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‘Los amísh del mono’ profundiza en su relato en cuartos del COAC 2026 sin terminar de romper en lo competitivo

La chirigota de Alejandro Pérez Sánchez apuesta en el Gran Teatro Falla por una propuesta narrativa y de autor, coherente y valiente, que prioriza el discurso y la historia frente al golpe humorístico en su segundo pase del COAC 2026

La chirigota gaditana ‘Los amísh del mono, fuimos piononos: la decepción’ regresó al Gran Teatro Falla para afrontar su pase de cuartos de final del COAC 2026 manteniendo intacta la línea marcada en preliminares. La agrupación, con autoría completa de Alejandro Pérez Sánchez, volvió a desarrollar un repertorio profundamente narrativo, centrado en el viaje vital y simbólico de una familia amish que abandona su comunidad en Wisconsin para descubrir el mundo moderno, en un segundo capítulo que refuerza la coherencia del proyecto, aunque sin lograr un salto claro en impacto competitivo.

El tipo continúa el relato iniciado en el estreno, situando ahora a los amish en una etapa intermedia del viaje, con referencias a su paso por Jerez y su objetivo final de llegar a Cádiz y conquistar el Falla. La escenografía evoluciona con elementos como el autobús del “tour”, los carteles de carretera y las balizas que acompañan al caballo, integrándose de forma natural en la historia. Todo está al servicio del relato, que actúa como columna vertebral de la actuación y condiciona tanto el ritmo como el tono general del repertorio.

La presentación se actualiza respecto al primer pase, incorporando referencias al temporal y a la travesía, con golpes bien encajados dentro de la narración. Funciona más como introducción argumental que como arranque humorístico, marcando desde el principio un tono serio y reflexivo que se mantiene durante buena parte de la actuación. El público entiende el planteamiento, pero la entrada no busca ni encuentra un impacto inmediato desde la risa.

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En los pasodobles, la chirigota muestra con claridad su vocación de autor. El primero aborda de forma directa la denuncia del tratamiento del franquismo y de la memoria histórica en los libros de texto, defendiendo el pensamiento crítico frente al relato impuesto. La letra es valiente y el mensaje está bien definido, con referencias explícitas a la represión y a la censura sufrida por el Carnaval. Sin embargo, la excesiva longitud del pasodoble y un desarrollo muy denso terminan diluyendo el impacto, haciendo que la copla pierda fuerza conforme avanza.

El segundo pasodoble opta por un registro aún más introspectivo y emocional. La letra plantea un encuentro simbólico con la muerte para acabar convirtiéndose en un alegato a favor de la vida, de vivir sin miedo y de valorar cada momento. La intención es loable y el texto está cargado de sensibilidad personal, pero la solemnidad del planteamiento y el tono casi confesional dejan poco margen para la emoción colectiva, resultando una copla más reflexiva que comunicativa dentro de una modalidad eminentemente humorística.

En el bloque de cuplés, la chirigota baja varios escalones en eficacia. El primero, centrado en el aprendizaje de conductas modernas como el baile o el uso del sensor de luz del baño, funciona de manera correcta sin llegar a destacar. El segundo recurre a un humor más escatológico, con un remate grueso que desentona con el tono general del repertorio y se percibe más como un recurso fácil que como un golpe de ingenio bien construido.

El estribillo cumple su función estructural dentro del repertorio, pero no genera arrastre ni se convierte en un elemento memorable. Se integra en la narración, reforzando el carácter de historia continua, aunque sin aportar un impulso claro a la actuación.

El popurrí es uno de los bloques más trabajados y renovados respecto a preliminares. Cambia cuartetas y continúa el viaje de los amish a través de distintos escenarios, manteniendo la coherencia interna y un buen ritmo narrativo. El interés se sostiene gracias al relato y a la interpretación, pero la ausencia de remates claros y de golpes contundentes impide que el tramo final termine de despegar emocionalmente.

A nivel interpretativo, el grupo ofrece un rendimiento sólido y seguro. La ejecución está por encima del efecto, con una interpretación comprometida, bien ensayada y creíble, que refuerza la personalidad del proyecto. Se nota el dominio del escenario y la claridad en la intención, aunque esa solvencia no siempre se traduce en conexión explosiva con el público.

El pase de ‘Los amísh del mono’ en los cuartos del COAC 2026 confirma una chirigota valiente, diferenciada y fiel a su idea. Mantiene el interés y la coherencia del estreno, pero no logra crecer en términos de impacto ni de humor efectivo. Una propuesta más reflexiva que festiva, que invita a aplaudir el riesgo creativo y la personalidad autoral, aunque deja dudas en lo estrictamente competitivo dentro de una fase donde la exigencia es máxima.

















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