‘La purga: Los que no pasan’ firma un pase irregular pero con buen fondo crítico y un popurrí que levanta a la chirigota de Sofri en el COAC 2026
La agrupación conileña jugó con el tipo de inspectores de ITV para reivindicar sello propio, humor político y crítica al andalucismo, aunque la falta de carcajada en la parte central lastra opciones competitivas en una modalidad que premia el golpe
La chirigota ‘La purga: Los que no pasan’, procedente de Conil y conocida por la firma de José Manuel Ramírez ‘Sofri’, volvió al Gran Teatro Falla con una propuesta que mezcló el imaginario de las estaciones de ITV con la iconografía de la saga cinematográfica “The Purge”. El resultado generó un código humorístico peculiar: inspectores que “no dejan pasar” vehículos ni agrupaciones, en referencia al propio historial del grupo en el concurso.
La presentación planteó el tipo desde la inspección técnica, con babuchazos, cámaras, matrículas ficticias y referencias a certificados, revisiones y multas. La idea fue comprensible pero tardó en expandirse dramatúrgicamente, algo habitual en esta agrupación, que suele crecer durante el repertorio. La estética, apoyada en caretas iluminadas y ambientación nocturna, sumó al chiste visual, aunque la primera escena quedó más descriptiva que humorística.
El primer pasodoble sorprendió positivamente por su carga emocional y su giro final. El texto comenzó con un piropo a Cádiz y una enunciación clásica del barrio y la fiesta, para derivar hacia una reivindicación concreta: la petición explícita de una pregonera, con nombres y apellidos, en el futuro Carnaval. La letra apeló a oficio, trayectoria y representación femenina con una sensibilidad poco habitual en la chirigota satírica. Fue, junto al popurrí, el tramo más sólido del repertorio.
El segundo pasodoble se movió al terreno político con claridad y contundencia. La letra arremetió contra el “andalucismo oportunista”, acusándolo de articularse como estrategia electoral y de repartirse alcaldías mediante pactos contra natura. La comparación con herederos de Pacheco y el remate sobre traiciones ideológicas conectaron con la tradición crítica del carnaval político. El mensaje fue directo, sin eufemismo y sin buscar medias tintas, dentro de un año en el que la política está presente pero no siempre desde este ángulo.
La tanda de cuplés volvió a la estructura típica del Sofri: doblete de asuntos sin conexión temática pero con ritmo en remate. Hubo guiños a Leonor desde el buque-escuela de la Armada, chistes laborales, una escena navideña en clave de humor blanco y un remate autoirónico sobre babuchazos. La risa no llegó a carcajada, pero el mecanismo funcionó por acumulación. El estribillo, basado en indicaciones de ITV, entró bien en sala y permitió un formato participativo que ayudó al clima general.
El popurrí fue el tramo que mejor ensambló el tipo, la crítica y el humor. La chirigota entró en una sucesión de escenas que llevaron la ITV a múltiples ámbitos: coches tuneados, vehículos cofrades, furgonetas de reparto, camperización, narcotráfico, hostelería y conducción eclesial. La aparición de referencias como “Carglas”, “Macarena”, “Carrero” y “Tesla” generó contraste entre actualidad y cultura popular. El cierre, con una lectura delirante del sueño de vehículos voladores, dejó el tramo más aplaudido del pase.
En lo musical, la chirigota fue correcta, con afinación estable y ritmo suficiente para sostener la escena, aunque sin momentos brillantes. El pasodoble, de corte funcional, favoreció la comprensión del texto. Los cuplés crecieron gracias a la dirección escénica y no tanto por la música. El popurrí, más trabajado, equilibró voces y permitió mayor soltura en interpretación.
Competitivamente, la propuesta se situó en el bloque medio de la modalidad: suficiente para dejar buena sensación en preliminares pero sin generar la temperatura necesaria para aspirar a niveles altos. En un COAC donde la chirigota está premiando el riesgo, la maldad o la sorpresa, la apuesta del Sofri se movió más en la ironía y el criterio que en la carcajada, una estrategia que puede penalizar en jurado.
La lectura global fue la de un grupo que defiende sello y visión propios, que no compite desde la risa fácil y que busca el humor desde el comentario social y político. La pregunta, como siempre con esta chirigota, es si la ortodoxia del Falla premiará esa línea o volverá a dejarla “fuera de la purga”. El pase dejó abierta la puerta a cuartos, aunque con margen estrecho.





















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