Los Alcornocales concentra proyectos contra el cambio climático y la pérdida de actividad forestal
Los proyectos contra el cambio climático en Los Alcornocales abarcan la captura de CO₂, la prevención de incendios, la erosión del río Barbate y nuevos usos para el corcho y el quejigo

El Parque Natural Los Alcornocales participa en varios proyectos científicos y forestales destinados a estudiar la adaptación de los ecosistemas mediterráneos al cambio climático y mantener los aprovechamientos económicos vinculados al monte. Los proyectos contra el cambio climático en Los Alcornocales incluyen actuaciones sobre fijación de carbono, incendios de gran intensidad, erosión, formación de corcheros y posibles usos de la madera de quejigo.
La Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente desarrolla estas iniciativas junto a universidades, centros de investigación y entidades españolas y europeas. Los trabajos tienen como ámbito un espacio protegido de más de 168.000 hectáreas situado junto al Estrecho de Gibraltar, con bosques de alcornoques y quejigos condicionados por la alternancia de los vientos de levante y poniente.
Una de las principales líneas es el proyecto LIFE CO2RK, que pretende establecer un marco legal para proyectos de compensación de emisiones de dióxido de carbono a través del Sistema Andaluz de Compensación de Emisiones. La iniciativa, liderada por la Junta con socios tecnológicos andaluces y colaboradores de Portugal e Italia, plantea que empresas financien actuaciones forestales en alcornocales para compensar parte de sus emisiones.
Estas intervenciones de selvicultura del carbono persiguen aumentar la capacidad de fijación de CO₂ de los montes y mejorar su conservación. La Consejería también vincula el proyecto al mantenimiento del descorche, una actividad tradicional que requiere personal especializado y que forma parte de la economía de las poblaciones cercanas al parque.
La formación de trabajadores se desarrolla mediante la denominada escuela de corcheros y el proyecto FUTURECORK, coordinado desde Cataluña. Durante 2025, más de 120 corcheros superaron pruebas de aptitud y también se acreditaron formadores capacitados para evaluar a nuevos profesionales.
En 2026 se trabaja en la creación de un centro acreditado de formación con la participación de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de Andalucía, centros de Formación Profesional forestal de Cádiz y Sierra Morena, la Asociación de Corcheros de Andalucía y la finca pública La Almoraima. La finalidad es facilitar la incorporación de trabajadores y el relevo generacional en el oficio.
Otra de las investigaciones estudia posibles usos de mayor valor económico para la madera del quejigo o roble andaluz, cuyo aprovechamiento quedó reducido principalmente a leña después de perder peso durante el siglo XIX. En 2025 comenzaron talleres de gestión de quejigales para analizar cómo obtener madera de calidad de los árboles presentes en el parque.
La Universidad Pablo de Olavide y un aserradero de Navarra participan en ensayos sobre la idoneidad de esta madera para fabricar barricas, una actividad relacionada con la industria vitivinícola del Marco de Jerez. El proyecto requiere aplicar una gestión forestal orientada a mejorar progresivamente la calidad de la madera, que también podría destinarse a elementos estructurales para la construcción.
El quejigo de Los Alcornocales ha sido seleccionado además por la administración forestal de Alsacia para una experiencia de adaptación de sus bosques al cambio climático. El proyecto francés estudia esta especie como posible alternativa ante el retroceso futuro de otros robles. Durante dos campañas se han recogido bellotas en el parque para trasladarlas a viveros de Francia, donde serán cultivadas antes de una posible plantación en el medio natural.
Los Alcornocales se incorporó en 2026 al proyecto europeo RIVER REST, centrado en analizar los procesos de erosión en la cuenca del río Barbate. Los estudios evaluarán cómo el arrastre de materiales puede contribuir al aterramiento de embalses como el del Barbate y reducir su capacidad de almacenamiento de agua.
La prevención de grandes incendios constituye otra línea de investigación. La Consejería participa con entidades de Andalucía, Portugal y Castilla y León en el proyecto REFLORESTA, que analiza qué modelos de gestión forestal pueden reducir la virulencia de los denominados incendios de sexta generación.
El mosaico de usos del suelo y la actividad asociada al monte han favorecido históricamente en el parque la aparición de incendios recurrentes, pero de baja intensidad, según la información difundida por la Consejería. Los investigadores utilizarán este entorno para estudiar técnicas de prevención y gestión que posteriormente puedan aplicarse en otras zonas de la península ibérica.
El parque también ha sido propuesto como uno de los cinco laboratorios vivos europeos del proyecto FARCLIMATE, impulsado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza en el ámbito forestal. Esta figura busca coordinar la investigación científica, la gestión del territorio y los aprovechamientos tradicionales para ensayar medidas de adaptación climática.
La Universidad de Cádiz participa, por su parte, en el diseño de estaciones meteorológicas con medidores de niebla. Los equipos permitirán estudiar el régimen de humedad que favorece la presencia de bosques de laurisilva en las zonas más meridionales del espacio protegido.
También se están colocando contadores en distintos senderos con la colaboración de la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar y dentro de su Plan de Sostenibilidad Turística. Los dispositivos servirán para medir el paso de visitantes y organizar las labores de mantenimiento, limpieza y conservación de los itinerarios.

