Los conflictos sociales en las ciudades en tiempos de los Austrias

La conflictividad social en las ciudades españolas en tiempos de los Austrias se dirigió fundamentalmente contra las medidas que las autoridades adoptaban en contra de la tradición o la costumbre, por lo que no derivaban en un cuestionamiento del orden establecido con propuestas de un orden alternativo, sino en la necesidad de volver a la situación previa a la alteración. En este sentido la motivación fiscal fue la más importante hasta mediados del siglo XVII, aunque no con el protagonismo que se puede comprobar en la Francia de la época donde la presión fiscal de la Monarquía generó no pocos conflictos, especialmente relacionados con la gabela, el impuesto de la sal. En la Castilla de Felipe II se pueden citar las alteraciones que se produjeron en 1591 cuando se aprobó el impuesto de los Millones, y que fueron acompañadas después por las protestas de no pocos procuradores en las Cortes que representaban a las ciudades que tenían derecho al voto en las mismas. En el reinado de Felipe IV estallaron motines por los impuestos nuevos sobre el vino en zonas de La Rioja, Palencia y La Mancha. En Vizcaya se produjo el más importante conflicto de tipo fiscal, el motín de la sal del año 1632, provocado por el establecimiento del estanco de la sal en un territorio que tenía privilegios por su régimen foral. La principal consecuencia fue que subió el precio de la sal, provocando la protesta de la Junta General que se vio empujada por el clamor popular. El conflicto duró dos años y adquirió connotaciones políticas, por lo que fue uno de los más importantes que se dieron en la Monarquía Hispánica de los Austrias.

A partir de esa segunda mitad del siglo XVII, sin que desapareciera la causa fiscal, primaría más la cuestión del encarecimiento del pan y de otros productos básicos, motivación que sería la más destacada posteriormente en el siglo XVIII. En 1647, Andalucía comenzó a arder por la carestía del precio del pan que escaseaba por una sucesión de malas cosechas. Los motines de este tipo estallaban en las economías preindustriales como consecuencia de las periódicas crisis de subsistencia. La estructura de la propiedad y el consiguiente atraso tecnológico unido a los problemas derivados de la meteorología producían escasos rendimientos y frecuentes caídas de la producción. Por consiguiente, el trigo escaseaba y el pan se encarecía. Las agitaciones andaluzas que duraron varios años se complicaron por la creciente presión fiscal derivada de las necesidades financieras de la Monarquía provocadas por la Guerra de los Treinta Años y por la continuación de la guerra con Francia, y con el aumento de las levas militares. Además aparecieron otros factores que agudizaron la tensión en Andalucía: la peste, las devaluaciones monetarias que subieron más los precios y la evidente decadencia artesanal y comercial de toda la zona, especialmente de la otrora deslumbrante Sevilla.

En el reinado de Carlos II, el elevado precio del pan volvió a subir de forma clara, por lo que, junto con un aumento de la miseria, estallaron motines en Madrid, Toledo y Valladolid.

Otras causas que generaron motines, y que podían cruzarse con las anteriores, tuvieron que ver contra el monopolio o abuso de poder de los gobernantes y las élites locales y hasta con la presencia de extranjeros en esos resortes del poder. No fueron muy frecuentes pero sí hay algunos casos que se pueden citar, como los acontecidos en la segunda mitad del siglo XVII en Tudela, Calahorra, Sitges y Úbeda.

Casi todos los motines en la España del Antiguo Régimen fueron muy espontáneos, aislados y locales, lo que facilitó su fácil represión. Hubo excepciones, como las agitaciones que hemos estudiado en la Andalucía de mediados del siglo XVII, y después en el siglo XVIII con los motines de 1766.

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