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Más típico no lo hay reivindica la comparsa clásica desde la cantera en el COAC 2026

La comparsa gaditana Más típico no lo hay abre una sesión del COAC 2026 de cantera con una propuesta ambientada en una peña carnavalesca, apoyada en el compás tradicional, la memoria del Carnaval y un repertorio que combina evocación, crítica social y mirada generacional

La comparsa juvenil Más típico no lo hay, procedente de Cádiz, participó en el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas 2026 dentro de una sesión dedicada a la cantera, con una propuesta escénica que miró de frente a la tradición comparsista. La actuación se desarrolló a partir de un tipo ambientado en una antigua peña carnavalesca, recreando aquellos espacios donde el Carnaval se cantaba sin prisas, en torno a un bar y a la convivencia vecinal.

Desde el inicio, la escenografía situó la acción en varios planos, con un decorado que evocaba un local clásico de Cádiz, punto de encuentro para aficionados y autores. La presentación se construyó como una escena cotidiana entre personajes veteranos, con diálogo previo al cante que sirvió para introducir el tono general del repertorio. A partir de ahí, la comparsa se presentó apelando a la esencia del Carnaval, al canto contenido y al compás tradicional, reivindicando una forma de interpretar asociada a la escuela clásica.

Musicalmente, el grupo apostó por el compás de tres por cuatro y por un desarrollo melódico pausado, sin alardes ni cambios bruscos, buscando un sonido reconocible y coherente con el tipo. La afinación y el empaste sostuvieron una interpretación que priorizó el conjunto sobre el lucimiento individual, reforzando la idea de comparsa como bloque coral. La dirección de Gala Gamaza Roca se dejó notar en la colocación y en el control del ritmo escénico.

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El primer pasodoble estuvo dedicado a Cádiz, construyendo un retrato de la ciudad desde la mirada del tiempo y la memoria. La letra abordó el paso de los años, la fragilidad y la fortaleza de la ciudad, con imágenes ligadas a sus calles, su gente y su historia. El enfoque evitó el discurso grandilocuente para centrarse en una relación afectiva y cercana, expresada desde la voz de quien ha visto cambiar el entorno sin perder el vínculo emocional.

El segundo pasodoble introdujo una temática social al situarse en la piel de personas mayores que viven en residencias y experimentan la soledad y el abandono. La letra se construyó desde la empatía, describiendo sentimientos de desarraigo y espera, sin recurrir al dramatismo explícito. El tipo, con su estética añeja, reforzó ese punto de vista, permitiendo que el mensaje se integrara de forma natural en la propuesta escénica.

El tercer pasodoble abordó el acoso escolar desde la voz de una madre que se enfrenta a la ausencia de su hija, utilizando el espacio vacío de una habitación como símbolo del dolor y la pérdida. El tratamiento del tema se realizó con un tono contenido y respetuoso, centrado en las consecuencias emocionales y familiares, sin recrearse en el impacto ni recurrir a recursos efectistas. La interpretación mantuvo la coherencia con el resto del repertorio, subrayando la capacidad de la cantera para abordar cuestiones complejas desde una mirada formativa.

La tanda de cuplés aportó un cambio de registro hacia lo cotidiano y lo humorístico. El primero jugó con la expectativa generada en torno a un fichaje del Cádiz CF, resuelto desde el contraste entre la ilusión y la sorpresa. El segundo se centró en los gustos musicales de las nuevas generaciones, planteando el choque entre referencias actuales y el imaginario musical de quienes crecieron con otros estilos. Ambos cuplés mantuvieron un tono reconocible y ligero, encajado en el tipo.

El popurrí amplió el discurso de la comparsa hacia una reflexión sobre la evolución del Carnaval, la masificación, los cambios en las formas de cantar y la convivencia entre tradición y modernidad. La sucesión de escenas y comentarios se articuló como una conversación entre personajes veteranos que observan el presente con distancia crítica, sin negar el valor de la fiesta actual. El cierre recuperó el tono evocador, despidiéndose desde la peña y reafirmando el vínculo con el Carnaval como espacio compartido.

Más típico no lo hay, con letra de Abel Gamaza González y Salvador Quintero Murga, música de Abel Gamaza, Rafael Pastrana Guillén y Salvador Quintero Murga, regresó al concurso tras no participar en 2025 con una propuesta que apostó por la identidad comparsista clásica dentro de la cantera. Su actuación dejó una lectura sobre la memoria, el compromiso social y el valor del canto pausado como forma de entender el Carnaval desde edades tempranas.


















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