El elemento simbólico reforzó un discurso andalucista que conectó con la tradición reivindicativa de finales de los años 70 y 80.
El primer pasodoble desarrolló abiertamente esa línea política. La autora cuestionó la falta de poder decisorio de Andalucía, estableció comparaciones con Cataluña, Navarra y Euskadi y apeló a la necesidad de un voto propio capaz de transformar la realidad social. La música trazó un trío emotivo sostenido por la voz del Alemania, cuyo sello interpretativo aportó profundidad dramática al conjunto. La escena se impregnó de un sentimiento de pertenencia que enlazó con la iconografía verde y blanca de la puesta en escena.
El segundo pasodoble trasladó el foco hacia la sanidad pública, enumerando los nombres propios de mujeres afectadas por errores en los cribados de cáncer de mama. La letra responsabilizó a la administración sanitaria y apuntó directamente al Gobierno andaluz. La estructura buscó incomodar desde la repetición de nombres que, al ser enumerados uno tras otro, funcionaron como mecanismo de denuncia. La recepción en el teatro se percibió contenida en el inicio y más emocional en el remate.
Los cuplés transitaron por registros más livianos, aunque con menor efecto. El primero se centró en el libro sobre el Rey Emérito, desmenuzado desde la ironía. El segundo se apoyó en una anécdota sobre máquinas de peluquería y cortes degradados. Ambos coincidieron en un estribillo que devolvió la barca al terreno del compromiso: “Por amor a cada rincón desde Andalucía sigo remando”. El contraste entre lo humorístico y lo épico no siempre terminó de soldar, aunque no rompió la coherencia temática.
El popurrí recuperó el tono grave del inicio para ampliar la metáfora de Andalucía como embarcación frágil en un mar adverso. El texto enumeró problemas como salarios insuficientes, privatización de servicios públicos, desprotección social, precariedad laboral y dificultad para acceder a una vivienda. La música insistió en un modelo lírico sostenido, sin giros efectistas, priorizando la interpretación sobre el lucimiento melódico. La comparsa se mantuvo sólida en la afinación y en la proyección vocal, aunque con picos de intensidad que rozaron el exceso en momentos puntuales.
La comparecencia dejó la sensación de una propuesta consciente de su discurso y de su iconografía. El regreso del Alemania aportó un componente emocional y reforzó el vínculo intergeneracional del repertorio. La dirección escénica acentuó la elegancia del conjunto y la comparsa exhibió capacidad para transmitir emoción desde la contención dramática y el sentido reivindicativo.
Como resultado, ‘La condená’ firmó un pase notable, simbólico y políticamente nítido, que sitúa a la comparsa en posiciones competitivas dentro de su estilo. La opción elegida —más fondo que ornamento— apostó por la densidad temática y por un andalucismo crítico de raíz popular. La impresión final fue la de un grupo cohesionado, con sensibilidad en la escritura y con lectura social de amplio espectro.






















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