Un pediatra del Campo de Gibraltar aconseja despedidas breves durante la adaptación a la escuela infantil
La adaptación a la escuela infantil puede provocar llanto, cambios en la alimentación y más infecciones; las familias deben vigilar si las alteraciones son intensas o persistentes

El inicio de la escuela infantil para miles de niños de cero a tres años abre un periodo de adaptación en el que son frecuentes el llanto, la inseguridad y algunos cambios en las rutinas. El jefe de Pediatría del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar, José Luis Díaz, recomienda que las familias afronten la separación con tranquilidad, mantengan una comunicación fluida con los educadores y presten atención a posibles señales de alarma en el desarrollo o el comportamiento.
El pediatra explica que el llanto durante los primeros días puede considerarse una reacción lógica ante la separación temporal de las figuras adultas de referencia. Los menores entran en un espacio desconocido, conocen a nuevas personas y se enfrentan a horarios y rutinas diferentes a los habituales.
Para facilitar la adaptación a la escuela infantil, Díaz aconseja que la despedida sea “breve, afectuosa y clara”. Los padres deben comunicar al niño que se marchan y que regresarán para recogerlo, evitando tanto prolongar el momento como abandonar el centro a escondidas para impedir que llore.
El especialista subraya que los niños perciben la ansiedad de sus progenitores, por lo que una separación vivida con angustia por los adultos puede trasladarles esa misma sensación. La duración de este proceso varía en función de cada menor y no todos se acostumbran al nuevo entorno al mismo ritmo.
También recomienda evitar mensajes contradictorios, convertir cada entrada al centro en un momento especialmente dramático o preguntar de manera reiterada al niño si ha llorado o se ha encontrado mal. Como alternativa, plantea interesarse de forma positiva por su jornada y reforzar los avances que vaya realizando durante este periodo.
La coordinación con los educadores constituye otro de los elementos señalados por el jefe de Pediatría. Las familias pueden facilitar información sobre las rutinas de sueño del niño, las situaciones que le tranquilizan y su manera habitual de reaccionar ante experiencias nuevas, de modo que el personal del centro pueda conocer mejor sus necesidades.
La incorporación a la escuela también permite a los menores compartir espacios, imitar conductas, esperar turnos, expresar emociones y afrontar pequeños conflictos cotidianos, según expone Díaz. Estas experiencias contribuyen, a juicio del facultativo, a su desarrollo social y emocional dentro de un entorno de convivencia.
El pediatra aconseja solicitar una valoración profesional si aparecen una pérdida de habilidades ya adquiridas, regresión o ausencia del lenguaje, respuesta muy limitada hacia otras personas, escaso contacto social o dificultades importantes y persistentes para comunicarse. También deben observarse las conductas que llamen especialmente la atención por su intensidad o rigidez.
Otros signos que pueden justificar una consulta son los cambios relevantes y mantenidos en el comportamiento después de comenzar la escuela infantil. Entre ellos se encuentran alteraciones marcadas del sueño o la alimentación, un miedo intenso que no disminuye con el paso del tiempo o un malestar que interfiera de manera clara en la vida cotidiana del menor.
La negativa a comer también puede aparecer durante la adaptación porque el niño esté nervioso, cansado o todavía no se sienta cómodo en el nuevo espacio. Díaz desaconseja obligarle a comer y plantea ofrecerle los alimentos de forma adecuada, respetar sus señales de hambre y saciedad y darle tiempo para acostumbrarse a hacerlo fuera de casa.
El rechazo de la comida requiere atención pediátrica cuando se prolonga, resulta muy selectivo o está acompañado por pérdida de peso, problemas de crecimiento, vómitos, atragantamientos u otros síntomas. En esos casos, el especialista recomienda trasladar la situación al pediatra.
La asistencia a la escuela infantil suele coincidir además con un aumento de las infecciones respiratorias y gastrointestinales, debido a la exposición a diferentes virus. Díaz señala que esta circunstancia forma parte de lo esperable en esta etapa y no implica necesariamente que el niño tenga un problema en sus defensas.
Para reducir los contagios, recomienda mantener una higiene adecuada de manos, ventilar los espacios y limpiar superficies y juguetes. También considera fundamental que el menor permanezca en casa cuando presente una enfermedad contagiosa, con el fin de evitar su transmisión en el centro.

